Carta a los Sacerdotes, Religiosas, Religiosos, laicos, Comunidades parroquiales,
Movimientos, lugares de servicio y entrega en bien de los demás
y a todo hombre y mujer de bien
 
  
 
Esta cuaresma que iniciamos éste 21 de febrero con la celebración del miércoles de Ceniza y en la que somos retados por las palabras “polvo eres y en polvo te convertirás”, nos llama a pensar en que eso somos o es que hay algo más. Sí, hermanos, es necesario decirlo, ese “algo más” tiene que ver con Aquel que dio su vida por ti y por mi. Por ello, te invito a contemplar en estos 40 días, que dura la Cuaresma, la cruz de Cristo. Así como nos invita el Papa Benedicto XVI recordando palabras del evangelio de San Juan “mirarán al que traspasaron” (Jn 19,37); y es que, contemplando a Jesús podemos encontrar un nuevo sentido a la vida, porque la miramos con esperanza, en esa esperanza que Jesús con su muerte y resurrección nos ha conseguido. Es en la cruz bendita donde podemos medir el inmenso amor que Dios nos tiene, que dio su vida por que tengamos vida y vida en abundancia. Es desde la Cruz que acogemos a María, nuestra Madre; ella nos acompaña, ella nos alienta, ella nos dice “hagan lo que él les diga” (Jn 2,5).

Que estos 40 días se nos abran los oídos para la escucha de la Palabra que nos preparará desde la primera semana con la lectura de las Tentaciones de Jesús: es en ella en que Cristo nos enseña a ser fuertes y a vencer. En la segunda semana con la Transfiguración Cristo nos adelanta su Gloria, para que ante la adversidad o los retos de la Cruz no le abandonemos. En la tercera semana, en el encuentro con la Samaritana nos reta a poder encontrar en Él el agua viva que nos lleva a decir: “Señor calma mi sed”. En la cuarta semana nos presenta su luz: Él se presenta como la luz, luz que debe acompañarnos y luz que debe irradiarse para ayudar a los demás. En la quinta semana, previa a la semana Santa, Cristo nos presenta el acontecimiento de la resurrección de Lázaro, Él es la resurrección y la vida. Nos enseña que ayudar a un amigo es devolverle el sentido de la vida. Todo ellas nos preparan a la Semana Santa y con ello entrar en la pasión, muerte y resurrección.

Hay que profundizar en la semana Santa, el centro de nuestra vida cristiana: Pasión, Muerte y Resurrección. Es esto lo que no podemos perder de vista, Pasión, que traducido en nuestro caminar, nos reta a tener a Cristo como nuestro modelo ya que Él es la Paz, el Camino, la Verdad y la Vida. Nos hace leer nuestra pasión en clave de un auténtico amor cristiano y me refiero a los muchos momentos en que vivimos faltos de trabajo, dificultades en la familia, limitados para seguir estudiando, el que no alcance para los alimentos, el tener que subir escaleras gigantescas para llegar a nuestro destino.

Estos problemas, y otros más, nos hacen sentir, a veces, que ya no nos dan las fuerzas. Unamos los signos de esta pasión a los de Cristo y no desmayaremos en nuestra entrega, busquemos que ellos nos lleven a ser como el grano de trigo que muere para dar fruto (Cf. Jn 12,24).

Es en este momento que te invito a unirte a Cristo Crucificado que nos reta, que nos lleva a preguntarnos: ¿Qué es lo que debe morir en ti, en mí? Cuales son mis egoísmos, cuales son esos sentimientos equivocados o mal sanos que nos llevan a deleitarnos en el mal y apartarnos del camino auténtico del seguimiento a Cristo, que nos hace no sentirnos cercanos y unidos como Iglesia y nos lleva a no vivir el Evangelio y distorsionarlo. Por eso te digo “conviértete y cree en el Evangelio” (Mc 1,15).

Hoy en este clima de reflexión te digo que si hay pasión y muerte también hay Resurrección. Creo que puede ser un buen momento para abrir nuestro corazón a este amor misericordioso y dejarnos abrazar por El como lo hizo el hijo pródigo. Dejemos que Jesús con amor misericordioso penetre todo nuestro ser, para que toda nuestra vida sea llevada con amor a pesar del continuo sacrificio y se alegre con la esperanza de la Resurrección que Cristo nos ha ganado para nosotros.

En medio de este tiempo, el domingo 18 de marzo celebraremos el Festival de la Comunión, en el que queremos vivir la expresión del Tabor. Que la Cuaresma sea un tiempo para que, todos los de esta parte del sur de Lima – Lurín, experimentemos la conversión, acudamos al sacramento de la confesión.

De manera especial los sacerdotes dediquen largas horas a estar en el confesionario, a hacer un examen de conciencia personal y también para los fieles para que así ellos realicen una buena confesión. Que la Catequesis y la predicación cuaresmal sean pequeñas misiones populares de tal manera que se dé un paso en este caminar de la conversión. Que en cada zona de la Diócesis vivamos con gran expectativa esta Semana Santa y la aprovechemos de cara a renovar en nosotros el vivir como auténticos hijos y hermanos en Cristo, y expresemos en el lugar en el que vivamos la comunión tal como la pide Dios en un auténtico amor a Dios y a los hombres «Si alguno dice: ‘‘amo a Dios'', y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve » (1 Jn 4, 20) (Papa Benedicto XVI, Carta Deus Caritas Est nº 16).

Queridos hermanos, que este tiempo de Cuaresma renueve en cada uno de nosotros el deseo de eternidad, de solidaridad y caridad que nos lleve a vivir la comunión para salir a la misión.

Con mi bendición,

 
 
+Carlos Enrique García Camader
Obispo de la Diócesis de Lurín