Este año 2015, dentro de la providencia Divina, se ve marcado grandemente por la memoria y gratitud del don de Dios a la Iglesia con la Vida consagrada y la Familia, realidades que se entrelazan armónicamente, y que en ellas estamos profundizando tanto en el marco del Año de la Vida Consagrada, como en torno al Sínodo sobre la familia cristiana.

El Santo Padre Francisco, al dirigir su carta a los consagrados, señala como primer objetivo para el Año de la Vida Consagrada, el “mirar el pasado con gratitud” con la finalidad de “mantener viva la propia identidad”. Siguiendo esta invitación, nuestra memoria no se remonta solamente al inicio de la propia familia carismática, sino hasta la grata memoria del seno familiar, por ser escuela de fe y semillero de las vocaciones. Como dice el documento de Aparecida: “De ella recibimos la vida, la primera experiencia del amor y de la fe” en ella “la persona descubre los motivos y el camino para pertenecer a la familia de Dios” (Aparecida n. 118).
Por esta estrecha relación, no es difícil comprender que la crisis de vocaciones hunda sus raíces en la propia crisis familiar de la que se ve amenazada hoy nuestra sociedad. Por ello dentro de una autentica Pastoral Vocacional, se ha de considerar la Pastoral Familiar que busque que los padres tomen nueva conciencia de su gozosa e irrenunciable responsabilidad en la formación integral de sus hijos, como aconseja el documento anteriormente señalado.

Teniendo en cuenta esta verdad, la presente Guía Metodológica Vocacional, ofrece entre sus contenidos principales: Testimonios Vocacionales de sacerdotes, religiosos (as) y laicos, que manifiestan el itinerario que siguieron para tomar la valiente decisión de responder al Señor que llama, y cómo la influencia del seno familiar tuvo y tiene que ver en ella.

Así, revalorando y defendiendo la dignidad e integridad de la vida familiar, a la vez se enarbolan y promueven las vocaciones en su simiente más profunda, ya que es en el hogar donde se cultiva la vocación con el ejemplo de la palabra dada, de la fidelidad hasta las últimas consecuencias, del sacrificio por el bien del otro, del desprendimiento por ideales nobles; de un amor fraterno generoso, dedicado al más frágil; de la reciedumbre ante las adversidades, del valor de lo trascendente y lo caduco de lo fácil, del beneficio de las reglas y de lo provechoso de la obediencia; del valor de la oración, de la veracidad, del santo temor de Dios.


En resumen - como bien sabemos - es en el hogar donde uno aprende a ver la vida como don, y cómo el donarla en servicio a los demás es la mayor expresión de gratitud.

Esperando que esta guía sea de gran ayuda en el afán de la Promoción Vocacional sigamos suplicando al Dueño de la mies, más operarios para su campo; a María Santísima, encomendemos la protección de quienes inician el camino y de quienes vamos ya recorriendo esta aventura de la fe.

Con mi bendición de padre y pastor.

+ Monseñor Marco Antonio Cortez Lara
Obispo de Tacna y Moquegua
Presidente de la Comisión Episcopal de Vocaciones y Ministerios

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El regalo de la vocación es la manifestación de un proyecto amoroso de Dios para cada ser humano. Desde la eternidad Dios ha pensado en cada uno de nosotros como una persona única e irrepetible. Esto implica que nadie más que uno mismo puede realizar ese proyecto y encarnar esa idea maestra de Dios. Descubrir nuestra vocación es fundamental para responder la pregunta sobre el sentido de la propia vida.

En el discernimiento de la vocación nos ayuda la experiencia de quienes han escuchado la voz de Dios y han respondido a su llamado, como el joven Samuel: “Habla, Señor, que tu siervo escucha…” (1 Sam 3,9)

A Samuel le ayudó la experiencia del sacerdote Elí, y a cada uno de nosotros la experiencia de tantos testigos del amor de Dios. Por ello, aunque cada experiencia es única y manifiesta la insondable sabiduría de Dios, siempre podremos encontrar elementos que nos iluminan en la experiencia vocacional de otros hermanos en la fe y también ciertas constantes que nos permiten vislumbrar apoyos, medios, actitudes e itinerarios a desarrollar y recorrer.

En la presente edición de nuestra Guía Metodológica Vocacional queremos brindar una gama de testimonios vocacionales, diversos en varios sentidos: por la procedencia, por la edad, por las condiciones de las personas, por la vocación a la que han sido llamados, etc. Aunque no podremos abarcar todo el espectro de realidades vocacionales, queremos compartir algunas representativas: sacerdotes, religiosas, laicos consagrados, etc.

Estos testimonios han sido recogidos sea por redacción escrita o por entrevista personal y en base a un cuestionario que podemos apreciar en muchos de ellos.

Agradecemos de corazón a todos los que generosa y alegremente han compartido el tesoro de su vocación en esta Guía Vocacional e imploramos al Señor que les siga bendiciendo y sosteniendo en su camino de entrega e identificación con Cristo.

Pbro. Jaime Horacio Llamas Vega
Secretario Ejecutivo de la Comisión
Episcopal de Vocaciones y Ministerios .



ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

Oh Jesús

Pastor eterno de las almas,
dígnate mirar con ojos de misericordia
a tu pueblo amado.
Señor,
danos vocaciones,
danos sacerdotes, religiosos
y consagrados santos.
Te lo pedimos por la Inmaculada
Virgen María
tu dulce y Santa Madre.
Oh Jesús, danos sacerdotes,
religiosos y consagrados
según tu corazón.
Amén.


Comisión Episcopal de Seminarios y Vocaciones


EL ÉXODO, EXPERIENCIA FUNDAMENTAL DE LA VOCACIÓN: MENSAJE DEL PAPA PARA LA LII JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

“El éxodo, experiencia fundamental de la vocación”, es el título del Mensaje del Papa Francisco para la 52 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que se celebrará el próximo 26 de abril, cuarto Domingo de Pascua.

En el documento, el Papa recuerda que en la raíz de toda vocación cristiana hay un éxodo que parte de la renuncia a la comodidad y a la rigidez del propio yo para emprender la marcha con confianza, como Abrahán, hacia la “tierra nueva” que Dios indica.

Es una dinámica que no atañe sólo a la llamada personal, sino a la acción misionera y evangelizadora de toda la Iglesia que es verdaderamente fiel a su Maestro, “en la medida en que es una Iglesia “en salida”, no preocupada por ella misma, por sus estructuras y sus conquistas, sino más bien capaz de ir, de ponerse en movimiento, de encontrar a los hijos de Dios en su situación real y de compadecer sus heridas”. Una dinámica, hacia Dios y hacia el hombre que llena la vida de alegría y de sentido, como dice el Papa a los jóvenes, invitándoles a no dejar que las incertidumbres frenen sus sueños, y a no tener miedo de ponerse en camino.

Si desea leer el Mensaje del Papa Francisco para la LII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, ingresa al siguiente enlace

26 DE ABRIL: JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES. COMISIÓN EPISCOPAL DE VOCACIONES Y MINISTERIOS PROMUEVE LA CELEBRACIÓN EN PERÚ

El domingo 26 de abril, se celebrará la 52ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Esta celebración es animada en el Perú por la Comisión Episcopal de Vocaciones y Ministerios. En esta Jornada de reflexión, que tendrá como lema: “Vengan conmigo y los haré pescador de hombres” (Mt 4, 19), los fieles podrán unirse para elevar sus plegarias al Señor y pedir para que a través de las vocaciones el Señor envíe más obreros a su mies.

Para difundir la Jornada de Oración, la Comisión Episcopal de Vocaciones y Ministerios ha elaborado subsidios: Guía Metodológica Vocacional, el Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y estampas con una Oración por las Vocaciones. Todo este material ya ha sido compartido con diferentes comunidades y parroquias para promover el espíritu de oración por las vocaciones.

Con respecto a esta celebración, el Padre Jaime Llamas Vega, Secretario Ejecutivo de la Comisión Episcopal de Vocaciones y Ministerios reflexionó sobre esta importante celebración y dijo que la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, es una fecha en que todos nosotros como hermanos pediremos al Señor que nos bendiga con nuevas vocaciones.

Indicó que para lograr un ambiente más propicio para esta Jornada, la Comisión Episcopal, como cada año, ha elaborado y distribuido materiales vocacionales a todas las jurisdicciones eclesiásticas, motivando a vivir una “cultura vocacional”.

“En el discernimiento de la vocación nos ayuda la experiencia de quienes han escuchado la voz de Dios y han respondido a su llamado, por tal motivo la Comisión ha visto necesario que en esta Jornada se comparta las vivencias que han tenido aquellos hermanos que han elegido seguir el camino de la vida sacerdotal, religiosa o consagrada, conociendo qué aspectos de sus vidas fueron importantes para tomar esta decisión y mantenerse firmes durante la formación. Esperando que estos materiales ayuden de gran manera en la Promoción Vocacional sigamos pidiendo al Señor por más vocaciones y que por la intersección de María Santísima, oremos por la protección de quienes ya han iniciado este camino”, dijo.

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MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA 52 JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

26 DE ABRIL DE 2015 – IV DOMINGO DE PASCUA

Tema: El éxodo, experiencia fundamental de la vocación

Queridos hermanos y hermanas:

El cuarto Domingo de Pascua nos presenta el icono del Buen Pastor que conoce a sus ovejas, las llama por su nombre, las alimenta y las guía. Hace más de 50 años que en este domingo celebramos la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Esta Jornada nos recuerda la importancia de rezar para que, como dijo Jesús a sus discípulos, «el dueño de la mies… mande obreros a su mies» ( Lc 10,2). Jesús nos dio este mandamiento en el contexto de un envío misionero: además de los doce apóstoles, llamó a otros setenta y dos discípulos y los mandó de dos en dos para la misión (cf. Lc 10,1-16). Efectivamente, si la Iglesia «es misionera por su naturaleza» (Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes , 2), la vocación cristiana nace necesariamente dentro de una experiencia de misión. Así, escuchar y seguir la voz de Cristo Buen Pastor, dejándose atraer y conducir por él y consagrando a él la propia vida, significa aceptar que el Espíritu Santo nos introduzca en este dinamismo misionero, suscitando en nosotros el deseo y la determinación gozosa de entregar nuestra vida y gastarla por la causa del Reino de Dios.

Entregar la propia vida en esta actitud misionera sólo será posible si somos capaces de salir de nosotros mismos. Por eso, en esta 52 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, quisiera reflexionar precisamente sobre ese particular «éxodo» que es la vocación o, mejor aún, nuestra respuesta a la vocación que Dios nos da. Cuando oímos la palabra «éxodo», nos viene a la mente inmediatamente el comienzo de la maravillosa historia de amor de Dios con el pueblo de sus hijos, una historia que pasa por los días dramáticos de la esclavitud en Egipto, la llamada de Moisés, la liberación y el camino hacia la tierra prometida. El libro del Éxodo ?el segundo libro de la Biblia?, que narra esta historia, representa una parábola de toda la historia de la salvación, y también de la dinámica fundamental de la fe cristiana. De hecho, pasar de la esclavitud del hombre viejo a la vida nueva en Cristo es la obra redentora que se realiza en nosotros mediante la fe (cf. Ef 4,22-24). Este paso es un verdadero y real «éxodo», es el camino del alma cristiana y de toda la Iglesia, la orientación decisiva de la existencia hacia el Padre.

En la raíz de toda vocación cristiana se encuentra este movimiento fundamental de la experiencia de fe: creer quiere decir renunciar a uno mismo, salir de la comodidad y rigidez del propio yo para centrar nuestra vida en Jesucristo; abandonar, como Abrahán, la propia tierra poniéndose en camino con confianza, sabiendo que Dios indicará el camino hacia la tierra nueva. Esta «salida» no hay que entenderla como un desprecio de la propia vida, del propio modo sentir las cosas, de la propia humanidad; todo lo contrario, quien emprende el camino siguiendo a Cristo encuentra vida en abundancia, poniéndose del todo a disposición de Dios y de su reino. Dice Jesús: «El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna» ( Mt 19,29). La raíz profunda de todo esto es el amor. En efecto, la vocación cristiana es sobre todo una llamada de amor que atrae y que se refiere a algo más allá de uno mismo, descentra a la persona, inicia un «camino permanente, como un salir del yo cerrado en sí mismo hacia su liberación en la entrega de sí y, precisamente de este modo, hacia el reencuentro consigo mismo, más aún, hacia el descubrimiento de Dios» (Benedicto XVI, Carta enc. Deus caritas est , 6).

La experiencia del éxodo es paradigma de la vida cristiana, en particular de quien sigue una vocación de especial dedicación al servicio del Evangelio. Consiste en una actitud siempre renovada de conversión y transformación, en un estar siempre en camino, en un pasar de la muerte a la vida, tal como celebramos en la liturgia: es el dinamismo pascual. En efecto, desde la llamada de Abrahán a la de Moisés, desde el peregrinar de Israel por el desierto a la conversión predicada por los profetas, hasta el viaje misionero de Jesús que culmina en su muerte y resurrección, la vocación es siempre una acción de Dios que nos hace salir de nuestra situación inicial, nos libra de toda forma de esclavitud, nos saca de la rutina y la indiferencia y nos proyecta hacia la alegría de la comunión con Dios y con los hermanos. Responder a la llamada de Dios, por tanto, es dejar que él nos haga salir de nuestra falsa estabilidad para ponernos en camino hacia Jesucristo, principio y fin de nuestra vida y de nuestra felicidad.

Esta dinámica del éxodo no se refiere sólo a la llamada personal, sino a la acción misionera y evangelizadora de toda la Iglesia. La Iglesia es verdaderamente fiel a su Maestro en la medida en que es una Iglesia «en salida», no preocupada por ella misma, por sus estructuras y sus conquistas, sino más bien capaz de ir, de ponerse en movimiento, de encontrar a los hijos de Dios en su situación real y de com-padecer sus heridas. Dios sale de sí mismo en una dinámica trinitaria de amor, escucha la miseria de su pueblo e interviene para librarlo (cf. Ex 3,7). A esta forma de ser y de actuar está llamada también la Iglesia: la Iglesia que evangeliza sale al encuentro del hombre, anuncia la palabra liberadora del Evangelio, sana con la gracia de Dios las heridas del alma y del cuerpo, socorre a los pobres y necesitados.

Queridos hermanos y hermanas, este éxodo liberador hacia Cristo y hacia los hermanos constituye también el camino para la plena comprensión del hombre y para el crecimiento humano y social en la historia. Escuchar y acoger la llamada del Señor no es una cuestión privada o intimista que pueda confundirse con la emoción del momento; es un compromiso concreto, real y total, que afecta a toda nuestra existencia y la pone al servicio de la construcción del Reino de Dios en la tierra. Por eso, la vocación cristiana, radicada en la contemplación del corazón del Padre, lleva al mismo tiempo al compromiso solidario en favor de la liberación de los hermanos, sobre todo de los más pobres. El discípulo de Jesús tiene el corazón abierto a su horizonte sin límites, y su intimidad con el Señor nunca es una fuga de la vida y del mundo, sino que, al contrario, «esencialmente se configura como comunión misionera» (Exhort. ap. Evangelii gaudium , 23).

Esta dinámica del éxodo, hacia Dios y hacia el hombre, llena la vida de alegría y de sentido. Quisiera decírselo especialmente a los más jóvenes que, también por su edad y por la visión de futuro que se abre ante sus ojos, saben ser disponibles y generosos. A veces las incógnitas y las preocupaciones por el futuro y las incertidumbres que afectan a la vida de cada día amenazan con paralizar su entusiasmo, de frenar sus sueños, hasta el punto de pensar que no vale la pena comprometerse y que el Dios de la fe cristiana limita su libertad. En cambio, queridos jóvenes, no tengáis miedo a salir de vosotros mismos y a poneros en camino. El Evangelio es la Palabra que libera, transforma y hace más bella nuestra vida. Qué hermoso es dejarse sorprender por la llamada de Dios, acoger su Palabra, encauzar los pasos de vuestra vida tras las huellas de Jesús, en la adoración al misterio divino y en la entrega generosa a los otros. Vuestra vida será más rica y más alegre cada día.

La Virgen María, modelo de toda vocación, no tuvo miedo a decir su « fiat » a la llamada del Señor. Ella nos acompaña y nos guía. Con la audacia generosa de la fe, María cantó la alegría de salir de sí misma y confiar a Dios sus proyectos de vida. A Ella nos dirigimos para estar plenamente disponibles al designio que Dios tiene para cada uno de nosotros, para que crezca en nosotros el deseo de salir e ir, con solicitud, al encuentro con los demás (cf. Lc 1,39). Que la Virgen Madre nos proteja e interceda por todos nosotros.

Vaticano, 29 de marzo de 2015

Domingo de Ramos

Francisco



 
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