Comienza la tercera semana de sesiones de la V CG.
Homilía del primer vicepresidente del CELAM
 

A continuación presentamos la Homilía ofrecida por Monseñor Carlos Aguiar Retes, Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano y Primer Vicepresidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), al reanudarse las jornadas de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, las mismas que concluirán el próximo 31 de mayo.

Homilía
¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Así contestó Isabel el saludo de María, quien presurosa subió a la montaña de Judá, al saber que su prima se encontraba encinta.

¿Quién eres Iglesia en América, para que la madre de mi Señor haya venido a visitarte? Así saludamos hoy, en esta Eucaristía, en esta V Conferencia General, desde este Santuario de Aparecida saludamos a María de Guadalupe, quien presurosa se hizo presente en la montaña del Tepeyac, al saber que estaba en cinta un nuevo pueblo.

María e Isabel intercambiaron saludo y también compartieron las maravillas realizadas por Dios en ellas. La que llamaban estéril se volvió fecunda en plena vejez, y María, sin dejar de ser virgen, se convirtió en la Madre del Amor, en la Theotokos.

¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! Exclamó Isabel, llena del Espíritu Santo, y agregó: Dichosa tú por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor.

María e Isabel manifiestan dos actitudes muy importantes para la vida de los discípulos y para la vida de la Iglesia como discípula.
Primero, la sensibilidad para atender a Dios y, descubrirlo presente en sus vidas, aceptarlo como interlocutor y actuante en sus voluntades, y recibirlo asumiendo en la fe los planes del Señor.

Segundo, la capacidad de buscar a quien también ha descubierto al Señor y sus acciones, y encaminarse para encontrarse con ella y compartir las maravillas que el Espíritu ha obrado.

María no solo ha visitado a su prima Isabel sino también ha hecho lo mismo con nosotros. María de Guadalupe se encuentra con San Juan Diego y le pide vaya en su nombre con el Obispo de México para que le construya una casita donde pueda mostrar todo su Amor: el hijo de sus entrañas, a una sociedad que vivía en la confusión y el desconcierto, a un cruce de razas y culturas que era el surgimiento de un nuevo pueblo.

Hoy nuestros pueblos latinoamericanos en medio de situaciones crónicas y reiterativas de inequidad creciente, autoritarismos que provocan violencia y corrupción, y bajo el influjo de la globalización, de la migración y movilidad humana, del intercambio cultural, atraviesan una etapa de transición, donde está surgiendo con dolores de parto la cultura adveniente que avizoró la III Conferencia General en Puebla, y ante lo cual, el Siervo de Dios Juan Pablo II convocó a la Iglesia a una Nueva Evangelización.

Hoy reconozcamos los dones recibidos gracias a la presencia de María en América, necesitamos acudir y recurrir a ella para que nos muestre al Hijo que trajo al mundo, y con su ayuda, multiplicada en la devoción mariana extendida en todos nuestros pueblos, podamos preparar a la Iglesia para afrontar los nuevos retos que están tocando las puertas de las familias y de la sociedad entera.
Seamos una Iglesia como María de Guadalupe que inculturada muestre el rostro de la misericordia divina para consuelo y fortalecimiento espiritual, para redescubrir la dignidad de toda persona, independientemente de raza, lengua, cultura y nación. Que promueva crecimiento y acompañe el desarrollo de los nuevos discípulos y misioneros de Jesucristo abrevándolos en la sabiduría del amor, del temor, del conocimiento y de la santa esperanza.

Con María, discípula y maestra, seamos una Iglesia que presurosa vaya al encuentro tanto, de quienes como Isabel, reconocen las maravillas que obra el Señor como de quienes, como San Juan Diego, atraviesan por la aflicción, el desconcierto, la incertidumbre, o la desesperanza. Seamos una Iglesia en estado permanente de misión.

Con María, oyente de la Palabra y su fiel servidora, seamos una Iglesia que viva lo afirmado en el libro de la Sabiduría: los que me escuchan no tendrán de que avergonzarse y los que se dejan guiar por mí no pecaran. Los que me honran tendrán una vida eterna. Con María, mujer eucarística, seamos una Iglesia que redescubra y valore la Eucaristía dominical, y experimente que: Los que me coman seguirán teniendo hambre de mí, los que me beban seguirán teniendo sed de mí.

Con María, esclava del Señor, que camina en la obediencia a la voluntad del Padre y en la comunión como espíritu de vida, seamos una Iglesia, que apasionadamente entregada a la causa del Reino de Dios sea casa para todos y escuela donde se aprenda por el testimonio de quienes la forman: la caridad, el amor.

Ayer celebramos Pentecostés. Creámosle a Jesucristo quien ha conseguido del Padre para nosotros el don del Espíritu Santo. Seámosle dóciles a sus inspiraciones para que él sea el artífice de una Iglesia en América renovada, que haga presente y refleje el amor misericordioso y la bondad infinita de Dios, nuestro Padre.

Los invito a confiar como María y hacer nuestra su experiencia para que podamos felicitar a la Iglesia en América: Dichosa tú por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor. Y ya cerca del término de la V Conferencia General los invito a exclamar: Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque él miró con bondad la pequeñez de su servidora.

Amén.
+ Carlos Aguiar Retes
Obispo de Texcoco
Primer Vicepresidente del CELAM
 
 
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