CARTA PASTORAL DE SEMANA SANTA
MONS. JUAN CARLOS VERA
(OBISPO PRELADO DE CARAVELI)
"Vivir desde la Fe"

En el lenguaje común es para todos la Semana Santa, Para los Cristianos, esta semana es de verdad santa, porque en ella conmemoramos la Muerte Redentora y la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Estos acontecimientos son el centro de la historia del mundo cristiano , la plenitud de los tiempos, el momento más intenso y de mayor influencia de la historia de la humanidad. De su verdad y de su fuerza vivimos todos.

Jesús, levantado en la Cruz, confiando su vida al Padre Celestial y rogando por sus hermanos los hombres, es la realización más alta, más verdadera y grandiosa de nuestra humanidad. Su fidelidad, consumada en la muerte, le dispuso para lo glorificación de la Resurrección por la que el Padre Celestial le constituyó principio de Salvación para todos los que creen en El.

Para quienes lo vemos así, estos días de la Semana Santa tiene una significación muy especial. No son días para vivirlos de cualquier manera. Tanto la oración oficial de la Iglesia como las tradiciones del Pueblo cristianos nos invitan y nos ayudan a vivir estos días como un tiempo de recogimiento y oración.

Los días de la Semana Santa son una oportunidad para vivir intensamente unos acontecimientos que tiene mucho que ver con nosotros y que nos ayudan a profundizar la verdad y la riqueza de nuestra vida. Recordar lo que Dios ha hecho por nosotros nos hace descubrir con asombro nuestra propia dignidad y grandeza. Nacidos y crecidos en la tierra, somos hijos de Dios y ciudadanos de nuestra patria eterna. Bien vale la pena dedicar un tiempo y un esfuerzo a revivir espiritualmente, en la Iglesia y con la Iglesia, la verdad profunda y permanente de estos hechos.

En las celebraciones litúrgicas de la misa crismal, del jueves, viernes y sábado Santos, los cristianos celebramos estos acontecimientos como realidades presentes, en las cuales podemos participar realmente, gracias a la voluntad de Cristo y al valor universal de sus misterios. De esta manera, con nuestra fe y nuestro amor, podamos tocar las fuentes de la misericordia, de la salvación y de la nueva humanidad que brotan del Sacrificio de Cristo.

En la Vigilia del Sábado Santo, como en la Misa del Domingo de Resurrección, asistimos al momento glorioso de la Resurrección de Jesucristo, principio de la resurrección universal y de la renovación final del mundo entero.

¿Puede un creyente dejar pasar estos días sin acudir con piedad y alegría a estas celebraciones? En ellas está el punto de partida para renovar nuestra vida, para abrirnos a la esperanza y recibir la fuerza interior para construir un mundo diferente, en la verdad y en el amor.

Más de una vez nos preguntamos qué podamos hacer para mejorar tantas cosas que no andan bien. Este puede ser un buen propósito: vivir intensamente la Semana Santa para ser mejores cristianos y colaborar con el Señor en su obra de redención y renovación del mundo.

De fortalecer a las familias que a su vez es la primera comunidad eclesial para los cristianos, la oración en familia, el compromiso con las parroquias, la participación de los miembros de su familia en la liturgia, cantos, charlas, este es un motivo de vivir el amor de la gracia de Dios en el núcleo familiar.

Los cristianos que por compromisos familiares o por el ritmo y las exigencias de la vida tengan que viajar en estos días, o necesiten hacer vacaciones fuera de casa, con un poco interés, podrán también encontrar estas mismas celebraciones y cumplir estos propósitos en sus lugares de descanso.

Los días que se acercan son días santos y tenemos que vivirlos santamente. No nos dejemos dominar por la comodidad o por la indiferencia. Seamos coherentes con nuestra fe. Si creemos de verdad en el valor redentor de la muerte de Jesús si queremos recibir sobre nosotros la fuerza redentora de su amor, busquemos un tiempo en estos días para acercarnos a El, con amor, con humildad, con agradecimiento. Despertemos en nuestro corazón de creyentes una respuesta de amor, de fidelidad y de colaboración al gran amor redentor de Jesucristo. Vivamos con alegría la mañana creadora de la Resurrección. Que la esperanza de la vida eterna nos mueva a vivir la vida de cada día con un espíritu nuevo. La Virgen María, madre de Jesús y madre nuestra, sea nuestro modelo y nuestra ayuda.

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