En
las discusiones de grupo y en las comisiones no han faltado a veces puntos de
vista diversos y acentuaciones diferentes, signo de libertad y franqueza, pero
todos nos hemos encontrado plenamente unidos en las cuestiones substanciales.
Además todos nos hemos sentido animados por el mismo amor a Cristo, a la Iglesia
y a los pueblos de América Latina y del Caribe. Esta
V Conferencia ha sido vivaz, creativa y profundamente comprometida en el bien
de América Latina; ha sido consciente de las dificultades y de los gigantescos
desafíos de nuestro tiempo, pero a la vez ha estado orientada constantemente hacia
la esperanza y al ardor misionero frente al futuro. En
el momento de caer el telón de esta Quinta Conferencia, el sentimiento que llena
el corazón es el de reconocimeinto y gratitud. Queremos dar gracias a Dios, Padre,
Hijo y Espíritu Santo, por estas jornadas tan hermosas, felices y fecundas. Renovamos
la expresión de nuestra gratitud al Santo Padre por haber venido a inaugurar esta
Conferencia y por el iluminador discurso de apertura, que nos ha servido como
pauta de orientación y motivo de sostén y aliento. En
nombre también de los otros dos Presidentes, agradezco a los dos Secretarios,
Mons. Andrés Stanovnik y Mons. Odilo Scherer, por el admirable trabajo llevado
a cabo con sabiduría e incansable empeño. Agradezco también a los subsecretarios,
a todos los que han colaborado al éxito de la Conferencia y a cuantos han trabajado
en su preparación. De un modo especial agradezco al CELAM y a todo su equipo,
incluyendo a todo el personal técnico y de servicio. Un
pensamiento especial de gratitud al Arzobispo de Aparecida, Mons. Raymundo Damasceno,
por el ingente esfuerzo en la preparación de las estructuras en que la V Conferencia
se ha desarrollado, al lado de este hemoso Santuario de Aparecida; a los queridos
y abnegados Padres Redentoristas y a cuantos han colaborado. Agradezco también
al pueblo y a la Ciudad de Aparecida. Una
especial acción de gracias también a los Observadores que nos han acompañado:
ha sido muy grata su presencia; presencia y participación que nos comprometen
aún más en favor de un verdadero ecumenismo. Y
un agradecimiento especial a cuantos nos han acompañado con sus oraciones y sacrificios,
desde todos los países de América y de otras latitudes durante la V Conferencia.
Al
partir de Aparecida todos llevaremos recuerdos muy bellos. Entre ellos, el recuerdo
de haber vivido estos días siendo “cor unum et anima una” (Hch 4,32). |