| | ¿Carnaval
o cuaresma?
Sí,
realmente parecen de carnaval las pintas que ahora lucen algunos jóvenes.
Parecen de carnaval esas cabezas con rapes y tonalidades a lo Miró; esas
chamarras de cuero negro con más cadenas que el Fantasma de Canterville;
esos rostros con más aretes que el logotipo de los juegos olímpicos.
Y de carnaval, además, parecen algunos de sus comportamientos, que desdicen
de la dignidad con la que debería conducirse una persona humana.
Podríamos
decir que también carnaval es cuando uno, con o sin carátula, no
es lo que debería ser. Carnaval es cada vez que un hijo no es buen hijo,
cada vez que unos padres no son buenos padres, cada vez que dos novios no actúan
como tales. Carnaval es cada vez que, en su actuar, un hombre es algo menos que
hombre y una mujer algo menos que mujer.
Tristemente, hay gente que vive
como en un carnaval sostenido, digamos en do menor. Y entonces ¿a qué
se dedica esa pobre gente en los días de carnaval? Muy sencillo. Los famosos
tres días de carnaval viven el carnaval ordinario, pero a tope, a la enésima
potencia. Carnaval sostenido, por tres días -con sus noches-, pero en do
mayor. Carnaval a lo grande. Carnaval extra-concentrado. Carnaval, carnaval. Tres
días de careta sobre la careta incorporada que ya llevaban, para seguir
haciendo lo mismo, pero con evidentes excesos.
Menos mal, sin embargo,
que a pesar de todo, hoy sigue habiendo montones de gente que vive el triduo de
carnaval en modo diverso. Sigue habiendo muchas personas que, esos tres días,
se atreven a nadar contra corriente. Menos mal que hay hombres y mujeres que se
esfuerzan, también durante el carnaval, por ser y respetar lo que de verdad
son, dominando sus pasiones desordenadas y bajos instintos.
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