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Actualidad

 

. ....Ciclo “C”

....DOMINGO IV
...DE CUARESMA
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Josué 5, 9a. 10-12
Corintios 5, 17-21
Lucas 15,1-3. 11-32
Domingo, 14 de marzo de 2010

 
 
 

Hermanas y hermanos:
E
s una gran noticia la que nos da Pablo en este tiempo de Cuaresma, ya a las puertas de la Pascua: Dios nos concede siempre la oportunidad de la reconciliación. Todos necesitamos que Dios use esa misericordia con nosotros.

Será bueno que, en estas próximas semanas, aprovechemos el sacramento en que precisamente se nos concreta la gracia de esta reconciliación. Sigue teniendo sentido pleno lo de «confesar por Pascua». Es la mejor manera para entrar en la Pascua, dejarse comunicar la victoria que Cristo, en la cruz, conquistó contra el pecado y dejarse «juzgar» y perdonar por su misericordia. La oración nos hace decir: «reconcilias a los hombres contigo por tu Palabra hecha carne, para que asi puedan «celebrar las próximas fiestas pascuales».

Tendremos que imitar la actitud de conversión del hijo pródigo: «me pondré en camino adonde está mi padre y le diré: padre, he pecado contra el cielo y contra ti». Por encima de nuestro pecado, está la misericordia de Dios. Cuando el Catecismo describe, en un hermoso número, la historia del hijo pródigo, afirma que «el centro es el padre misericordioso»: CCE 1439.


Para Pablo, el que se deja reconciliar por Cristo «es una creatura nueva: lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado». Conversión y reconciliación significan, si es necesario, cambiar seriamente de dirección en nuestro estilo de vida. La Pascua quiere renovarnos en profundidad, asemejándonos más a Cristo, por ejemplo, en el programa de cambio que nos ofrece el prefacio, III de Cuaresma: «tú nos enseñas a reconocer y agradecer tus dones, a dominar nuestro afán de suficiencia y a repartir nuestros bienes con los necesitados, imitando asi tu generosidad».

José Aldazábal
 
  
 
Lectura del libro de Josué 5, 9a. 10-12

En aquellos días, el Señor dijo a Josué:
- «Hoy les he quitado de encima el oprobio que sufrieron en Egipto».
Los israelitas acamparon en Guilgal y celebraron la Pascua al atardecer del dia catorce del mes, en la llanura de Jericó,
Al día siguiente de la Pascua, ese mismo dia, comieron del fruto de la tierra: pan sin levadura y trigo tostado.
Cuando comenzaron a comer del fruto de la tierra, dejó de caer el maná. Los israelitas ya no tuvieron más el maná, sino que aquel año comieron de la cosecha de la tierra de Canaan.

Palabra de Dios.

 
  
 
Sal 33, 2-3. 4-5. 6-7
"Gusten y vean qué bueno es el Señor"


Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca: mi alma se gloria en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren.
Gusten y vean qué bueno es el Señor.
Proclamen conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre. Yo consulté al Señor, y me respondió, me libró de todas mis ansias.
Gusten y vean qué bueno es el Señor.
Contémplenlo, y quedarán radiantes; su rostro no se avergonzará. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de sus angustias.
Gusten y vean qué bueno es el Señor.
 
  
 
Lectura de la segunda carta del apostol san Pablo a los Corintios 5, 17-21

Hermanos:
El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado.
Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo y nos encargó el ministerio de la reconciliación.
Es decir, Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación.
Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo los exhortara por medio de nosotros.
En nombre de Cristo les pedimos que se reconcilien con Dios.
Al que no habia pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la salvación de Dios.

Palabra de Dios.


 
  
 

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 15,1-3. 11-32

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos:
- «Este acoge a los pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo esta parábola;
- «Un hombre tenia dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre:
"Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde".
El padre les repartió los bienes.
Pocos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, partió a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y comenzó a pasar necesidad.
Fue entonces a servir a casa de un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; pero nadie le daba de comer.
Entonces recapacitó y se dijo:
"!Cuantos trabajadores en la casa de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre! Ahora mismo me pondré en camino e iré a la casa de mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus trabajadores".
Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y corrió a su encuentro, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.
Su hijo le dijo:
"Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo".
Pero el padre dijo a sus criados:
"Saquen en seguida el mejor traje y vístanlo; pónganle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traigan el ternero cebado y mátenlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido encontrado".
Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo.
Cuando, al volver, se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó que pasaba.
Este le contestó:
"Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado sano y salvo".
El se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salio e intentaba persuadirlo.
Y él replicó a su padre:
"Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mi nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con prostitutas, haces matar, para él, el ternero más gordo".
El padre le dijo:
"Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido encontrado”».


Palabra del Señor.

 
  
 
Lun: Is 65, 17-21; Sal 29; Jn 4, 43-54 Jue: Ex 32,7-14 ; Sal 105; Jn 5,31-47
Mar: Ez 47,1-9.12; Sal 45; Jn 5, 1-3.5-16 Vie: Sb2,1a.12-22;Sal 33;Jn 7,1-2.10.25-30
Mié: Is 49, 8-5;Sal 144;Jn 5,17-30 Sáb: Jr 11,18-20; Sal 7; Jn 7,40-53
 

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