SEGUNDA CONGREGACION GENERAL

(Ciudad del Vaticano-7.Octubre.2008) La segunda Congregación General de la XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos comenzó ayer a las 4:30 de la tarde, hora de Roma, en el Aula del Sínodo, en presencia del Santo Padre. Durante esta sesión se presentaron cuatro relaciones sobre cómo se percibe el tema sinodal en África, Asia, Europa y Oceanía.

El presidente delegado de turno fue el Cardenal William Joseph Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. En esta reunión estuvieron presentes 245 padres sinodales.

A continuación presentamos los extractos de las relaciones:

AFRICA. ARZOBISPO JOHN OLORUNFEMI ONAIYEKAN, DE ABUJA (NIGERIA). “No debe asombrarnos que algunos de los primeros núcleos del cristianismo, que produjeron no sólo teología y teólogos sino también mártires y confesores, hayan surgido en África Septentrional, Cartagena e Hipona, sólo para mencionar algunos. (...) Nuestro continente puede hacer alarde de ser “tierra bíblica” como no osarían hacerlo como muchas de las grandes naciones cristianas de hoy”.

“Los textos de las Escrituras, en sí mismos, pueden constituir un problema en muchos lugares. El costo de la Biblia que, de hecho, en muchas partes del mundo puede ser irrelevante, en África puede llegar a equivaler, en muchos sitios, al sueldo de un mes. Muchas personas, en consecuencia, no disponen del dinero suficiente para poseer una Biblia”.

“Además del problema de los textos, existe también la cuestión de la lengua. Muchas lenguas no han encontrado aún una traducción adecuada de la Biblia. (...) Sin embargo, aún después de haber escuchado la Palabra de Dios leída en nuestras propias lenguas, queda todavía la tarea de interpretarla para impregnar con el verdadero significado del mensaje del Espíritu Santo a todos aquellos a quienes está dirigida. Nos encontramos aquí con la tarea de la interpretación, de la exégesis sea a nivel técnico que a nivel popular”.

“Los misioneros que llevaron la fe católica a África hacia el final del siglo XIX y durante la mayor parte del siglo XX fueron hombres y mujeres de su propio tiempo y de los países de los cuales provenían. Es por lo tanto natural que la Biblia, en cuanto texto de escritura, no fuese una prioridad en la vida de la iglesia de esas épocas. (...) Esto no significa, sin embargo, que fueran ignorantes de las Sagradas Escrituras ya que el mismo catecismo se basaba, indirectamente en ellas. Más importante aún fue la liturgia. En la misa se leían textos que luego eran comentados en las homilías”.

“África es todavía un continente de evangelización primaria”, que “requiere, evidentemente, que la Palabra de Dios sea anunciada y proclamada con toda su potencia y su vigor. Esto implica que la Escritura sea presentada de manera adecuada para aquellos a los que estamos exhortando a acoger el mensaje cristiano”.

“Con los cristianos que no pertenecen a nuestra iglesia (...) existen dificultades, sobre todo con aquellos grupos que además de ser fundamentalistas, son anti-católicos declarados. (...) Muchos miembros nuestros se sienten a menudo en dificultad por los ataques y los abusos de estos grupos, sobre todo cuando no están adecuadamente preparados para defender la propia posición católicas. Por esto, muchos fieles nuestros se encontraron con la necesidad de profundizar las Escrituras, justamente para poder combatir los ataques dirigidos a ellos mismos y a la Iglesia”.

“Con el sínodo esperamos que el entusiasmo que esta viviendo nuestro continente por la Palabra de Dios sea reforzado y sostenido. Esperamos además que el haber hablado de nuestra historia, de los desafíos que tenemos por delante y de los límites de nuestros recursos, nos permita tener un mayor sostén de aquellos que nos han ayudado en las necesidades que he mencionado.

ASIA. ARZOBISPO THOMAS MENAMPARAMPIL, SDB., DE GUWAHATI (INDIA). Desde los comienzos del cristianismo, los evangelizadores cristianos gozaron del poder de persuasión porque su “Palabra” se tradujo en acción. La madre Teresa de Calcuta es un ejemplo reciente. Los misioneros han conservado su creatividad y han entrado en nuevas áreas de trabajo. Su servicio en los campos de la educación y la sanidad es muy apreciado. (...) Son muy activos en la lucha por la justicia de los grupos oprimidos, en el trabajo a favor del cambio social, en la promoción de la cultura, en la protección del medioambiente, en la defensa de la vida y la familia; en la defensa de los más débiles, los oprimidos y los marginados, dando voz a quien se ha visto privado de ella. (...) Incluso donde el Evangelio encuentra mayor resistencia, el testimonio evangélico de estas obras socialmente significativas tiene buena aceptación".

"Se registra un crecimiento de la Iglesia donde nuestro personal apostólico (sacerdotes, religiosos y catequistas) está activamente comprometido en el trabajo misionero entre las ‘comunidades receptivas’ (...). Entre estos grupos podemos citar muchas minorías étnicas (poblaciones tribales) que se encuentran en distintas partes de China, en las islas de Indonesia, en el Myanmar septentrional, en Tailandia, en el nordeste de la India”.

“En Asia se comprende la vida religiosa, se reconoce su importancia, se aprecia su contribución y se respeta a sus representantes. Efectivamente, existen modelos nativos de vida religiosa que pertenecen a otras religiones asiáticas. Valores religiosos como la renuncia, la austeridad, el silencio, la oración, la contemplación y el celibato se tienen en gran consideración. (...) En Asia se considera a las personas religiosas como los guardas de la sabiduría, tanto religiosa como humana. Con una formación adecuada, los jóvenes creyentes pueden crecer y llegar a ser anunciadores eficaces del mensaje cristiano”.

“La consolidación de la formación teológica significa también profundizar en la reflexión sobre la Palabra de Dios en el contexto de Asia, caracterizado por la pobreza y la injusticia, y por una pluralidad de religiones, civilizaciones y culturas. Esto implica el uso de categorías de pensamiento, símbolos y tradiciones espirituales que tengan un significado para los asiáticos. Esta tarea es un gran desafío para quienes enseñan la ‘Palabra".

“Cuando una civilización está estrechamente vinculada a una de las religiones más importantes (por ejemplo, el Islam, el Hinduismo, el Confucionismo, el Shintoismo), hay que evaluar con cuidado qué elementos de esas religiones conviene adoptar para la fe y el culto. Si quienes enseñan la “Palabra” comienzan a usar expresiones que los seguidores de esas grandes religiones consideran propias, estos últimos podrían considerarlo una violación de lo que para ellos es sagrado y percibir la comunidad cristiana como una imposición extraña. (...) Y al revés: las expresiones cristianas tradicionales podrían carecer de atractivo para la mentalidad colectiva de la sociedad a la que va dirigido el mensaje”.

“Muchas de las enseñanzas de Jesús que han llegado hasta nosotros fueron impartidas durante encuentros normales entre personas. (...) Esto es lo que está sucediendo hoy en Asia, de manera silenciosa pero eficaz, gracias al esfuerzo de los fieles cristianos que llevan un mensaje de paz en las situaciones de conflicto, de justicia donde existen comunidades oprimidas, de honradez donde reina la corrupción, de igualdad donde existen diferencias (de casta, de clase, de género, de raza y de etnia), de ayuda a los pobres y los hambrientos. Es un modo de dar testimonio de Cristo diferente respecto a la presentación de un libro que reivindica la verdad, o a debates y disquisiciones, pero es un modo bien elocuente de explicar las enseñanzas del Evangelio. Traducen el mensaje cristiano en vida”.

“En muchos países de Asia, los cristianos viven bajo una fuerte presión. La libertad está restringida, los neo-conversos son perseguidos y la comunidad de los fieles es víctima de persecuciones, como ha sucedido recientemente en Orisa (India). A pesar de todo, la paciencia, la discreción, la moderación en las reacciones, el espíritu de perdón manifestados por la comunidad tienen un poder de evangelización”.

EUROPA. CARDENAL JOSIP BOZANIC, ARZOBISPO DE ZAGREB (CROACIA). “Existe un vínculo indisoluble entre la Biblia y Europa. Todo aquello que hizo grande a la cultura europea y a su civilización (...) tiene su propio punto de partida en la Biblia. Temas como la dignidad de la persona, el reconocimiento de los derechos humanos, la separación entre Iglesia y Estado -tan solo por citar algunos ejemplos- tienen su núcleo en el manantial de la Biblia. La justicia social, los derechos, la crítica a cualquier tipo de idolatría, el rechazo a las falsas imágenes de Dios, también tienen su fundamento en la Biblia”.

“Hoy en Europa se advierten los signos de un renovado interés por la Biblia. Por lo tanto es necesario volver a partir de Dios y del evento de su Revelación, y al mismo tiempo tener el coraje de una nueva y más madura propuesta de Lectio divina”.

“Europa sin Dios corre el riesgo de convertirse en un nido de angustia y de construir una civilización del miedo. La Palabra de Dios restituye la esperanza y la alegría. Europa, además entra en crisis cuando no acepta la fuerza interpretativa de la Palabra de Dios, que tiene en la fe y en la inspiración su fundamento último. Es ardua esta tarea para todas las disciplinas científicas y especialmente para la teología. Europa con razón se jacta del desarrollo de su propio pensamiento teológico pero es necesario un ulterior esfuerzo para una confrontación más proficua con las nuevas interpretaciones y búsquedas científicas, que a menudo están, a propósito, separadas de los paradigmas hermenéuticos de la verdad cristiana”.

“De hecho, una cultura que rompe con la celebración cristiana, es decir con la celebración del Misterio de la bondad de Dios y de la salvación en Cristo, arriesga su propia felicidad y empuja a Europa hacia la civilización de la aflicción y de la tristeza, que advierte el peso de la vejez y de la muerte. La Palabra de Dios restituye al hombre europeo la capacidad de celebrar la vida. Allí donde existen la celebración de los misterios cristianos, la Iglesia es joven, y esto garantiza la juventud para Europa”.

“Colmados por el Espíritu de Cristo que tomaban de las Sagradas Escrituras, muchos católicos y cristianos europeos del siglo veinte, han podido discernir entre el bien y el mal, han podido resistir al desafío de los totalitarismos, revelando la pérfida y satánica desviación. La Sagrada Escritura les ha permitido, descubrir no solamente las debilidades de los otros y las propias, sino antes que nada la esperanza que surge de la misma Palabra de Dios”.

OCEANIA. OBISPO MICHAEL ERNEST PUTNEY, DE TOWNSVILLE (AUSTRALIA). “"La gran dedicación a su labor, a veces heroica, de los misioneros que difundieron la Palabra de Dios predicando el Evangelio, los Sacramentos, y enseñando la tradición de la Iglesia a tanta gente en todo el Pacífico, ha dado frutos abundantes. Estos frutos no están exentos de ambigüedades, porque como se señala en "Ecclesia in Oceania", los misioneros a veces también introducían elementos que eran culturalmente extraños a la gente. También es verdad que a veces algunos elementos de la cultura de acogida que se contradicen con la Palabra de Dios siguen ejerciendo una influencia en las vidas de la gente. Ante estos desafíos, sigue siendo muy necesario contar con personal competente que enseñe en los seminarios y los institutos de educación superior de los numerosos países de Oceanía".

“Las nuevas iglesias del Pacífico afrontan hoy los retos de la transición cultural, puesto que en algunos lugares pasan de las comunidades de las aldeas a la vida urbana y a la participación en una economía global. Esta transición puede causar tensiones en la vida familiar y un desgarro en el tejido social. Además, a veces pueden encontrar dificultades para afrontar el proceso político occidental que en gran parte heredaron de sus colonizadores europeos, y las crecientes amenazas medioambientales a causa de los cambios climáticos. Asimismo, en muchos países de Oceanía, existe un número increíble de lenguas en las que la Palabra de Dios debería ser comunicada (...) en total más de mil doscientas lenguas completamente diferentes”.

“Australia es uno de los países más secularizados del mundo. Nueva Zelanda cuenta con muchos más habitantes procedentes de las islas del Pacífico, que tienden a ser más religiosos, pero la cultura europea predominante es tan laicista como la australiana”.

“Después de la Jornada Mundial de la Juventud, algunos australianos y neozelandeses sintieron que la promesa de una nueva evangelización por fin se estaba poniendo en marcha a pesar de la aparente impermeabilidad de la cultura secularizada”.
“El desafío que Australia y gran parte de Oceanía tienen que afrontar consiste en encontrar nuevos caminos para que este don del Evangelio sea escuchado”.

“Ecclesia in Oceanía” pedía también que las Escrituras fueran traducidas al mayor número posible de lenguas vernáculas. En este sentido, el número de lenguas existente en las numerosas islas de Oceanía representa un desafío único para la Iglesia".

“La Iglesia en Australia y en Nueva Zelanda y en los demás países de Oceanía está concentrando su atención cada vez más insistentemente en la necesidad de dedicarse a una nueva evangelización en esta zona del mundo, especialmente en la cultura secularizada de Australia y Nueva Zelanda. Sin embargo, actualmente no se ha identificado un método único ni existe una comprensión común sobre lo que hace falta en términos prácticos”.

“Al mismo tiempo, las relaciones ecuménicas con las mayores Iglesias cristianas y las relaciones con la comunidad hebrea, la comunidad islámica y con las demás religiones mundiales son una experiencia muy positiva para la Iglesia, en muchas zonas de Oceanía. Tratamos de trabajar juntos, en nuestra cultura secularizada, para afirmar el valor fundamental de la fe en Dios y el derecho de los creyentes a dar su contribución a nuestra cultura secularizada”.

A continuación intervino, como invitado especial, el Rabino jefe Shear Yashuv Cohen, de Haifa (Israel) y cerró la sesión el cardenal Albert Vanhoye, SI.

RABINO JEFE SHEAR-YASHUV COHEN, DE HAIFA (ISRAEL). “Siento profundamente que mi presencia entre vosotros es sumamente significativa. Trae consigo un signo de esperanza y un mensaje de amor, convivencia, y paz para nuestra generación y para las generaciones futuras”.

“Rezamos a Dios utilizando sus propias palabras, como nos son relatadas en las Escrituras", afirmó. "Del mismo modo, le alabamos utilizando sus mismas palabras tomadas de la Biblia. Imploramos su misericordia, recordando que Él lo prometió a nuestros antepasados y a nosotros. Todo nuestro servicio se basa sobre una antigua regla, como nos la han relatado nuestros rabinos y maestros: 'Dadle lo que es suyo, porque vosotros y lo vuestro sois suyos'”.

“Creemos que la oración es el lenguaje del alma en su comunión con Dios. Creemos sinceramente que nuestra alma es suya, que Él nos ha dado”.

“Cuando los rabinos hablamos en nuestros sermones sobre temas como la santidad de la vida, la lucha al secularismo, la promoción de los valores de la fraternidad, del amor y la paz, la igualdad y el respeto a los demás y a los que son diferentes de nosotros, siempre tratamos de basar nuestras palabras sobre citas bíblicas, como son interpretadas por nuestros santos sabios, a través de las generaciones".

“Nuestro punto de partida se encuentra en los tesoros de nuestra tradición religiosa, aunque hablemos con un lenguaje moderno y contemporáneo y afrontemos cuestiones actuales. Es sorprendente constatar cómo las Sagradas Escrituras nunca pierden su vitalidad e importancia para presentar cuestiones de nuestro tiempo y época. Este es el milagro de la eterna y perpetua Palabra de Dios”.

CARDENAL ALBERT VANHOYE, SI. Hablando sobre el documento de la Pontificia Comisión Bíblica sobre “El pueblo judío y sus Escrituras Sagradas en la Biblia Cristiana”, afirmó que “el Documento está compuesto por tres capítulos. El primero se titula “Las Escrituras Sagradas del pueblo judío, parte fundamental de la Biblia cristiana”. (...) El Antiguo Testamento no es simplemente una parte entre otras de la Biblia cristiana. Es la base, la parte fundamental. Si el Nuevo Testamento se hubiera establecido sobre otra base, no tendría valor verdadero. Sin la conformidad con las Sagradas Escrituras del pueblo judío, no se la hubiera podido presentar como el cumplimiento del designio de Dios".

El primer capítulo presenta una larga demostración de las afirmaciones contenidas en su título. Esto hace ver, antes que nada, que “el Nuevo Testamento reconoce la autoridad de las Sagradas Escrituras del pueblo judío. (...) Seguidamente, el Documento muestra que “el Nuevo Testamento atestigua la propia conformidad a las Escrituras del pueblo judío”.

“El Documento profundiza abundantemente el tema del cumplimiento de las Escrituras, porque se trata de un tema en extremo importante para la relación entre cristianos y judíos, y esto es muy complejo. (...) El cumplimiento de las Escrituras conlleva necesariamente tres aspectos: un aspecto fundamental de continuidad con la revelación del Antiguo Testamento pero, al mismo tiempo, un aspecto de diferencia sobre algunos puntos y otro de superación. Una simple repetición de lo que se encuentra en el Antiguo Testamento no es suficiente para poder hablar de cumplimiento. Es indispensable un progreso decisivo”.

“En el apartado 21 el Documento vuelve sobre la noción de cumplimiento y afirma que “es extremamente compleja, y puede ser fácilmente falseada si se insiste unilateralmente o sobre la continuidad o sobre la discontinuidad”. La pastoral debe, por lo tanto, tener cuidado para no falsear la noción de cumplimiento de las Escrituras. El Documento continúa afirmando que “La fe cristiana reconoce el cumplimiento en Cristo de las Escrituras y las esperanzas de Israel, pero que no entiende dicho cumplimiento como la simple realización de lo que estaba escrito. Tal concepción sería limitante. En realidad, en el misterio de Cristo crucificado y resucitado, el cumplimiento se realiza de modo imprevisible. Comporta una superación. (...) El mesianismo de Jesús tiene un sentido nuevo e inédito. (...) Debemos pues renunciar a la insistencia excesiva, característica de cierta apologética, sobre el valor de prueba atribuido al cumplimiento de las profecías. Esta insistencia ha contribuido a volver más severo el juicio de los cristianos sobre los judíos y su lectura del Antiguo Testamento".

“El Documento llega entonces a una conclusión que concierne a los judíos que no creen en Cristo: No se debe, pues, decir que el judío no ve lo que estaba anunciado en los textos, sino que el cristiano, a la luz de Cristo y en el Espíritu, descubre en los textos un plus de sentido en los mismos textos porque estaba oculto en ellos”.

Según el Documento, después de que “los cristianos pueden y deben admitir que la lectura judía de la Biblia es una lectura posible”, (...) no obstante, el Documento hace comprender claramente que esta lectura, posible para los judíos que no creen en Cristo, no es posible, en cambio, para los cristianos, en cuanto implica la aceptación de todos los presupuestos del judaísmo, en particular de aquellos “que excluyen la fe en Jesús como Mesías e Hijo de Dios”. “Cada una de esas dos lecturas es coherente con la visión de fe respectiva, de la que es producto y expresión. Son, por tanto, igualmente irreducibles”.

“El Documento, por lo tanto, puede declarar que “en el campo concreto de la exégesis, los cristianos pueden, sin embargo, aprender mucho de la exégesis judía practicada desde hace más de dos mil años; de hecho, han aprendido mucho de ella a lo largo de la historia”.

“Las Escrituras del pueblo judío son recogidas en la Biblia cristiana bajo el nombre de Antiguo Testamento. El Documento enseguida destaca, en este sentido, que “al llamarlas “Antiguo Testamento”, la Iglesia cristiana no ha querido en modo alguno sugerir que las Escrituras del pueblo judío hubieran caducado y que se pudiese prescindir de ellas. Siempre ha afirmado lo contrario: Antiguo y Nuevo Testamento son inseparables.”.

“El Documento constata que “el Nuevo Testamento asume plenamente todos los grandes temas de la teología de Israel”, pero no se conforma con repetir lo que ya ha sido escrito sobre el argumento, ya que exige su superación en vista de una progresión. “La persona y la obra de Cristo así como la existencia de la Iglesia se sitúan (claramente) en la prolongación de la historia de Israel”.

“De este modo, el Nuevo Testamento no sólo se sitúa en relación con las santas Escrituras del pueblo judío en una línea de profunda fidelidad, sino también de una fidelidad que al mismo tiempo es creadora, de acuerdo con los oráculos proféticos que anunciaban “una nueva alianza”, además del don de un “corazón nuevo” y de un “espíritu nuevo”.

“El tercer capítulo del Documento se titula “Los judíos en el Nuevo Testamento”. (...) Sería un error, efectivamente, concebir el judaísmo de la época como una realidad monolítica. Por el contrario, es necesario constatar la existencia de diferentes corrientes de pensamiento y de comportamiento, a menudo opuestas entre ellas”.

“El Documento considera que “lo más probable es, pues, que Jesús no perteneciera a ninguno de los partidos que existían entonces en el seno del judaísmo. Simplemente era solidario con el pueblo en general. (...) Con respecto al grupo de discípulos “podía muy bien reflejar el pluralismo que existía entonces en Palestina”.

“Después de esta exposición preliminar, el Documento examina de qué modo los hebreos son presentados en los Evangelios y en los Hechos de los Apóstoles. (...) Afirma que “los Evangelios y los Hechos tienen una orientación fundamental muy positiva sobre los judíos, pues reconocen al pueblo judío como el pueblo escogido por Dios para realizar su designio de salvación”.

"Otro aspecto de la situación está expresado luego en estos términos: “Aunque al principio fue acogida positivamente por muchos judíos, la Buena Nueva chocó con la oposición de los dirigentes, quienes al final fueron seguidos por la mayor parte del pueblo. El resultado fue una situación de conflicto entre las comunidades judías y las comunidades cristianas que ha dejado evidentemente sus huellas en la redacción de los Evangelios y los Hechos.”

"Pero el Documento observa que “en el Nuevo Testamento, los reproches dirigidos a los judíos no son más frecuentes ni más virulentos que las acusaciones expresadas contra ellos en la Ley y los Profetas. No deben pues servir más de base al antijudaísmo. Utilizarlos con este fin va contra la orientación de conjunto del Nuevo Testamento. Un antijudaísmo verdadero, es decir una actitud de desprecio, de hostilidad y de persecución contra los judíos en tanto que judíos, no existe en ningún texto del Nuevo Testamento y es incompatible con la enseñanza del Nuevo Testamento (...) Los reproches no corresponden nunca a una actitud de odio".

"Para terminar, el Documento observa que el Nuevo Testamento “se encuentra en grave desacuerdo con la gran mayoría del pueblo judío” porque “es esencialmente una proclamación del cumplimiento del designio de Dios en Jesucristo” (anunciado en el Antiguo Testamento) y la gran mayoría del pueblo judío “no cree en este cumplimiento (...). Por profunda que sea, esta divergencia no implica en modo alguno hostilidad recíproca".

“El diálogo sigue siendo posible, puesto que judíos y cristianos poseen un rico patrimonio común que los une, y es vivamente deseable para eliminar progresivamente prejuicios e incomprensiones de un lado y de otro, para favorecer un mejor conocimiento del patrimonio común y para reforzar los vínculos mutuos".

“Es en esta dirección en la que una completa obediencia de la Palabra de Dios llevará a la Iglesia a progresar”.

 
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