Monseñor Daniel Turley: Nuestras comunidades tienen que salir a servir a quienes no conocen a Cristo
 
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Monseñor Daniel Turley Murphy,OSA, Obispo de Chulucanas, Delegado de la Conferencia Episcopal Peruana para la V Conferencia General, se encuentra participando en la preparación del “Documento final” de esta gran Asamblea. Las iglesias locales, la parroquia, los nuevos movimientos, la familia y el ecumenismo; son algunos de los temas que se han abordado en la “subcomisión” en la que interviene, el marco del cuarto capítulo que estará dedicado a: “La comunidad de los discípulos misioneros de Jesucristo”. En la última semana del desarrollo de la VCG, conversamos con él, sobre las reflexiones hechas respecto a este apartado.

¿Cómo han transcurrido los trabajos en la subcomisión en la Usted está trabajando?

Esta parte del Documento la considero hermosa. Hablamos sobre la enseñanza de nuestro Señor Jesucristo cuando nos dice, que nadie va a creernos sino damos testimonio de amarnos los unos a los otros y de vivir como hermanos. En esta vivencia de la comunidad, vamos a conquistar el mundo, vamos a llevar su mensaje al mundo, si vivimos de verdad como hermanos y hermanas.
 
En la Iglesia naciente, como lo narran los Hechos de los Apóstoles, encontramos que así vivían las comunidades nacientes, como hermanos, en comunidad. La Iglesia era comunidad. Esto es lo que hemos ido meditando, la Iglesia se especifica en las iglesias particulares (diócesis, vicariatos, prelaturas). En estas iglesias particulares hemos visto la figura del obispo -que es el gestor de la comunión, no es un administrador más- sino él que tiene que promover la comunión en su diócesis y esta debe ser una preocupación permanente. Buscar la unión y comunión entre todos los fieles para que ellos también se pongan al servicio de la comunidad.

También ha hablado sobre la parroquia…

Hemos estado viendo como la parroquia está llamada a ser una comunidad de comunidades, una comunidad viva, donde todas las personas pueden sentirse parte, una casa y escuela de comunión como decía el Papa Juan Pablo II. En la parroquia una figura importantísima es el párroco, los sacerdotes, que también como el obispo, son gestores de la comunión. El párroco debe ser la persona que tenga esta misión de promover la comunión respetando los carismas, que hay en su comunidad parroquial, tratando de descubrir en las personas y en los distintos grupos sus carismas, y ponerlos al servicio de la comunidad. El párroco entonces debe llamar a la unión a todos los grupos existentes, en su parroquia, todos los movimientos, los nuevos movimientos, las comunidades religiosas, etc. para trabajar juntos en una pastoral orgánica, formando una comunidad de comunidades. No en competencia sino ayudándose mutuamente para servir mejor a este mundo en que vivimos.

¿En tanto a las comunidades, que reflexiones han realizado?

Hemos estado revisando que en la Iglesia, sobretodo en los últimos años, han nacido muchas comunidades eclesiales de base, que son pequeñas comunidades que están llamadas también a vivir en comunión. Ellos se reúnen alrededor de la Palabra de Dios, alrededor de la Eucaristía, y meditan esta Palabra de Dios, y deben esforzarse por aplicar esta Palabra a la realidad en que están viviendo. Las pequeñas comunidades eclesiales de base están surgiendo en muchas partes de América Latina y del Caribe, y son verdaderamente fuente de vida, de solidaridad, de comunión, en las iglesias locales, en las parroquias.
Junto a estas comunidades encontramos también una diversidad de nuevos movimientos…

También hemos estado reflexionando sobre los nuevos movimientos. Hay muchos nuevos movimientos en la Iglesia, en nuestro Perú, hay movimientos que van surgiendo y es una bendición para la Iglesia, tienen sus carismas especiales. Lo importante en nuestra revisión, es que los grupos no deben dispararse por su lado sino buscar la armonía y tratar de complementarse, no estar en una competencia para ver quien es mejor, sino más bien ser solidarios entre si, y ayudar a los párrocos, al obispo del lugar, para atender mejor, a los fieles en la respectiva iglesia particular o en la parroquia; porque hay una tendencia de algunos grupos de querer hacer muchas obras buenas pero sin coordinación necesaria con el párroco ni con el obispo. En este sentido, es muy importante el espíritu de comunión. Que todos se esfuercen y hagan un sacrificio por buscar la armonía, la paz, y trabajar juntos como hermanos, colocando todo al servicio de la comunión.
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¿Qué reflexiones se han extraído entorno a la Familia?

En otro momento también hemos abordado el tema de la familia, que es la célula básica de la sociedad y de la Iglesia, es la iglesia domestica. Es el núcleo donde los padres e hijos van enseñándose mutuamente cómo vivir “en familia y en comunidad”. Es donde van aprendiendo cómo relacionarse como personas, los padres de familia, en esta pequeña célula, van enseñando a sus hijos los valores fundamentales de la vida y sobretodo los valores de Cristo Jesús. Así, la familia, es una verdadera comunidad, es la primera comunidad, iglesia domestica, importantísima. Vemos que las familias atraviesan un momento muy difícil, que hay ataques muy fuertes por parte de un mundo secularizado, que menosprecia la familia. Vemos la necesidad de que las familias se fortalezcan, hay que defenderlas, defender la vida, y defender la vida comunitaria que nace de las familias.

¿Qué puede decirnos respecto al ecumenismo, que ha sido un tema en su subcomisión?

Un tema también de nuestro grupo ha sido el ecumenismo, vemos que es triste ver muchos cristianos que creen en Jesucristo, en la misma Palabra de Dios pero están muy distanciados. De aquí, que el Papa en el Concilio de Vaticano II nos llamó a todos a buscar un sano ecumenismo, de tratar ir poco a poco sanando las heridas e ir uniéndonos, porque es el mismo Cristo que tiene que unirnos. Creo que el ecumenismo es una fuente de comunión, de comunidad.
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¿Cómo se enlazan estos temas con la misión continental que se quiere?

De cara a la misión, hemos visto que ningún discípulo de Cristo, ningún misionero de Cristo, puede serlo aisladamente. Al querer promover el discipulado, en esta V Conferencia General la “Gran misión continental”, el deseo del Papa, de los Obispos de América Latina y el Caribe; no es que cada uno se dispare sólo por el mundo para hacerlo sino que no reconozcamos como comunidad. Entonces, como comunidad bien fortalecida salimos a esta misión, de ponernos al servicio de los más humildes, de los más pobres, de los más necesitados y ponernos al servicio de este mundo, que tanto necesita de Cristo Jesús.

Finalmente, ¿Qué prioridades deberían establecer las comunidades católicas hoy?

La comunidad en primer lugar tiene que ser una “comunidad de fe”, tiene que tener una fe firme en Jesucristo. Si lo que les une no es Jesucristo, no tiene sentido. Esta comunidad de fe, tiene que ser una comunidad orante, como es el caso de las comunidades eclesiales de base, que se reúnen para orar, se juntan alrededor de la Palabra de Dios, y meditan esta Palabra. Luego, no les puede faltar algo que es un don de Dios: la Eucaristía, que es la fuente de la comunidad eclesial. El Papa Juan Pablo II nos dijo que la Iglesia vive de la Eucaristía, que no puede haber Iglesia si no hay Eucaristía.

El Papa Benedicto XVI nos has dejado la Exhortación Apostólica “Sacramentum Caritatis” y la Encíclica “Deus caritatis est”, donde señala que para que haya amor en la Iglesia, y viva en la Iglesia tiene que haber Eucaristía. Entonces en las comunidades tienen que ir a la Eucaristía, recibir a Cristo eucarístico. Al recibir la Eucaristía tiene que profundizar en que ese Cristo que están recibiendo, es el Cristo total, que como señalaba Juan Pablo II en “Novo Millennio Ineunte” tenemos que tener una espiritualidad de comunión, tenemos que ser cada vez más conscientes de que la persona que está a mi lado, me interesa profundamente porque es mi hermano, porque formamos todos parte del cuerpo místico de Cristo. Por tanto, cuando recibimos la Eucaristía, recibimos a Cristo total pero con todos sus miembros. Cuando recibimos la Comunión también, es el impulso para servir, por tanto, nuestras comunidades tienen que salir a servir a quienes no conocen a Cristo, a quienes sufren enfermedades, personas pobres y humildes que necesitan nuestra ayuda, nuestra solidaridad, nuestro amor. Creo que estos elementos tienen que estar permanentemente presentes en nuestras comunidades, estas no podrían ser egoístas, preocupadas por si mismas; tienen que ser comunidades serviciales, que se preocupen por los más desprovistos.
  
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