Último de cuatro hijos, Angelo Giuseppe Roncalli nació el 25 de noviembre de 1881 en Sotto il Monte, provincia de Bergamo. Ya desde pequeño manifestaba una cierta inclinación a la vida eclesiástica. Entró en el seminario de Bergamo en 1892 y en 1901 se trasladó a Roma, al seminario del Apollinare. Fue ordenado sacerdote en 1904, en la iglesia de Santa María de Monte Santo.

En 1905 fue elegido como secretario del nuevo Obispo de Bergamo, mons. Giacomo Radini Tedeschi. Desde 1906 enseñó diferentes materias en el seminario: historia eclesiástica, patrología y apologética. En este periodo fue también jefe de redacción del periódico diocesano ?La Vida Diocesana? y desde 1910, asistente de la Unión de Mujeres Católicas.

Cuando estalló la I Guerra Mundial, en 1915 fue nombrado capellán para la asistencia de los heridos atendidos en hospitales militares de Bergamo. En julio de 1918 aceptó de prestar servicio a los soldados enfermos de tuberculosis, sabiendo que ponía en peligro su vida por el contagio.

En diciembre de 1920 el Papa lo llamó a Roma para dirigir la Obra de Propagación de la Fe. En 1925, fue nombrado Visitador Apostólico en Bulgaria y consagrado Obispo, iniciando así el periodo diplomático a servicio de la Santa Sede. A fines de 1934 fue invitado como Delegado Apostólico en Turquía y Grecia, países donde los católicos no tenían una vida fácil. Durante la Segunda Guerra Mundial conservó una prudente actitud neutral, que le consintió desarrollar una eficaz acción de asistencia en favor de los judíos, salvando a miles de ellos del exterminio, y a favor del pueblo griego oprimido por el hambre. El 30 de diciembre de 1944 fue enviado a la Nunciatura de París. Su actividad diplomática asume una gran fuerza pastoral a través de las visitas a diferentes diócesis de Francia, Argelia incluida.

Nombrado Cardenal en el último consistorio de Pio XII, aceptó la propuesta de transferirse a la sede de Venecia, a donde llegó el 5 de marzo de 1953. Su episcopado se caracterizó por el ferviente empeño en la pastoral y en la celebración del Sínodo Diocesano.

Electo Papa el 28 de octubre de 1958, asumió el nombre de Juan XXIII. A pesar de que muchos piensan que el suyo fue un simple pontificado de transición, éste revela desde el inicio un estilo nuevo, que exprime la personalidad humana y sacerdotal del Pontífice Juan XXIII, construida a través de una serie de significativas experiencias. Restableció el regular funcionamiento de los organismos curiales y se preocupó por dar una impronta pastoral a su ministerio. Multiplicó su contacto con los fieles gracias a las visitas parroquiales, hospitales y cárceles. El 25 de enero de 1959 anunció el Concilio Vaticano II. Las finalidades de este Concilio, expuestas en el discurso de inauguración del 11 de octubre de 1962, son originales: no se trataba de definir una nueva verdad, sino de exponer la doctrina tradicional adaptándola a la sensibilidad moderna. Juan XXIII invitaba a privilegiar la misericordia y el diàlogo con el mundo antes que condenar y oponerse, en el renovado conocimiento que la misión de la Iglesia abraza a todos los hombres.

Su trabajo a favor de la paz fue constante, particularmente evidente en sus enciclicas Mater et Magistra (1961) e Pacem in terris (1963) y en su aportación decisiva en ocasión de la gran crisis en Cuba en 1962. El prestigio y la admiración universales se pudieron medir en ocasión de sus ultimas semanas de vida, cuando todo el mundo se reunió en su lecho y recibió con profundo dolor la noticia de su muerte la noche del 3 de junio de 1963.
Juan XXIII. El Papa de la Paz
Parte 1
Parte 2

Miniserie del 2002 acerca del papa Juan XXIII, servida con la alta calidad habitual de la RAI, la radiotelevisión pública italiana. Arranca con el cónclave que debe elegir nuevo Papa, tras el fallecimiento de Pío XII.

Durante su desarrollo, Giovanni Roncalli recuerda su vocación sacerdotal, sus esfuerzos por salvar judíos durante la persecución nazi, sus misiones pontificias en Rumanía y Francia. El film recoge con rigor histórico la elección como Pontífice de quien se consideraba iba a ser un Papa de transición, y que tiene en su haber la convocatoria del Concilio Vaticano II, de enorme influencia en la vida de la Iglesia y del mundo.

El italiano Giorgio Capitani se las arregla para ofrecer un retrato profundamente humano de Juan XXIII, un hombre con la cabeza en el cielo, muy pero con los pies pisando siempre tierra. Asume el reto de dar vida al “Papa bueno” el veterano actor americano Edward Asner (74 años).

 
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