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atrás (aunque no mucho) había gente que celebraba ambas cosas: el
Carnaval y la Cuaresma. Sin embargo, lo hacían muy a su manera. En carnaval:
máscaras, narices y bocas postizas. En cuaresma: compostura, devociones
y cara mustia, pero quizá igual de postizas. Hasta resultaba difícil
saber cuándo habían logrado disfrazarse mejor....
Ciertas
personas vivían tres días siendo, al cien por ciento, lo que de
verdad eran. Y luego, durante cuarenta días, se dedicaban a fingir lo que
en realidad no eran. Durante el carnaval, actuaban con un poco -o bastante- desenfreno,
ocultando tras una máscara la vergüenza que les ponía al rojo
los mofletes. | |
| | En
la cuaresma lograban dar la impresión de penitencia y religiosidad sinceras
al andar medio cabizbajos en ayunas, al echarse encima la mantilla
negra, o al sacar de vez en cuando el rosario a tomar el aire. Así que,
en cuaresma, sin esconderse detrás de una careta, andaban igual de enmascarados
que en carnaval, pero aparentando lo que no eran. Y, curiosamente, por esa hipocresía
no parecían sonrojarse demasiado.
Hoy día, aunque lo de tiempo
atrás no es todavía agua pasada y se siguen celebrando las dos,
la cosa ha cambiado ligeramente. Da la impresión de que ahora algunas personas
viven en un carnaval más o menos continuo. Carnaval en Adviento, en Navidad,
en tiempo ordinario, en Semana Santa, en Pascua y, por supuesto, también
en Cuaresma. Lo que antes algunos y algunas se permitían sólo en
los tres días de carnaval, hoy otros y otras se lo conceden más
habitualmente como lo más normal del mundo. Claro, es lo que se lleva ahora,
lo que todos hacen... Van -o mejor dicho- se dejan ir con la corriente. | |