HOMILÍA DE MONS. JOSÉ ANTONIO EGUREN ANSELMI, SCV.
Arzobispo Metropolitano de Piura
 

“La Eucaristía es el corazón de la Iglesia”

1. Sentido de la Fiesta del Corpus Christi

La gran fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo que hoy nos congrega, fue instituida en el siglo XIII. Ella nació con un fin muy determinado: para que los católicos reafirmemos y confesemos públicamente que el Señor Jesús está vivo y realmente presente en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía.

El Corpus Christi es por tanto la fiesta anual para adorar y agradecer manifiestamente al Señor Jesús, que en el Sacramento Eucarístico sigue amándonos “hasta el extremo”, hasta el don de su Cuerpo y de su Sangre (Ver Sacramentum Caritatis n. 1).

Cristo, en su amorosa providencia, ha querido quedarse realmente entre nosotros en la Eucaristía. Por ello, cuando contemplamos en la Santa Misa al Señor, levantado en lo alto por el sacerdote después de la Consagración del pan y del vino; o lo adoramos con devoción expuesto en la Custodia, renovamos con profunda humildad nuestra fe en su presencia real en el Santísimo Sacramento del Altar.

“La Iglesia ha recibido la Eucaristía de Cristo, su Señor, no sólo como un don entre otros muchos…sino como el don por excelencia, porque es el don de sí mismo, de su persona en su santa humanidad y, además de su obra de salvación” (Ecclesiae de Eucharistia, n. 11). La Eucaristía es el corazón de la Iglesia.

Cada Eucaristía es un encuentro personal con Cristo. Nosotros los cristianos, no seguimos a un personaje de la historia pasada, sino a Cristo vivo, presente en el hoy y ahora de nuestras vidas.

El Señor Jesús es el “Viviente” que camina a nuestro lado, descubriéndonos el sentido de los acontecimientos de nuestra vida vividos en la dinámica dolor – alegría. Más aún, Él nos nutre con su mismo Cuerpo y Sangre, alimento de vida eterna.

Cada Eucaristía, es ocasión maravillosa para encontrarnos con Él vivo y Resucitado, para sentir en nuestro corazón lo que sintieron los Discípulos de Emaús: que es verdad todo lo que Él ha dicho y hecho para nuestra salvación. Que Él realmente tiene Palabras de Vida Eterna que resisten el desgaste del tiempo y permanecen para la eternidad. Que Él realmente es el Pan Vivo que ha bajado del cielo para que todo aquél que coma de este Pan tenga vida eterna.

2. Misa Dominical

Por ello hermanos mi llamado a dar prioridad a la Misa dominical, que es sacrificio, acción de gracias, memorial, presencia real, banquete pascual, fuente de caridad fraterna y prenda de la gloria futura.

Hay que participar activamente en la Misa del Domingo y, si es posible, mejor con la familia. La asistencia de los padres con los hijos a la Misa del Domingo es un medio sumamente eficaz para comunicar la fe y para que la familia se mantenga unida en el amor del Señor.
Hoy hay que decirlo con claridad: El Domingo es el Día del Señor, por ello no hay Domingo sin Santa Misa. La celebración dominical de la Eucaristía ha de ser el centro de la vida cristiana.

3. Sacramento de la Caridad

Como nos ha dicho el Santo Padre Benedicto XVI, en su reciente viaje apostólico al Brasil, el encuentro con Cristo en la Eucaristía suscita el compromiso de la evangelización y el impulso de la solidaridad. Despierta en el cristiano el fuerte deseo de anunciar el Evangelio y de testimoniarlo en la sociedad para que ésta sea más justa y humana (Ver Discurso en la Sesión Inaugural de la V Conferencia General, n. 4).

En la Eucaristía, Cristo ha querido darnos su amor, aquél amor que lo impulsó a ofrecer su vida en la Cruz por nosotros. Cuando nos alimentamos en la Santa Comunión con su Cuerpo y con su Sangre, su amor pasa a nosotros y nos hace capaces a nuestra vez de dar la vida por los hermanos, de amar como Él ama. Y ésta, es la verdadera alegría en la vida: la alegría del amor.

Por ello, de la Eucaristía ha brotado a lo largo de los siglos un inmenso caudal de caridad y de justicia. La participación en la Santa Misa debe impulsarnos a ser solidarios y fraternos con todos, pero especialmente con los más pobres y necesitados. Quien realmente se encuentra con Cristo en la Eucaristía y lo recibe con fe y amor en la comunión, no permanece indiferente frente al dolor y las necesidades de los demás, sino más bien se siente urgido a brindar auxilio al hermano en sus necesidades más urgentes, a defender sus derechos si estos son amenazados, y a promover según el máximo de sus posibilidades y capacidades una sociedad fundada en la verdad, la justicia y la reconciliación.

Haciéndome eco del Papa Benedicto XVI, hoy yo también quiero decir: ¡Sólo de la Eucaristía brotará la civilización del amor, que transformará Latinoamérica y el Caribe (y por el ende el Perú, Piura y Tumbes) para que además de ser el Continente de la Esperanza, sea también el Continente del Amor! (Discurso en la Sesión Inaugural de la V Conferencia General, n. 4).

4. A los sacerdotes y fieles laicos

Queridos hermanos: en la Santísima Eucaristía está contenido todo el bien espiritual de la Iglesia, porque en ella está Cristo mismo, el Pan Vivo que ha bajado del cielo para dar la Vida a los hombres.

Por ello les pido a los Sacerdotes: sean ejemplares en la celebración de la Santa Misa para que ésta conserve siempre su carácter sagrado. Que las normas litúrgicas sean observadas con gran fidelidad en la celebración eucarística. No se olviden que de cierta manera, el sacerdote es para la Eucaristía, y la Eucaristía es para el sacerdote. De ahí la importancia de que tengan en todo momento un gran amor y devoción por la Eucaristía, tanto en la celebración diaria de la Santa Misa como en la Visita y Adoración de cada día al Santísimo Sacramento. Es ahí donde de manera privilegiada tienen que cultivar una honda amistad personal con Jesús, para que sean “hombres de Dios”, capaces de llevar a Jesús a los demás, capaces de compartir sus sentimientos, capaces de ser presencia viva de su Amor. Si hacen de la Eucaristía el fundamento y centro de sus vidas, entonces siempre experimentarán la alegría y la fecundidad de su vocación sacerdotal.

Y a los religiosos, consagrados y fieles laicos les pido:

Reverencien siempre con amor, piedad y devoción el Santísimo Sacramento del Altar. Visiten diariamente a Jesús en los Sagrarios de sus comunidades y de sus templos parroquiales. Recuperemos la belleza de la Adoración Eucarística. Que Jesús Eucaristía nunca esté solo sino siempre acompañado en todo momento por una multitud adoradores. Y cuando quieran acoger al Señor con fe en la sagrada comunión, vean primero si necesitan recurrir al Sacramento de la reconciliación para purificar el corazón de todo pecado grave.

5. Procesión Eucarística

Al final de esta solemne celebración, llevaremos a Jesús Eucaristía por las calles de nuestra gran ciudad en procesión. Con este gesto damos testimonio público de nuestra fe y amor a Jesús realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar.

Pero también con este gesto Cristo, se sumerge en la cotidianidad de nuestra vida. De esta manera el Señor Jesús nos manifiesta que el camina y vive siempre con nosotros.

¡Y qué hermoso es saber que no estamos solos! ¡Qué hermoso es saber que podemos transitar por las calles de la vida sabiendo que Él va siempre a nuestro lado, apoyados en la esperanza de que llegará el día en que lo veremos cara a cara en el cielo y así seremos en todo semejantes a Él.

¡Señor Jesús, cuando recorras nuestras calles y plazas como lo hacías durante tu vida terrena, derrama tu bendición sobre nuestros hogares, centros de trabajo y de estudio, sobre nuestras familias, enfermos, ancianos, jóvenes, adolescentes y niños!

¡Jesús Eucaristía te adoramos y te amamos. Toca hoy con fuerza la puerta de nuestro corazón para que te abramos de par en par nuestra vida personal y social y así en Ti y sólo en Ti construyamos nuestra felicidad, la justicia y la unidad que tanto necesita nuestra sociedad!

6. María, guía segura al Santísimo Sacramento

En este día de Corpus Christi, nuestra oración también se dirige a la María Santísima, la “Mujer Eucarística”, para pedirle que nos ayude a creer y a amar más este milagro del amor divino. No olvidemos que si hay Eucaristía es en parte gracias a María, porque el Cuerpo y la Sangre que adoramos y recibimos en este misterio de fe, es el mismo Cuerpo y la misma Sangre que nacieron de Ella: “Ave verum corpus natum de Maria Virgine”, canta la liturgia. “Te saludamos verdadero cuerpo nacido de María Virgen”.

Ella, que fue el primer tabernáculo de la historia, donde Dios todavía invisible a los ojos de los hombres, se ofreció a la adoración de su prima Santa Isabel, en la Visitación, es la que mejor puede ayudarnos a adorar a Jesús realmente presente en cada Sagrario.

Ella, que supo acoger en su vientre inmaculado y virginal al Verbo de Dios, y después supo estrecharlo con amor en sus brazos, lo mismo en Belén, como al pie de la Cruz, es la que mejor nos puede educar a recibir a Jesús en cada comunión, enseñándonos a pronunciar con fe y gratitud, con reverencia y estremecimiento, el “Amén”, que decimos antes de comulgar.

Que así sea. Amén.

San Miguel de Piura, 10 de junio de 2007
Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo


Mons. JOSÉ ANTONIO EGUREN ANSELMI, SCV.
Arzobispo Metropolitano de Piura