INTERVENCIÓN DEL CARDENAL MARC OUELLET, RELATOR GENERAL DEL SÍNODO

(Ciudad del Vaticano-6.Octubre.2008) El Cardenal Marc Ouellet, Arzobispo de Québec (Canadá) y Relator General del Sínodo, abrió la sesión, leyendo la Relatio ante disceptationem (informe que precede al debate). A continuación ofrecemos un resumen de su intervención:

“Estamos reunidos en la XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de Obispos para escuchar lo que el Espíritu dice en nuestros días a las Iglesias sobre “la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia”. (...) El objetivo del Sínodo es especialmente pastoral y misionero. Consiste en la escucha conjunta de la Palabra de Dios con el fin de distinguir cómo el Espíritu y la Iglesia aspiran a dar una respuesta al don del Verbo encarnado por el amor de las Sagradas Escrituras y el anuncio del Reino de Dios a la humanidad entera”.

“El Sínodo propondrá las orientaciones pastorales para "reforzar la práctica del reencuentro con la Palabra de Dios como fuente de vida", analizando lo recibido del Concilio Vaticano II sobre la Palabra de Dios en relación con la renovación eclesial, el ecumenismo y el diálogo con las naciones y religiones".

(...) Gracias a la visión trinitaria y cristocéntrica del Concilio Vaticano II, la Iglesia ha renovado la conciencia de su propio misterio y de su misión. (...) En efecto, la Constitución dogmática “Dei Verbum” ha supuesto un auténtico cambio en el modo de tratar la Revelación divina. En vez de haber dado mayor importancia, como antes, a la dimensión noética de las verdades del credo, los Padres conciliares subrayaron la dimensión dinámica y dialogal de la Revelación como comunicación personal con Dios. Ellos también han sentado las bases para el reencuentro y un diálogo más vivo entre Dios que llama y su pueblo que responde".

"Este cambio fue entendido como un hecho decisivo por los teólogos, los exégetas y los pastores. Mientras tanto, se afirma generalmente que la Constitución "Dei Verbum" no ha sido plenamente recibida ya que el cambio que ésta inauguró, todavía no ha dado todos los frutos deseados y esperados en la vida y en la misión de la Iglesia. Teniendo en cuenta los progresos alcanzados, habría que preguntarse por qué el modelo de comunicación personal no ha podido penetrar más en la conciencia de la Iglesia, su oración, y sus prácticas pastorales de la misma manera que en los métodos teológicos y exegéticos. El Sínodo debe proponer soluciones concretas para colmar las lagunas y poner remedio a la ignorancia de las Escrituras que se añade a las dificultades actuales de la evangelización".

"En efecto, reconocemos que la vida de fe y el ímpetu misionario de los cristianos se han visto profundamente afectados por diferentes fenómenos socioculturales como son la secularización, el pluralismo religioso, la globalización y la expansión de los medios de comunicación, fenómenos de innumerables consecuencias, como las diferencias cada vez mayores entre ricos y pobres, el aumento de sectas esotéricas, las amenazas a la paz, sin olvidar los ataques actuales contra la vida humana y la familia".

"A estos fenómenos socioculturales deben añadirse las dificultades internas de la Iglesia concernientes a la transmisión de la fe dentro de la familia, las deficiencias de la formación catequística, las tensiones entre el Magisterio eclesial y la teología universitaria, la crisis interna de la exégesis y su relación con la teología y, de manera más general, "una cierta separación de los estudiosos con respecto a los pastores y a la gente simple de las comunidades cristianas".

“El Sínodo debe hacer frente al gran desafío de la transmisión de la fe en la Palabra de Dios en la actualidad. En un mundo pluralista, marcado por el relativismo y el esoterismo, la propia noción de Revelación es cuestionable y tiene que ser aclarada”.

La Palabra de Dios nos convoca y nos acomuna en el designio de Dios por medio de la obediencia de la fe y envía al pueblo elegido hacia las naciones. Esta Palabra de la Alianza culmina en María, que acoge en la fe al Verbo encarnado, al Deseado de las naciones. Retomaremos las tres dimensiones de la Palabra de la Alianza, como el Espíritu Santo las ha encarnado en la historia de la salvación, las Sagradas Escrituras y la Tradición eclesial".

En el primer apartado, el Cardenal Marc Ouellet, refiriéndose a la identidad de la Palabra de Dios, afirma que “el Dios de la Revelación es un Dios que habla, un Dios que es Él mismo la Palabra y que se da a conocer a la humanidad de muchas maneras. Gracias a la Biblia, la humanidad puede ser interpelada por Dios; el Espíritu le concede escuchar y acoger la Palabra de Dios, volviéndose de esta manera Ecclesia, la comunidad reunida por la Palabra. Esta comunidad de creyentes recibe su identidad y su misión de la Palabra de Dios que la funde, la alimenta y la compromete para el servicio del Reino de Dios”.

“La Palabra de Dios de la que es testimonio la Escritura asume, por tanto, diversas formas y contiene diferentes niveles de significación. Esta Palabra designa a Dios mismo que habla, a su Verbo divino, a su Verbo creador y salvador y, finalmente, a su Verbo encarnado en Jesucristo, al mismo tiempo “mediador y plenitud de toda la Revelación”.

(...) En resumen, la Palabra de Dios escrita o transmitida es una palabra dialogal además de trinitaria. Se le ofrece al hombre a través de Jesucristo para introducirlo en la comunión trinitaria y hacerlo encontrar su identidad plena. (...) Dios habla y, por este hecho, el hombre se configura como un ser interpelado. (...) Hay que tener presente esta dimensión antropológica de la Revelación, ya que ésta juega un papel muy importante hoy en día en la hermenéutica de los textos bíblicos. El Concilio Vaticano II ha redefinido la identidad dialogal del hombre a partir de la Palabra de Dios en Cristo".

Refiriéndose después a la figura de la Virgen, el Cardenal Marc Ouellet dice que María “cumple perfectamente la vocación divina de la humanidad a través de su “si” a la Palabra de la Alianza y a su misión. Con su maternidad divina y su maternidad espiritual, María se presenta como el modelo y la forma permanente de la Iglesia, como la primera Iglesia”. “Nos detenemos frente a la figura enlace de María entre la antigua y la nueva Alianza que acompaña el pasaje de la fe de Israel a la fe de la Iglesia. Contemplemos el pasaje de la Anunciación, que es el origen y el modelo insuperable de la auto-comunicación de Dios y de la experiencia de fe de la Iglesia. Éste nos servirá como paradigma para comprender la identidad dialogal de la Palabra de Dios en la Iglesia”, dijo.

En el apartado titulado “Tradición, Escritura y Magisterio”, el purpurado afirma: "En la Tradición viva de la Iglesia, la Palabra de Dios ocupa el primer lugar: es el Cristo viviente. La Palabra escrita es testimonio de ello. La Escritura, en efecto, es una prueba histórica y una referencia canónica indispensable para la oración, la vida y la doctrina de la Iglesia. No obstante, la Escritura no es toda la Palabra, no se identifica totalmente con ella, debido a la importancia de la distinción entre la Palabra y el Libro, así como entre la letra y el Espíritu”.

La segunda sección, “Comunión”, se abre con la palabra de Dios en la vida de la Iglesia y en el capítulo dedicado a la Sagrada Liturgia el cardenal observa que "la Liturgia es considerada como un ejercicio de la función sacerdotal de Jesucristo, un ejercicio en el cual el culto público integral es ejercitado por el Cuerpo místico de Jesucristo, es decir, por la Cabeza y sus miembros. (...) El protagonista de la santa Liturgia es Cristo mismo, que se dirige a su pueblo y se ofrece a su Padre por un sacrificio de amor para la salvación del mundo. Aunque parezca que la Iglesia tiene un papel preponderante en la observancia de los ritos litúrgicos, en realidad cumple una función subordinada al servicio de la Palabra y de Él, que es quien habla. El eclesio-centrismo es ajeno a la reforma del Concilio".

“¿Cómo se debería cultivar entre los fieles la conciencia de que la Liturgia es el ejercicio de la función sacerdotal de Jesucristo a la cual la Iglesia se une como una Esposa bien amada? ¿Qué consecuencias deberían tener el redescubrimiento de este lugar original de la Palabra sobre la hermenéutica bíblica, sobre la celebración eucarística y, especialmente, sobre el lugar y la función de la Liturgia de la Palabra, incluyendo la homilía?".

“La palabra de Dios en la misión de la Iglesia" es el título del tercer apartado y en él el cardenal afirma que "el corazón de la misión de la Iglesia es evangelizar. (...) Evangelizar significa para la Iglesia llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad. (...) Cuando el Espíritu habla a la Iglesia hoy recordándole las Escrituras, la está invitando a un nuevo testimonio de amor y de unidad, para que realce la credibilidad del Evangelio ante un mundo que es más sensible a los testigos que a los doctores. (...) En consecuencia, el testimonio de la palabra de Dios exige discípulos misioneros que sean auténticos testigos del primado del amor sobre la ciencia”.

En la conclusión el Cardenal Marc Ouellet señala:

“Jesús viene siempre, en la Iglesia, a “dar testimonio de la Verdad” y a comunicar a los que creen en su nombre el conocimiento del Padre, que él posee en plenitud (...). Conscientes de la renovación eclesiológica ligada a la concepción dinámica y dialogística de la Revelación, hemos sugerido algunas pistas de profundización de la palabra de Dios a partir de la fe de María tal y como se prolonga en la vida de la Iglesia, la liturgia, la predicación, la lectio divina, la exégesis y la teología".

"La aplicación de este paradigma mariano supone una profundización pneumatológica de la tradición eclesial y de la exégesis de las Escrituras, que dan cuenta de la virtud de la Palabra de Dios, distinguiéndola cuidadosamente de la presencia eucarística. Más que una biblioteca para eruditos, la Biblia es un templo donde la Esposa del Cantar de los Cantares escucha las declaraciones del Amado y celebra sus besos. (...) Esta perspectiva más dinámica que noética requiere una teología más contemplativa, radicada en la liturgia, en los Padres y en la vida de los santos, una exégesis practicada en la fe conforme a su objeto, y también una filosofía del ser y del amor".

"Nos abre a una lectura espiritual de la Biblia más fructuosa, a una interpretación eclesial de la Escritura y a una revitalización del diálogo misionero de la Iglesia bajo todas sus formas. La frecuentación más asidua de las Escrituras reavivará la conciencia misionera de la Iglesia y su amor al hombre, imagen de Dios con deseos de semejanza divina".

 
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