Mons. Ángel Simón: el "discipulado" nace del encuentro personal con Jesucristo
 
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El Documento final de la V Conferencia General, aborda siete grandes temas, en los que los obispos, sacerdotes, religiosas y religiosos, y laicos, se encuentran trabajando en estos últimos días. Sobre la “Vocación de discípulos y misioneros”, y específicamente, de las vocaciones al servicio de la Iglesia y del Reino, es decir de los obispos, sacerdotes, diáconos y laicos, se ha ocupado la subcomisión 3.2. En este grupo, ha participado Monseñor Ángel Francisco Simón Piorno, Obispo de Chimbote y Delegado de la Conferencia Episcopal Peruana, ante esta Asamblea pastoral. Con él conversamos brevemente para conocer el desarrollo de los trabajos.

¿Cuál es la revisión que se ha hecho entorno a este tema?

Creo que se ha hecho un bonito trabajo, al menos en la comisión donde yo estoy participando, entorno al tema “discípulos y misioneros, tomando ya las personas concretas y los colectivos que conforman nuestra Iglesia, hemos tratado el tema del “discipulado y la misión” en los obispos, en la vida religiosa, en el sacerdocio ministerial, y después en el tema del laicado y la vida consagrada. Me parece que han salido cosas interesantes, salen probablemente más luces que sombras, pero la idea que nos movió a presentar más las luces es que queremos que este documento, sea un documento que de alguna manera anime a un “discipulado y a una misión”, y que en ese deseo de ser cada día mejores vayamos corrigiendo los defectos del pasado.

 
Para ese “discipulado” y “misión” ¿De qué características deberían estar impregnados los obispos, sacerdotes, religiosos, etc...?

Considero que para los que somos obispos, sacerdotes, vida consagrada, es clarísimo, que el “discipulado” nace de ese encuentro personal con Jesucristo, de no solamente de haberlo encontrado sino de haberlo conocido, de haberlo amado profundamente, y por eso nos animamos a anunciarlo porque aquello que conoces y reconoces como el Salvador de tu vida, ciertamente, tienes que anunciarlo a los demás. Pero esto, que nos parece que es privativo de una determinada élite de la Iglesia, en definitiva, vemos que es la clave para poner a todos los laicos y a todo el pueblo de Dios en movimiento, y para un anuncio mucho más eficaz del Evangelio, en la sociedad de nuestro tiempo.
¿Qué desafíos concretos han identificado al abordar este tema?

Un poco la rutina, que nos hemos instalado muchas veces en ella, y es como una inercia que nos impide caminar mucho más ágilmente; las ideologías, por otra parte, y sin duda alguna, la cultura envolvente, que es una cultura de realidades concretas y tangibles y no de personas que sabemos que son reales pero a las cuales no podemos cuantificar, no podemos medir, no podemos tocar. Entonces, me parece que es una gran dificultad superar esa redola cultural, y también la costumbre, la rutina en que nos hemos acostumbrado a vivir.
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