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Muy amados párrocos, vicarios parroquiales, hermanas
de las congregaciones religiosas, seminaristas, movimientos
eclesiales, hermandades, catequistas urbanos y rurales.
Miembros de las comisiones diocesanas de servicio. Pueblo fiel,
sencillo y creyente.
Alegría jubilar
Con suma alegría me dirijo a todos los que conforman
la iglesia diocesana que peregrina en Huaraz, para manifestarles,
que el año 2006, será dedicado a Santo Toribio
Alfonso de Mogrovejo, Arzobispo de Los Reyes pastor significativo
en la primera evangelización, particularmente para todo
el norte del Perú. De tal modo que todas las jurisdicciones
eclesiásticas por decisión de la Conferencia Episcopal
Peruana, recordarán la vida, obras, visitas pastorales,
celebración de sínodos, que delinearon la vida
pastoral y religiosa de nuestros pueblos.
Nuestra tierra fue testigo y bendecida en el nombre del Señor
Sumo y Eterno Sacerdote por su presencia en varios momentos,
el amor y la caridad apostólica, empeñaron que
sus visitas pueblo por pueblo fueran por la evangelización,
la catequesis, la celebración de la confirmación
según la costumbre de la época, a grandes,
chicos, y considerando el número, como también
anotando la ubicación de los pueblos muy cálido,
muy seco, buen temple, mal temple, muy frío.
Caridad evangélica
Tenía en cuenta la lengua de los naturales y ponderaba
el conocimiento de la lengua general inca, hacía
todo lo posible para expresarse en la lengua, por amor y entrega
a los indígenas, a quienes amaba hasta el extremo, era
conocido como el tayta. Dispuso que los sacerdotes
y religiosos dedicados al pastoreo en las reducciones de indios
o doctrinas de indios, futuras parroquias, obligatoriamente
aprendiesen la lengua para servir con eficacia en la catequesis,
predicación y la administración de los sacramentos.
Su cariño paternal de pastor se impuso sobre las posibles
mentiras de parte de los indígenas, así mismo
se extendía a los mestizos, blancos, criollos y negros.
De igual manera fue capaz de reaccionar a los abusos de encomenderos,
corregidores, que no hacían entrega de los recursos económicos
de las Cajas de Comunidades para mejorar las capillas cubiertas
de paja, la atención en los pequeños hospitales,
adquisición de ornamentos y objetos litúrgicos
para el culto, su actitud en extremo si la persuasión
no funcionaba, se vio obligado lanzar la excomunión y
levantarla cuando se hubiese solucionado. Como fue en caso del
Corregidor de Cajatambo Alonso de Alvarado.
En los obrajes su voz de pastor se dejaba sentir y su protesta
a los abusos de los propietarios, tuvo la valentía de
elevar sus quejas al Rey a través de cartas.
Hombre y pastor, servidor de Jesucristo
Visitar a sus hijos espirituales en el lugar de su estancia
fue su anhelo, sea en los llanos de la costa, la sierra abrupta,
y las tierras calientes altas de la cordillera oriental.
Los pueblos diseminados de nuestro territorio diocesano fueron
visitados en varias oportunidades. La relación de la
II Visita Pastoral es un precioso informe de sus correrías.
Todo estaba en camino el proceso de la I Evangelización,
como dicen los historiadores el momento de la evangelización
fundante, con su potestad episcopal iba confirmando a
su paso las Doctrinas de indios, Parroquias de españoles,
animando y exhortando a los clérigos y religiosos, fundando
Cofradías de Nuestro Amo Santísimo Sacramento,
de Nuestra Señora, de Las Animas.
De los 25 Años de episcopado en la sede limeña
o de Los Reyes, 15 años sumados de corrido, fueron en
la realización de las Visitas en persona, aunque podía
haberla realizado por sus delegados o visitadores.
Vale recordar los signos que realizó como instrumento
del Señor, en el paraje Arzobispo, en el pueblo de Santo
Toribio (Huaylas), Calhuash, donde el agua fue elemento seguro
de prodigio para los necesitados.
Año de Gracia
Sea para todos, reflexionar, interiorizar sobre la vida de este
ilustre pastor que se consumió con el celo apostólico,
porque supo amar hasta el extremo.
Dios le marco para ser su servidor en la madurez de su vida,
el Rey en función al Patronato Regio fue propuesto a
la Santa Sede, el Papa atendió la petición e hizo
el debido nombramiento para cubrir la vacancia a la muerte del
Arzobispo Jerónimo de Laoyza OP.
Su vida es una verdadera lección, para que podamos asumir
nuestras tareas de fe, tanto para los consagrados con los ministerios
ordenados, para el laicado maduro y definido que se mueva en
las distintas dimensiones: profesionales, estado de vida matrimonial,
en la vida política; lamentamos que nuestros hombres
y mujeres que se mueven en la orbita de funciones de gobierno
o de autoridad, terminen mal con la incoherencia de fe y vida.
El presente es un tiempo maravilloso para anunciar a tiempo
y a destiempo el Evangelio de vida, luz y alegría a los
hombres cuando cunde la confusión debido a la cultura
de muerte, y las distintas denominaciones sectarias a nombre
de Cristo, van sembrando el caos y el terror religioso con sus
intolerancias.
Tomemos en serio, siguiendo las huellas de Santo Toribio que
la Catequesis en las distintas etapas de nuestra vida afianzando
nuestra fe, de modo que nuestra formación religiosa es
exigencia, así erradicar la ignorancia religiosa: doctrina
segura en la fe, vivencia de la experiencia de Dios en el orden
moral, en los distintos quehaceres y opciones de la vida.
Despertar vocacional
Reconocer nuestra llamada a la vida, como don de Dios, especialmente
cuando renacemos a la vida por el don de Bautismo y la Confirmación
para ser testigos valientes del Evangelio. Y responder con disponibilidad
y generosidad que el Señor nos hace por la llamada a
la vocación profesional ocupacional en base a los talentos
que Dios nos obsequia.
Por la Vocación a la vida sacerdotal y religiosa. El
Año Toribiano debe movernos a trabajar con entereza a
la promoción de nuestros jóvenes al sacerdocio,
a la vida religiosa activa y contemplativa. Desde luego nuestras
vocaciones tienen que salir de las familias buenas y piadosas.
Por la Vocación a la vida matrimonial para el nacimiento
de los hijos como una bendición, y se destierre la política
antivida, tan presente en nuestro medio.
Celebración
El 23 de marzo del 2006 se cumplirá el ingreso a la Gloria
de Santo Toribio Alfonso II Arzobispo de Lima y Patrono del
episcopado latinoamericano, como proclamó el Papa Juan
Pablo II, un 10 de mayo de 1983.
En nuestra Iglesia Diocesana de Huaraz realizaremos y recordaremos:
Su visitas por nuestros pueblos a través de una imagen
del Santo, extensivo a los centros educativos, instituciones
superiores.
La peregrinación y celebración Eucarística
de inicio al Año Toribiano será el 18 de diciembre
venidero en el Puente Arzobispo; la celebración del Sínodo
de Yungay (julio de 1585), actos de religiosidad popular, conferencias,
acciones con los alumnos, universitarios, campesinos. Las celebraciones
serán de carácter diocesano, y parroquial.
Que nos asista Santo Toribio, cuando como diócesis vamos
emprendiendo camino de la Renovación Pastoral, contando
con un ideal de conjunto, ya que esta el presente contamos con
un cronograma de acciones o actividades, y todo sea en la espiritualidad
de comunión.
Nació en Mayorga (España) 16 de noviembre de 1538.
Pasó a la gloria en Saña (Perú-cerca a
Chiclayo) el 23 de marzo de 1606, era el Jueves Santo.
Les bendice el Padre Obispo
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+ José Eduardo Velásquez Tarazona
Obispo de Huaraz
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Huaraz, 23 de noviembre de 2005 - Fiesta de Santa Cecilia |
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Estimados Obispos Auxiliares, Párrocos, Rectores de
Iglesias, Capellanes, Superiores y Superioras Mayores, Responsables
de los Movimientos Eclesiales, de Hermandades y Cofradías,
Directores de los Colegios Religiosos y Fieles Laicos de la
Arquidiócesis de Lima:
Con particular alegría me dirijo a todos ustedes, hombres
y mujeres de buena voluntad, para darles a conocer el gran don
de la Indulgencia Plenaria que el Santo Padre Benedicto XVI
ha querido conceder a nuestra Iglesia local con ocasión
del IV Centenario de la muerte del II Arzobispo de Lima, Santo
Toribio Alfonso de Mogrovejo.
Este año jubilar, dentro del marco de la Gran Misión
«Remar Mar Adentro», se muestra muy favorable para
profundizar en el estudio serio y responsable del Catecismo
de la Iglesia y en la práctica de los sacramentos de
la Reconciliación y de la Eucaristía.
Seguro de interpretar el agradecimiento que todos le debemos
al recordado Papa Juan Pablo II, quiero animarlos a ganar la
Indulgencia Plenaria que el actual sucesor de San Pedro nos
ha concedido en los inicios de su Pontificado, para que, ya
sea individualmente o comunitariamente, desde las familias,
las parroquias, los colegios, las universidades, los centros
de trabajo, así como desde las instituciones culturales
y deportivas, peregrinemos todos a la Basílica Catedral
de Lima para ganar este gran don.
Por ello y a continuación tengo a bien detallarles algunas
indicaciones que nos ayudarán a beneficiarnos de esta
maravillosa gracia que nuestra Madre la Iglesia nos ofrece en
este año jubilar.
Celebración jubilar.
El 23 de marzo del 2006 se cumplirá el IV Centenario
del ingreso en la Patria Celestial de Santo Toribio Alfonso
de Mogrovejo, II Arzobispo de Lima y Patrono del Episcopado
Latinoamericano, así proclamado por el Papa Juan Pablo
II el 10 de mayo de 1983.
El IV Centenario de la muerte del Santo Arzobispo de esta Sede
Limense es una acontecimiento de gracia que nos invita a profundizar
en el testimonio de su vida, pues el Señor viene «a
nuestro encuentro en cada hombre y en cada acontecimiento para
que lo recibamos en la fe y por el amor demos testimonio de
la espera dichosa de su Reino» .
Santo Toribio modelo de buen pastor
Contemplar la figura de Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo es
contemplar la figura de un Obispo que promueve santidad, que
se entrega con exuberante generosidad a su ministerio evangelizador
superando las dificultades e inconvenientes que pueda encontrar.
Preocupado por la enseñanza, padre de los pobres, defensor
de los naturales, buen organizador de las estructuras eclesiásticas,
promotor de las vocaciones que extiendan el reinado del amor
divino, y muchas más obras como Pastor de almas.
Es indudable que la vida y el ministerio apostólico de
Santo Toribio son un don de Dios para nuestra querida Arquidiócesis,
un signo de que el peregrinar de nuestra Iglesia limeña
es historia de salvación.
La contemplación de la vida y el ministerio de Santo
Toribio, obra grande y maravillosa de Dios, nos motiva a desear
responder con la mayor fidelidad posible al inmenso amor divino.
Con el salmista podemos preguntarnos: «¿Cómo
pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?»
(Sal 114, 2). Sin duda, el mejor modo es esforzarnos por crecer
en santidad.
En la Gran Misión Remar Mar
Adentro
Al iniciar la etapa de preparación de la Gran Misión
«Remar Mar Adentro» decíamos que «es
preciso recordar que esta iniciativa pastoral ha de ser enmarcada
en el horizonte de la nueva evangelización, la misma
que tiene como presupuesto y como meta la santidad».
Ahora, en la última etapa de esta iniciativa pastoral,
hemos de intensificar, con renovado empeño, nuestro esfuerzo
por alcanzar, con la ayuda de la gracia divina, la santidad
que es gloria de Dios y fin último del hombre.
Con seguridad serán muchas las gracias y bendiciones
que el Señor concederá a la Iglesia de Lima en
este año jubilar, gracias que deberemos acoger con corazón
agradecido para así poder avanzar en el camino hacia
la santidad. Ya una de ellas es el don del Santo Padre Benedicto
XVI a la solicitud que le hiciera en mi calidad de Arzobispo
de esta Iglesia particular, enriqueciendo las celebraciones
jubilares con la Indulgencia Plenaria y estableciendo la Basílica
Catedral Metropolitana Primada como Iglesia jubilar, desde
el 17 de mayo de 2005 hasta el 27 de abril de 2006.
La Indulgencia Plenaria
La indulgencia, nos enseña la doctrina de la Iglesia,
es la remisión ante Dios de la pena temporal por los
pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa que
un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue
por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora
de la redención, distribuye y aplica con autoridad el
tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos.
La indulgencia es parcial o plenaria según libere de
la pena temporal debida por los pecados en parte o totalmente.
Todo fiel puede lucrar para sí mismo o aplicar por los
difuntos, a manera de sufragio, las indulgencias tanto parciales
como plenarias.
Este año jubilar, enriquecido con el don de la Indulgencia
Plenaria, que se hace profesión de fe en la misericordia
divina y mediación para recibirla, ha de convertirse
en una magnífica ocasión para cantar, como Iglesia
Arquidiocesana, la bondad y la misericordia del Señor
que nos ama. Como respuesta fiel al amor divino, hemos de sentirnos
invitados a buscar nuestra santificación.
Para obtener el don de la Indulgencia Plenaria es necesario
cumplir debidamente con las condiciones acostumbradas, es decir,
confesión sacramental, comunión eucarística
y oración por las intenciones del Sumo Pontífice,
con la detestación de todo afecto a cualquier pecado,
que podrán ganar todos y cada uno de los fieles que visiten
la Basílica Catedral y participen atenta y religiosamente
en una celebración jubilar o en un ejercicio piadoso
en honor de Santo Toribio o se dediquen a meditar piadosas consideraciones
durante cierto tiempo concluyendo con la recitación del
Padrenuestro y del Credo y una invocación a Santo Toribio.
Exhorto vivamente a todos los fieles de la Arquidiócesis
y de modo especial a los sacerdotes a valorar la gracia de la
Indulgencia jubilar que, por mediación de Su Santidad
Benedicto XVI, el Señor nos concede. Para esto invito
a los párrocos, religiosos, religiosas, directores de
colegios, rectores de universidades, a los responsables de los
movimientos eclesiales y de las hermandades y cofradías,
a organizar peregrinaciones a la Basílica Catedral de
Lima para que, en esas celebraciones jubilares, puedan beneficiarse
del don de la Indulgencia Plenaria. A todos los fieles los invito
también a visitar personalmente la Basílica Catedral
y poder así recibir la gracia de la Indulgencia jubilar.
Vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada Que esta gracia
concedida por la Sede Apostólica dé muchos frutos
espirituales para nuestra Arquidiócesis, que enriquezcan
el esfuerzo evangelizador de la Gran Misión «Remar
Mar Adentro». Asimismo que este año sea ocasión
propicia para que surjan abundantes y santas vocaciones al sacerdocio
y a la vida consagrada. Que Santo Toribio de Mogrovejo, que
fomentó las vocaciones y fundó nuestro Seminario
Conciliar Arquidiocesano, con su intercesión ante el
Señor, fortalezca las voluntades de muchos jóvenes
que quieran entregar su vida a la causa del Evangelio, para
convertirse en anunciadores fieles del mensaje divino y en administradores
diligentes de la gracia en el ejercicio del ministerio sacerdotal.
Que el Santo Arzobispo de Lima sea nuestro intercesor ante el
Señor, para que podamos estar siempre a la altura de
lo que Dios espera de nosotros y de lo que la Iglesia necesita
en estos tiempos de nueva evangelización.
Les pido de manera muy especial a todos los sacerdotes, seculares
y religiosos, que difundan debidamente a lo largo del año
en sus parroquias y lugares de apostolado, a través de
las homilías, de publicaciones semanales, y en la catequesis,
sobre todo en las dedicadas a los jóvenes de la confirmación,
este maravilloso don de la Indulgencia Plenaria.
Que acompañados por María, Nuestra Señora
de la Evangelización, imagen ante la cual oró
Santo Toribio, caminemos con alegría por los caminos
de nuestro mundo para que al llegar al final de nuestra existencia,
podamos exclamar jubilosos, como el Santo Arzobispo de Lima
«¡Qué alegría cuando me dijeron:
Vamos a la casa del Señor!».
Con mi bendición pastoral,
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+Juan Luis Cardenal Cipriani Thorne
Arzobispo de Lima y Primado del Perú
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