Es una banda de lana blanca en forma de collarín, adornada con seis cruces de seda negra. Es la insignia exclusiva de los arzobispos residenciales o metropolitanos. Es semejante a una estola y se utiliza a modo de escapulario. Es de tela blanca salpicada de cruces, que les envía el Papa como distintivo de su especial dignidad.

La lana significa la aspereza de la reprensión a los rebeldes; el color blanco, la benevolencia hacia los humildes y penitentes. La forma circular que encierra los hombros es el temor del Señor, por quien las obras se cierran a fin de que su perfume cubierto no se vaya desvaneciendo, como sucede si se descuidan las pequeñas cosas que, poco a poco, se cae en las grandes.

Tiene cuatro cruces situadas delante y detrás, a la derecha y a la izquierda. Así el obispo debe poseer vida, ciencia, doctrina y poder. Se relaciona también con las cuatro virtudes cardinales, teñidas de púrpura por la fe en la Pasión del Cristo. En la parte anterior se representa la justicia: el prelado debe velar para dar a cada cual lo suyo. En la parte posterior, la prudencia: el prelado debe cuidarse de dudas y pensamientos nocivos. A la izquierda, el coraje, para no sucumbir en la adversidad. A la derecha, la templanza, para no descontrolarse en la prosperidad.

Los palios junto a la tumba de San Pedro

El palio está confeccionado con lana de oveja. Todos los años, en la fiesta de la virgen y mártir de la cristiandad primera Santa Inés (21 de enero), el Papa bendice unos corderos de los que extrae la lana. Dicha lana, una vez confeccionada, se guarda en una urna de plata en la capilla de la tumba de San Pedro, en el Vaticano. El palio es símbolo de la unidad que vincula a los pastores de las Iglesias particulares con el Sucesor de Pedro, Obispo de Roma. Y al respecto, el palio es también una llamada a los sacerdotes y los fieles de las distintas diócesis a consolidar cada vez más una auténtica comunión con sus pastores y entre todos los miembros de la Iglesia.

Con todo ello, se quiere significar el valor y sentido como expresión de comunión eclesial de los arzobispos metropolitanos hacia el Papa, y desde los arzobispos metropolitanos de los obispos de sus diócesis sufragáneas. En la estructura de la Iglesia, las diócesis se agrupa en provincias eclesiásticas al frente de la cuales se hallan los arzobispos metropolitanos.

El hecho de que el palio se imponga en una celebración conjunta a todos los nuevos arzobispos de cada año expresa igualmente la universalidad y catolicidad de la Iglesia unidas en y desde la Sede Apostólica.

Las celebraciones

La celebración se inserta dentro de la Eucaristía que Benedicto XVI presidirá el día 29 de junio, Fiesta de San Pedro y San Pablo.

Al día siguiente de la imposición de los palios, el Papa recibe a los nuevos arzobispos con sus familiares y amigos y peregrinos diocesanos desplazados a Roma, en una audiencia especial.

Historia y significado del palio

El palio es una banda estrecha de lana blanca cosida en forma circular y adornada con cruces, de la cual caen dos tiras cortas en sentido vertical, sobre el pecho y espalda; lo usan los arzobispos y algunos obispos como signo de autoridad y jurisdicción. Unos lo consideran insignia de origen imperial concedida al Papa; otros lo creen de origen puramente eclesiástico, nacido ya con la intención de que fuera insignia propia del Sumo Pontífice; también se ha considerado al palio como esquematización del pallium de los filósofos, que a impulsos de una moda tardía se habría usado plegado, y en forma de bufanda alrededor del cuello. Esta última teoría -de Wilpert- puede resultar chocante en un principio, sin embargo, aunque no goza de pruebas documentales a su favor, es cierto que las primeras formas de palio concedidas recuerdan la manera de llevar el pallium antiguo (así se observa en un mosaico del siglo VI).

En todo caso el origen es ciertamente romano y fue considerado siempre como insignia propia del Papa, por lo menos en Occidente. El primer dato sobre el palio es del siglo IV. Lentamente se concede a obispos más ilustres. La costumbre de enviarlo a los obispos metropolitanos, como más destacados, hizo que, con el tiempo, se dispensaran de pedirlo a Roma y lo usaran sin más. Juan VIII, en el siglo IX, reconoció el palio como insignia de la jurisdicción de los arzobispos y, al mismo tiempo, estableció las normas de súplica de concesión que debían hacerse a la Sede Apostólica bajo severísimas penas. En esta época el palio sufre algunas modificaciones en su aspecto: con alfileres preciosos se le da una forma circular más simétrica y centrada, procurando que los dos extremos caigan en el centro del pecho y de las espaldas respectivamente.

El paso siguiente suprime los alfileres dejándolos como elementos decorativos (siglo XIII)) y convierte al palio en una banda circular con los dos extremos centrados, sobre el pecho y la espalda, y que, por lo menos hasta el siglo XV, son de considerable longitud. Además de los arzobispos (Código de Derecho Canónico, canon 275 y siguientes), el Papa puede concederlo a otros obispos ilustres, a título personal o bien a las sedes episcopales.

Así es el palio

El palio lleva seis cruces negras, cuatro de ellas en la banda circular y las otras dos en los extremos; se lleva sobre la casulla, por encima, colgado de los hombros.

El palio posee un significado espiritual profundo. Algunos Padres de la Iglesia han visto en las cruces el recuerdo de la Cruz del Señor que el prelado debe llevar con mayor diligencia y amor.

Entrando ya en la función de los que lo reciben, el Papa Benedicto XVI, en la celebración de comienzo de su ministerio apostólico petrino, el 24 de abril de 2005, fijándose en la lana de ovejas en que está confeccionado, lo señaló como imagen de la oveja perdida que el Buen Pastor buscó y encontró para devolver al redil.

La concesión romana, la expresiva ceremonia de confección del palio y, sobre todo, de su permanencia durante un tiempo junto al sepulcro vaticano de San Pedro, más su bendición, hablan clarísimamente de él como de expresión del poder pastoral trasmitido, y como exigencia y signo de fidelidad y unidad con la Sede del Príncipe de los Apóstoles.