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Tras completar sus estudios teológicos en el Seminario Mayor de Cracovia, y mostrando un óptimo dominio del español, los padres franciscanos polacos Michael (Miguel) Tomaszek y Zbigniew Strzalkowski partieron en misión hacia los Andes peruanos junto al padre Jaroslaw Wysoczanski, dedicándose a la «difícil tarea» de la atención de la pobre parroquia de Pariacoto y de muchos otros pueblos de la zona.

«Precisamente - describe la Orden de los Frailes Menores Conventuales – las zonas andinas del norte, donde estaban nuestros hermanos, son pasos privilegiados para este comercio»; a inicio de los años '90 dominaba esta región el grupo terrorista «Sendero Luminoso», «que, contando con el terror y la difusión de ideologías revolucionarias, logra garantizar el éxito a este tipo de comercio». Recordemos que del 1 de enero al 22 de agosto de 1991 se alcanzó la cifra «récord» de 1.638 muertos por violencia en un país que ya registraba el 53% de los desaparecidos en todo el mundo.


En este entorno «se vio como un peligro» la actividad de la Iglesia, con la puesta en marcha de una catequesis más incisiva y la apertura de centros estables de animación cristiana. De forma que se incrementó la violencia contra los misioneros extranjeros y laicos.


Uno de los muchos panfletos de «Sendero Luminoso» decía: «Con la Biblia y la cruz pretendían ser una barrera al avance de la subversión...». Imbuidos de una mezcla de maoísmo y nacionalismo, lleno de odio hacia los «explotadores», los terroristas además estaban dispuestos a matar también a los pobres campesinos que se opusieran a sus planes o consideraran sospechosos de colaborar con el gobierno o el ejército.


El padre Zbigniew y el padre Miguel llegaron a Pariacoto en 1990. Junto al padre Jaroslaw dejaron la impronta del carisma franciscano, hecho de humildad, pobreza, oración, afabilidad, capacidad de comprometerse para el bien y tenacidad en la vida comunitaria.


El día viernes 9 de agosto de 1991 en la casa religiosa de Pariacoto el P. Zbigniew se encontraba solo con los tres postulantes. El superior estuvo de viaje, y el P. Miguel estuvo retornando en la camioneta de la misión, acompañado de un grupo de catequistas, de Huaraz, donde participaron en una actividad formativa.

En el pueblo todo parecía transcurrir con la rutina de lo normal. Sin embargo un desconocido dialogaba en plena plaza con el P. Zbigniew, con evidentes signos de cierta animosidad. Un joven insistía preguntando sobre la hora del esperado retomo del P. Miguel, lo que después de los hechos no pareció pura curiosidad.

Hacia el atardecer unos extraños comenzaron a pintarrajear las paredes de los edificios frente a la plaza y el edificio de la municipalidad. Al anochecer los invasores, armados y con los rostros cubiertos, arrestaron al alcalde, buscaron sin resultado al gobernador de distrito y a unos acusados de robo del ganado.


Lugar del martirio


Luego se presentaron en la Iglesia como los "compañeros" y tocaron la puerta de la entrada y reclamaron la presencia de los religiosos "para hablar con ellos". Los ataron de manos y los llevaron en las camionetas de la misión hacia la municipalidad, que no dista mucho de la parroquia, dejando, a insistencia de Zbigniew, a los postulantes, Luego el mando político del grupo les increpó, sometiéndolo a un «proceso» sumario; los dos sacerdotes presentaron claramente la responsabilidad de desarrollar su misión evangelizadora, en la presencia de una religiosa, se les acusó de “engañar a la gente” e “infectar a las personas mediante la distribución de alimentos de la imperialista Caritas". E incluso los acusaron de adormecer “el ímpetu revolucionario con la predicación de la paz”. Con de la camioneta secuestrada de la misión, los trasladaron a ellos y al alcalde al Pueblo Viejo, y en las inmediaciones del cementerio y, empujados fuera del vehículo, se les hizo tumbarse en el camino con las manos atadas y un cartón al cuello que decía: «Así mueren los lames del imperialismo». Fueron fusilados junto con el alcalde de Pariacoto. Perpetrado el crimen se retiraron en las camionetas secuestradas hacia Cochabamba, encontraron en el camino al alcalde de Cochabamba que bajaba a su casa en Pariacoto y lo ejecutaron de igual modo.

Michael y Zbigniew Strzalkowski tenían, respectivamente, 30 y 32 años cuando fueron asesinados por el grupo terrorista «Sendero Luminoso».

El 13 de agosto de 1991, en las Jornadas Mundiales de la Juventud en Czestochowa, Juan Pablo II proclamó ante decenas de miles de jóvenes: "Hay nuevos mártires en Perú". Efectivamente, 4 días antes los jóvenes sacerdotes Tomaszek y Strzalkowski habían sido asesinados por el grupo terrorista Sendero Luminoso. 

En aquel momento estaba con el Papa un franciscano, el P. Jarek Wysoczanski, el "tercer compañero” de fray Michele y fray Zbigniew, que sobrevivió a la tragedia porque estaba en Polonia para asistir al matrimonio de su hermana.


Días después del asesinato, una religiosa que colaboraba en la misión dijo que lo ocurrido le parecía un sueño, “me impresiona una vez más en Miguel y Zbigniew su fidelidad al Señor y a este pueblo andino, y la voluntad de ser consecuentes con lo que predicaron. Recuerdo su entusiasmo por la vocación franciscana y misionera y su disponibilidad para el servicio, a pesar, tantas veces, del mucho cansancio”.


“Permanecieron allí hasta el final. Eso no se improvisa, es un don. Vi a Zbigniew unos días antes de su martirio, le pregunté si estaban amenazados, sonrió y dijo: ‘No podemos abandonar al pueblo. Nunca se sabe, pero si nos matan, que nos entierren aquí'. A Miguel lo vi un mes antes, vivía como si no pasara nada, abandonado en Dios. Ambos, hombres de Dios, tal vez vivían pensando que todavía no era su hora; sin embargo, fue la hora de Dios”, relató la religiosa.


El sacerdote nacido en 1931 y ordenado a los 23 años en Bérgamo (Italia), se hizo muy cercano a los fieles en la región del Santa, en Ancash (Perú), a quienes ayudó pastoralmente, con cursos de alfabetización, revalorización de la mujer, catequesis, así como con la construcción de capillas y casas parroquiales. Una labor que no era bien vista por el grupo terrorista, pues no le permitía sembrar su “odio de clases” entre los pobladores.

Sin embargo, llega agosto de 1991 y el P. Dordi se entera del asesinato de los frailes polacos, también en Ancash. En una carta a un amigo sacerdote, el futuro beato escribió: “En estos días estamos particularmente angustiados y preocupados. Seguramente han sabido como el 9 de agosto Sendero Luminoso ha matado a dos sacerdotes de la Diócesis de Chimbote. Son dos franciscanos polacos que trabajaban en un valle como el mío".

“Puedes imaginar la situación de ansiedad en que vivimos, hay amenazas de próximos asesinatos. Sendero Luminoso, que con el terror quiere llegar al poder, ha puesto su mira en la Iglesia... La situación del Perú es angustiosa. Cada día nos preguntamos: ¿a quién le tocará hoy?”. El P. Dordi –que rechazaba dejar el pueblo-, intuía que era el siguiente. “Adiós, ahora regreso ahí y me matarán”, escribió.


Así, llegó el 25 de agosto. El sacerdote iba con dos seminaristas en una camioneta, camino de Vinzos a Santa para celebrar una Misa. En el camino un grupo de encapuchados de Sendero Luminoso rodea el vehículo y obliga a los dos jóvenes a salir. "Nos dijeron que bajáramos y nos llevaron lejos. Mientras caminábamos oímos los disparos", relataron los seminaristas. El P. Dordi había sido asesinado de tres balazos.



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