ESTA MAÑANA SE REALIZÓ LA DECIMOTERCERA CONGREGACION
GENERAL DEL SÍNODO
* Destaca el testimonio del Cardenal Emmanuel III Delly de Irak sobre la vida de los cristianos en ese convulsionado país

(Ciudad del Vaticano-14.Octubre.2008) Con la presencia del Papa Benedicto XVI y 241 padres sinodales esta mañana se realizó la decimotercera Congregación del Sínodo de los Obispos, que tuvo como Presidente delegado de turno al Cardenal George Pell, Arzobispo de Sydney (Australia). Durante esta sesión destacó el testimonio del Cardenal Emmanuel III Delly de Irak sobre la vida de los cristianos en ese convulsionado país.

A continuación ofrecemos extractos de algunas intervenciones realizadas en el Aula del Sínodo:

CARDENAL TARCISIO BERTONE, SDB., SECRETARIO DE ESTADO DEL VATICANO. “Existe una clara indiferencia ante una fe comunicada a través de la Sagrada Escritura, (...) que se suma a un notable grado de ignorancia y sobre todo a la dificultad de advertir su valor vital. (...) Sin embargo, se nota en muchos de los jóvenes una sorprendente vitalidad hacia la Biblia cuando la sintonía se alcanza no tanto, por la autoridad de una página bíblica llamada Palabra de Dios, sino por unos adultos que les educan pacientemente y son testigos creíbles del personaje más grande, que es la figura de Jesús. Si el adulto, en cuanto educador-amigo consigue que el joven abra su corazón, entonces la Escritura se propone como un don que lleva consigo todas las cualidades de la Palabra de Dios”.

CARDENAL EMMANUEL III DELLY, PATRIARCA DE BABILONIA DE LOS CALDEOS (IRAK). “Soy un hijo de la tierra de Abraham, Irak. (...) Hemos hecho todo lo posible por obtener la paz y la tranquilidad en el país. La situación en algunas partes de Irak es desastrosa y trágica. La vida es un calvario: faltan la paz y la seguridad, así como los elementos básicos cotidianos. Todos temen secuestros e intimidaciones. (...) Por no hablar del número cada vez mayor de muertos causados por las bombas y los kamikazes que llevan cinturones llenos de explosivos. (...) Para nosotros, vivir la Palabra de Dios significa testimoniarla también al precio de la propia vida, como ha sucedido con el sacrificio de Obispos, Sacerdotes y fieles. (...) Por eso, les suplico que recen por nosotros y con nosotros al Señor Jesús, Verbo de Dios, y que compartan nuestra preocupación y nuestras esperanzas, para que la Palabra de Dios hecha carne permanezca en su Iglesia y junto a nosotros como buen anuncio y apoyo. Dieciséis de nuestros sacerdotes y dos obispos han sido secuestrados y liberados tras un rescate muy costoso. Algunos de ellos pertenecen al grupo de los nuevos mártires que hoy interceden por nosotros desde el cielo: el Arzobispo de Mosul, Faraj Rahho, el Padre Raghid Ganni, otros dos sacerdotes y otras seis jóvenes”.

OBISPO JAVIER ECHEVARRÍA RODRÍGUEZ, PRELADO DEL OPUS DEI. “En la vida de los santos, el encuentro con la Palabra de Dios por medio de la lectura de la Sagrada Escritura ha producido un cambio radical en la existencia. Tenemos que tratar de tener todos, nosotros, nuestros sacerdotes y los laicos una profunda sed de Jesucristo, viviendo cada escena del Evangelio como un personaje más. (...) Es oportuno que nosotros, pastores, en el sacramento de la Confesión recomendemos con frecuencia a los fieles la lectura del Evangelio, enseñando a participar en lo que se narra allí e invitando a los penitentes a que ofrezcan también ellos este mismo consejo a los familiares y amigos. (...) Es necesario hacer lo posible para que nosotros, los cristianos, como los santos, tratemos de llevar estos textos a nuestra vida personal cotidiana, para transformarla. (...) Sería conveniente promover iniciativas para difundir entre los fieles esta actitud de oración y de recogimiento interior frente al Evangelio para que incida realmente en nuestra vida cotidiana”.

OBISPO JOSEPH NGUYEN CHI LINH, DE THANH HOA (VIETNAM). “El Evangelio fue proclamado por primera vez en nuestra tierra a inicios del siglo XVI, en el doloroso contexto de una guerra civil entre dos reinos. (...) Inmersos en una historia entretejida de odio, de guerras ideológicas y de limitaciones discriminatorias, nuestros cristianos están cada vez más convencidos de que solo la Palabra de Dios les puede conservar en el amor, en la alegría, en la paz, en la comunión y en la tolerancia. (...) Merece la pena citar un episodio para demostrar que la Palabra de Dios sigue sosteniendo a la Iglesia en Vietnam. Se trata de la conversión en masa de miles de personas pertenecientes a minorías étnicas, poco después de la canonización de los 117 mártires de Vietnam en 1988. Lo más curioso es que muchos hayan admitido haber escuchado la Radio Protestante en Manila, Filipinas, y que se hayan convertido al catolicismo en Vietnam. La Palabra de Dios, resonando desde muy lejos y alcanzando sus oídos, se ha convertido en fuente de esperanza para estas personas dispersas entre las montañas, privadas de todo y sin futuro”.

ANDREA RICCARDI, FUNDADOR DE LA COMUNIDAD DE SAN EGIDIO (ITALIA). "Gregorio Magno enseña que la Palabra crece con quien la lee. Ilumina a los pobres, guiándonos a entender que estar cerca de ellos es estar cerca del mismo Cristo. Hace brotar la dimensión estructural del cristiano: el discípulo. (...) En un tiempo de torbellino de palabras, la Palabra hace madurar en el silencio. (...) A veces la Palabra está encadenada por los proyectos, el protagonismo, las lecturas ideológicas. (...) Evangelizar no es una técnica, sino un desbordarse de la Palabra. El Sínodo puede ser el momento oportuno para que madure en el Pueblo de Dios una estación de amor por la Escritura”.

LUIS FERNANDO FIGARI, SUPERIOR GENERAL DE LA SOCIEDAD VIDA CRISTIANA (PERU). "El Papa Pablo VI ponía de relieve la dimensión comunicativa de la revelación divina en la "Ecclesiam suam". (...) La Palabra eterna encarnada habla en lenguaje humano, y manifiesta el misterio de Dios y su plan, así como el misterio del ser humano, la grandeza de su vocación y el horizonte de su realización personal. (...) En este camino es fundamental un silencio activo que implica no sólo escuchar debidamente sino abriendo el corazón a la interiorización y adhesión a la Palabra de Dios. La Palabra escuchada y acogida, alimenta en nosotros la fe en la mente, transformando nuestros criterios hasta llegar a tener "la mente de Cristo" (...) y nos impulsa a la fe en la acción, conscientes de que son bienaventurados aquellos que "oyendo la palabra la ponen en práctica".

 
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