Saludo final en la V Conferencia de Aparecida - Cardenal Re

Parte
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Queridos Hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio
Queridos hermanos y hermanas en el Señor,
Estimados Observadores de otras confesiones religiosas,

1- Después de estas intensas jornadas de oración y trabajo, hemos llegado al término de esta V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y Caribeño. Quizá estemos un poco cansados, pero ciertamente todos estamos muy felices y con el corazón colmado de gozo.

Han sido dias hermosos, llenos de alegría. Puedo decirles que me ha gustado mucho el clima de cordialidad, de confianza, de comunión y de libertad que ha reinado durante estos días. Quedarán como algo inolvidable también las espléndidas celebraciones liturgicas. La presencia de incontables peregrinos al Santuario de Aparecida, llenos de fe, ha sido para todos nosotros motivo de aliento y de esperanza.

Hemos tenido la alegría de encontrarnos juntos como hermanos en el Señor, conscientes de vivir un momento privilegiado de gracias abundantes y de intensa espiritualidad. Hemos trabajado juntos a favor de una tarea común a todos nosotros, como es la de ser y formar discípulos y misioneros de Cristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida.

En las discusiones de grupo y en las comisiones no han faltado a veces puntos de vista diversos y acentuaciones diferentes, signo de libertad y franqueza, pero todos nos hemos encontrado plenamente unidos en las cuestiones substanciales. Además todos nos hemos sentido animados por el mismo amor a Cristo, a la Iglesia y a los pueblos de América Latina y del Caribe.

Esta V Conferencia ha sido vivaz, creativa y profundamente comprometida en el bien de América Latina; ha sido consciente de las dificultades y de los gigantescos desafíos de nuestro tiempo, pero a la vez ha estado orientada constantemente hacia la esperanza y al ardor misionero frente al futuro.

En el momento de caer el telón de esta Quinta Conferencia, el sentimiento que llena el corazón es el de reconocimeinto y gratitud. Queremos dar gracias a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, por estas jornadas tan hermosas, felices y fecundas.

Renovamos la expresión de nuestra gratitud al Santo Padre por haber venido a inaugurar esta Conferencia y por el iluminador discurso de apertura, que nos ha servido como pauta de orientación y motivo de sostén y aliento.

En nombre también de los otros dos Presidentes, agradezco a los dos Secretarios, Mons. Andrés Stanovnik y Mons. Odilo Scherer, por el admirable trabajo llevado a cabo con sabiduría e incansable empeño. Agradezco también a los subsecretarios, a todos los que han colaborado al éxito de la Conferencia y a cuantos han trabajado en su preparación. De un modo especial agradezco al CELAM y a todo su equipo, incluyendo a todo el personal técnico y de servicio.

Un pensamiento especial de gratitud al Arzobispo de Aparecida, Mons. Raymundo Damasceno, por el ingente esfuerzo en la preparación de las estructuras en que la V Conferencia se ha desarrollado, al lado de este hemoso Santuario de Aparecida; a los queridos y abnegados Padres Redentoristas y a cuantos han colaborado. Agradezco también al pueblo y a la Ciudad de Aparecida.

Una especial acción de gracias también a los Observadores que nos han acompañado: ha sido muy grata su presencia; presencia y participación que nos comprometen aún más en favor de un verdadero ecumenismo.

Y un agradecimiento especial a cuantos nos han acompañado con sus oraciones y sacrificios, desde todos los países de América y de otras latitudes durante la V Conferencia.

Al partir de Aparecida todos llevaremos recuerdos muy bellos. Entre ellos, el recuerdo de haber vivido estos días siendo “cor unum et anima una” (Hch 4,32).

Fuente:Celam.info
 
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