La Conferencia Episcopal Peruana, instituci�n de car�cter permanente, es la Asamblea de los Obispos del Per� que ejercen unidos algunas funciones pastorales respecto de los fieles de dicho pa�s, para promover conforme a la norma del derecho el mayor bien que la Iglesia proporciona a los hombres, sobre todo mediante formas y modos de apostolado convenientemente acomodados a las peculiares circunstancias de tiempo y de lugar (cf. CIC can. 447).


La Iglesia Cat�lica en el Per� est� conformada por 45 jurisdicciones eclesi�sticas, las cuales cubren una extensi�n territorial de 1.285.215,60 km�.

En el ejercicio supremo, pleno e inmediato de su poder sobre toda la Iglesia, el Romano Pont�fice se sirve de los dicasterios de la Curia Romana, que, en consecuencia, realizan su labor en su nombre y bajo su autoridad, para bien de las Iglesias y servicio de los sagrados pastores (CHRISTUS DOMINUS).

Notas de actualidad de la iglesia cat�lica en el Per� y el mundo.



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::: La Palabra de Diós en la Iglesia Católica

vvvvvvvvvvvCiclo “B”

vvvvvvvvvDOMINGO 3º DE
vvvvvvvvvvvv PASCUA

Domingo, 15 de abril de 2018

Es propio de nuestro tiempo cuestionarnos acerca de qué les sucedió a los discípulos después de la resurrección. ¿Habrán sido víctimas de una desilusión? Después de la muerte de Jesús en la cruz, los discípulos quedaron muy abatidos y sin esperanza. No había e n ellos un deseo genuino de anunciar al Resucitado, pero fue la intervención de Jesús y su presencia lo que los provocó e invitó a vencer sus dudas y miedos.

Son muchos los “temores” que paralizan nuestra fe y que, afrontados sin la creencia en la resurrección de Jesús, nos acarrea el sinsentido de la vida. Sin embargo, el Resucitado no es fruto de la fantasía de algunos, sino que es el mismo Jesús terrestre que vive “una realidad y dimensión nueva”, que permite ser experimentada o comprobada por sus más cercanos, los discípulos. Debemos considerar que “la Resurrección de Cristo está estrechamente unida al misterio de la Encarnación del Hijo de Dios: es su plenitud según el designio eterno de Dios” (Catecismo de la Iglesia Católica, 653).

Al no haber testigos oculares de la Resurrección, todo el que cree en este gran don se convierte en “testimonio” de un acontecimiento histórico y concreto, que no se fundamenta en ideas, especulaciones u opiniones personales.

Ante una sociedad cada vez más escéptica e indiferente con la fe, el mundo cristiano apuesta por seguir reconociendo al Resucitado en lo cotidiano porque el Resucitado vive en el corazón de cada creyente. Por eso, testimoniar la resurrección de Jesús nos hace creíbles en la medida en que nos dejamos cambiar para hacer el bien y así demostrar que “algo” bueno sucede en la vida, que ya no nos hace ser los mismos de antes, sino “convertidos”.

P. Fredy Peña T., ssp
 
 
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 3,13-15.17-19

En aquellos días, Pedro dijo a la gente: «El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, al que vosotros entregasteis y rechazasteis ante Pilato, cuando había decidido soltarlo. Rechazasteis al santo, al justo, y pedisteis el indulto de un asesino; matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos. Sin embargo, hermanos, sé que lo hicisteis por ignorancia, y vuestras autoridades lo mismo; pero Dios cumplió de esta manera lo que había dicho por los profetas, que su Mesías tenía que padecer. Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados.»

Palabra de Dios.
 
   
 

Sal 4,2.7.9
Haz brillar sobre nosotros la luz de tu rostro, Señor

Escúchame cuando te invoco,
Dios, defensor mío;
tú que en el aprieto me diste anchura,
ten piedad de mí y escucha mi oración.
Haz brillar sobre nosotros la luz de tu rostro, Señor

Hay muchos que dicen:
«¿Quién nos hará ver la dicha,
si la luz de tu rostro
ha huido de nosotros?»
Haz brillar sobre nosotros la luz de tu rostro, Señor

En paz me acuesto
y en seguida me duermo,
porque tú solo, Señor,
me haces vivir tranquilo.
Haz brillar sobre nosotros la luz de tu rostro, Señor

 
   
 

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 2,1-5

Hermanos:

Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a Dios que da el ser ama también al que ha nacido de él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. Pues en esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Éste es el que vino con agua y con sangre: Jesucristo. No sólo con agua, sino con agua y con sangre; y el Espíritu es quien da testimonio, porque el Espíritu es la verdad.

Palabra de Dios.

 
   
 
Lectura del santo evangelio según san Lucas 24,35-48

En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.
Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros.»
Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma.
Él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.»
Dicho esto, les mostró las manos y los pies.
Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo que comer?»
Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos.
Y les dijo: «Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.»
Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras.
Y añadió: «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.»

Palabra del Dios.
 


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