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Jornada por la Vida es ocasión para exhortar a todos los cristianos, llamados
a ser sal de la tierra y luz del mundo, y a los hombres y mujeres de buena voluntad,
a que se acojan al grande y maravilloso don de la vida ¿Que quiere decir
acoger la vida? Citando a San Agustín, el Papa Benedicto XVI nos ha recordado
que Dios, que nos ha creado sin nosotros, no ha querido salvarnos sin nosotros
y por lo tanto es precisó que todos los seres humanos cultiven la conciencia
de los dos aspectos, del don y de la tarea.
Renovémonos en
la conciencia de que todos hemos recibido la vida como un don de Dios, ningún
ser humano se ha dado a si mismo. Por ello, ante todo, elevamos desde lo hondo
del corazón nuestra acción de gracias a Dios por un don tan hermoso
de su amor.
Al mismo tiempo, asumamos la tarea que tal don implica. Protejamos
y defendamos la vida de los no nacidos desde su concepción hasta su nacimiento
saludable y a lo largo de sus vidas. Comprometámonos en el apoyo a la vida,
desde la concepción hasta su fin natural. Varias son las situaciones dolorosas
y dramáticas que vive nuestro prójimo, tantos hermanos nuestros
que están probados por el dolor y el sufrimiento, otros que viven bajo
la amenaza de la violencia, o que son agraviados en su dignidad en lo cotidiano.
Pensemos en los niños que son explotados o que den sus vidas truncadas
intencionalmente aun antes de haber nacido; en las mujeres que son victimas de
abusos y engaños o viven en abandono un embarazo envuelto de circunstancias
criticas; en los ancianos que son marginados y olvidados; en tantos peruanos que
viven en la extrema pobreza. Todos ellos están en espera de sus rescate
humano y social.
Pero nuestra diferencia no traerá las soluciones
; el que sepamos que la vida es un don y que debe ser respetada tampoco es suficiente
para realizar el cambio que anhelamos. Es necesario testimoniar con las obras
nuestro compromiso de apoyo a la vida.
¿Cada uno de nosotros ha
hecho lo suficiente? ¿Que he hecho de mi parte? Hay mucho por hacer para
que en nuestra Patria se abra paso la civilización del amor. Seamos conscientes
de la tarea que implica el don de la vida que hemos recibido. Con corazón
generoso asumamos hoy el compromiso en apoyo de la vida, lo que no pocas veces
significara entrar por la puerta estrecha y seguir el camino angosto, tomar el
prójimo sobre nuestros hombros, gastarnos y desgastarnos, negarnos a nosotros
mismos y tomar la cruz para seguir al Señor. ¡Es que lo que cada
uno de nosotros haga hoy, por pequeño que parezca, será el grano
de arena que marcará la diferencia.
Pidamos a santa Maria, madre
de Aquel que es la Vida, que interceda ante su Hijo, el Señor Jesus, para
que en nuestra patria crezca el respeto por el carácter sagrado de la vida
y aumente el numero de quienes contribuyan a realizar la civilización del
amor. | |