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Título de la Carta Pastoral: Paso a la gloria de Santo Toribio de Mogrovejo
"Gracias por tu presencia Pastor de Jesucristo"
Autor: + José Eduardo Velásquez Tarazona
...Obispo de Huaraz
Título de la Carta Pastoral: Año Jubilar: 400 años de la muerte de Santo Toribio de Mogrovejo
Autor: +Juan Luis Cardenal Cipriani Thorne
..Arzobispo de Lima y Primado del Perú





Muy amados párrocos, vicarios parroquiales, hermanas de las congregaciones religiosas, seminaristas, movimientos eclesiales, hermandades, catequistas urbanos y rurales.

Miembros de las comisiones diocesanas de servicio. Pueblo fiel, sencillo y creyente.

Alegría jubilar

Con suma alegría me dirijo a todos los que conforman la iglesia diocesana que peregrina en Huaraz, para manifestarles, que el año 2006, será dedicado a Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo, Arzobispo de Los Reyes pastor significativo en la primera evangelización, particularmente para todo el norte del Perú. De tal modo que todas las jurisdicciones eclesiásticas por decisión de la Conferencia Episcopal Peruana, recordarán la vida, obras, visitas pastorales, celebración de sínodos, que delinearon la vida pastoral y religiosa de nuestros pueblos.

Nuestra tierra fue testigo y bendecida en el nombre del Señor Sumo y Eterno Sacerdote por su presencia en varios momentos, el amor y la caridad apostólica, empeñaron que sus visitas pueblo por pueblo fueran por la evangelización, la catequesis, la celebración de la confirmación según la costumbre de la época, “a grandes, chicos”, y considerando el número, como también anotando la ubicación de los pueblos “muy cálido, muy seco, buen temple, mal temple, muy frío”.

Caridad evangélica

Tenía en cuenta la lengua de los naturales y ponderaba el conocimiento de la lengua “general inca”, hacía todo lo posible para expresarse en la lengua, por amor y entrega a los indígenas, a quienes amaba hasta el extremo, era conocido como el “tayta”. Dispuso que los sacerdotes y religiosos dedicados al pastoreo en las reducciones de indios o doctrinas de indios, futuras parroquias, obligatoriamente aprendiesen la lengua para servir con eficacia en la catequesis, predicación y la administración de los sacramentos.

Su cariño paternal de pastor se impuso sobre las posibles mentiras de parte de los indígenas, así mismo se extendía a los mestizos, blancos, criollos y negros.

De igual manera fue capaz de reaccionar a los abusos de encomenderos, corregidores, que no hacían entrega de los recursos económicos de las Cajas de Comunidades para mejorar las capillas cubiertas de paja, la atención en los pequeños “hospitales”, adquisición de ornamentos y objetos litúrgicos para el culto, su actitud en extremo si la persuasión no funcionaba, se vio obligado lanzar la excomunión y levantarla cuando se hubiese solucionado. Como fue en caso del Corregidor de Cajatambo Alonso de Alvarado.

En los obrajes su voz de pastor se dejaba sentir y su protesta a los abusos de los propietarios, tuvo la valentía de elevar sus quejas al Rey a través de cartas.

Hombre y pastor, servidor de Jesucristo

Visitar a sus hijos espirituales en el lugar de su estancia fue su anhelo, sea en los llanos de la costa, la sierra abrupta, y las tierras calientes altas de la cordillera oriental.

Los pueblos diseminados de nuestro territorio diocesano fueron visitados en varias oportunidades. La relación de la II Visita Pastoral es un precioso informe de sus correrías.

Todo estaba en camino el proceso de la I Evangelización, como dicen los historiadores “el momento de la evangelización fundante”, con su potestad episcopal iba confirmando a su paso las Doctrinas de indios, Parroquias de españoles, animando y exhortando a los clérigos y religiosos, fundando Cofradías de Nuestro Amo “Santísimo Sacramento”, de Nuestra Señora, de Las Animas.

De los 25 Años de episcopado en la sede limeña o de Los Reyes, 15 años sumados de corrido, fueron en la realización de las Visitas en persona, aunque podía haberla realizado por sus delegados o visitadores.

Vale recordar los signos que realizó como instrumento del Señor, en el paraje Arzobispo, en el pueblo de Santo Toribio (Huaylas), Calhuash, donde el agua fue elemento seguro de prodigio para los necesitados.

Año de Gracia

Sea para todos, reflexionar, interiorizar sobre la vida de este ilustre pastor que se consumió con el celo apostólico, porque supo amar hasta el extremo.

Dios le marco para ser su servidor en la madurez de su vida, el Rey en función al Patronato Regio fue propuesto a la Santa Sede, el Papa atendió la petición e hizo el debido nombramiento para cubrir la vacancia a la muerte del Arzobispo Jerónimo de Laoyza OP.

Su vida es una verdadera lección, para que podamos asumir nuestras tareas de fe, tanto para los consagrados con los ministerios ordenados, para el laicado maduro y definido que se mueva en las distintas dimensiones: profesionales, estado de vida matrimonial, en la vida política; lamentamos que nuestros hombres y mujeres que se mueven en la orbita de funciones de gobierno o de autoridad, terminen mal con la incoherencia de fe y vida.

El presente es un tiempo maravilloso para anunciar a tiempo y a destiempo el Evangelio de vida, luz y alegría a los hombres cuando cunde la confusión debido a la cultura de muerte, y las distintas denominaciones sectarias a nombre de Cristo, van sembrando el caos y el terror religioso con sus intolerancias.

Tomemos en serio, siguiendo las huellas de Santo Toribio que la Catequesis en las distintas etapas de nuestra vida afianzando nuestra fe, de modo que nuestra formación religiosa es exigencia, así erradicar la ignorancia religiosa: doctrina segura en la fe, vivencia de la experiencia de Dios en el orden moral, en los distintos quehaceres y opciones de la vida.

Despertar vocacional

Reconocer nuestra llamada a la vida, como don de Dios, especialmente cuando renacemos a la vida por el don de Bautismo y la Confirmación para ser testigos valientes del Evangelio. Y responder con disponibilidad y generosidad que el Señor nos hace por la llamada a la vocación profesional ocupacional en base a los talentos que Dios nos obsequia.

Por la Vocación a la vida sacerdotal y religiosa. El Año Toribiano debe movernos a trabajar con entereza a la promoción de nuestros jóvenes al sacerdocio, a la vida religiosa activa y contemplativa. Desde luego nuestras vocaciones tienen que salir de las familias buenas y piadosas.
Por la Vocación a la vida matrimonial para el nacimiento de los hijos como una bendición, y se destierre la política antivida, tan presente en nuestro medio.

Celebración

El 23 de marzo del 2006 se cumplirá el ingreso a la Gloria de Santo Toribio Alfonso II Arzobispo de Lima y Patrono del episcopado latinoamericano, como proclamó el Papa Juan Pablo II, un 10 de mayo de 1983.

En nuestra Iglesia Diocesana de Huaraz realizaremos y recordaremos: Su visitas por nuestros pueblos a través de una imagen del Santo, extensivo a los centros educativos, instituciones superiores.

La peregrinación y celebración Eucarística de inicio al Año Toribiano será el 18 de diciembre venidero en el Puente Arzobispo; la celebración del Sínodo de Yungay (julio de 1585), actos de religiosidad popular, conferencias, acciones con los alumnos, universitarios, campesinos. Las celebraciones serán de carácter diocesano, y parroquial.

Que nos asista Santo Toribio, cuando como diócesis vamos emprendiendo camino de la Renovación Pastoral, contando con un ideal de conjunto, ya que esta el presente contamos con un cronograma de acciones o actividades, y todo sea en la espiritualidad de comunión.

Nació en Mayorga (España) 16 de noviembre de 1538.

Pasó a la gloria en Saña (Perú-cerca a Chiclayo) el 23 de marzo de 1606, era el Jueves Santo.

Les bendice el Padre Obispo
 

+ José Eduardo Velásquez Tarazona
Obispo de Huaraz
 
 
Huaraz, 23 de noviembre de 2005 - Fiesta de Santa Cecilia
 





Estimados Obispos Auxiliares, Párrocos, Rectores de Iglesias, Capellanes, Superiores y Superioras Mayores, Responsables de los Movimientos Eclesiales, de Hermandades y Cofradías, Directores de los Colegios Religiosos y Fieles Laicos de la Arquidiócesis de Lima:

Con particular alegría me dirijo a todos ustedes, hombres y mujeres de buena voluntad, para darles a conocer el gran don de la Indulgencia Plenaria que el Santo Padre Benedicto XVI ha querido conceder a nuestra Iglesia local con ocasión del IV Centenario de la muerte del II Arzobispo de Lima, Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo.

Este año jubilar, dentro del marco de la Gran Misión «Remar Mar Adentro», se muestra muy favorable para profundizar en el estudio serio y responsable del Catecismo de la Iglesia y en la práctica de los sacramentos de la Reconciliación y de la Eucaristía.

Seguro de interpretar el agradecimiento que todos le debemos al recordado Papa Juan Pablo II, quiero animarlos a ganar la Indulgencia Plenaria que el actual sucesor de San Pedro nos ha concedido en los inicios de su Pontificado, para que, ya sea individualmente o comunitariamente, desde las familias, las parroquias, los colegios, las universidades, los centros de trabajo, así como desde las instituciones culturales y deportivas, peregrinemos todos a la Basílica Catedral de Lima para ganar este gran don.

Por ello y a continuación tengo a bien detallarles algunas indicaciones que nos ayudarán a beneficiarnos de esta maravillosa gracia que nuestra Madre la Iglesia nos ofrece en este año jubilar.

Celebración jubilar.

El 23 de marzo del 2006 se cumplirá el IV Centenario del ingreso en la Patria Celestial de Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo, II Arzobispo de Lima y Patrono del Episcopado Latinoamericano, así proclamado por el Papa Juan Pablo II el 10 de mayo de 1983.

El IV Centenario de la muerte del Santo Arzobispo de esta Sede Limense es una acontecimiento de gracia que nos invita a profundizar en el testimonio de su vida, pues el Señor viene «a nuestro encuentro en cada hombre y en cada acontecimiento para que lo recibamos en la fe y por el amor demos testimonio de la espera dichosa de su Reino» .

Santo Toribio modelo de buen pastor

Contemplar la figura de Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo es contemplar la figura de un Obispo que promueve santidad, que se entrega con exuberante generosidad a su ministerio evangelizador superando las dificultades e inconvenientes que pueda encontrar. Preocupado por la enseñanza, padre de los pobres, defensor de los naturales, buen organizador de las estructuras eclesiásticas, promotor de las vocaciones que extiendan el reinado del amor divino, y muchas más obras como Pastor de almas.

Es indudable que la vida y el ministerio apostólico de Santo Toribio son un don de Dios para nuestra querida Arquidiócesis, un signo de que el peregrinar de nuestra Iglesia limeña es historia de salvación.

La contemplación de la vida y el ministerio de Santo Toribio, obra grande y maravillosa de Dios, nos motiva a desear responder con la mayor fidelidad posible al inmenso amor divino. Con el salmista podemos preguntarnos: «¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?» (Sal 114, 2). Sin duda, el mejor modo es esforzarnos por crecer en santidad.

En la Gran Misión Remar Mar Adentro

Al iniciar la etapa de preparación de la Gran Misión «Remar Mar Adentro» decíamos que «es preciso recordar que esta iniciativa pastoral ha de ser enmarcada en el horizonte de la nueva evangelización, la misma que tiene como presupuesto y como meta la santidad».

Ahora, en la última etapa de esta iniciativa pastoral, hemos de intensificar, con renovado empeño, nuestro esfuerzo por alcanzar, con la ayuda de la gracia divina, la santidad que es gloria de Dios y fin último del hombre.

Con seguridad serán muchas las gracias y bendiciones que el Señor concederá a la Iglesia de Lima en este año jubilar, gracias que deberemos acoger con corazón agradecido para así poder avanzar en el camino hacia la santidad. Ya una de ellas es el don del Santo Padre Benedicto XVI a la solicitud que le hiciera en mi calidad de Arzobispo de esta Iglesia particular, enriqueciendo las celebraciones jubilares con la Indulgencia Plenaria y estableciendo la Basílica Catedral Metropolitana Primada como Iglesia jubilar, desde el 17 de mayo de 2005 hasta el 27 de abril de 2006.

La Indulgencia Plenaria

La indulgencia, nos enseña la doctrina de la Iglesia, es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados —en cuanto a la culpa— que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos.

La indulgencia es parcial o plenaria según libere de la pena temporal debida por los pecados en parte o totalmente.

Todo fiel puede lucrar para sí mismo o aplicar por los difuntos, a manera de sufragio, las indulgencias tanto parciales como plenarias.

Este año jubilar, enriquecido con el don de la Indulgencia Plenaria, que se hace profesión de fe en la misericordia divina y mediación para recibirla, ha de convertirse en una magnífica ocasión para cantar, como Iglesia Arquidiocesana, la bondad y la misericordia del Señor que nos ama. Como respuesta fiel al amor divino, hemos de sentirnos invitados a buscar nuestra santificación.

Para obtener el don de la Indulgencia Plenaria es necesario cumplir debidamente con las condiciones acostumbradas, es decir, confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice, con la detestación de todo afecto a cualquier pecado, que podrán ganar todos y cada uno de los fieles que visiten la Basílica Catedral y participen atenta y religiosamente en una celebración jubilar o en un ejercicio piadoso en honor de Santo Toribio o se dediquen a meditar piadosas consideraciones durante cierto tiempo concluyendo con la recitación del Padrenuestro y del Credo y una invocación a Santo Toribio.

Exhorto vivamente a todos los fieles de la Arquidiócesis y de modo especial a los sacerdotes a valorar la gracia de la Indulgencia jubilar que, por mediación de Su Santidad Benedicto XVI, el Señor nos concede. Para esto invito a los párrocos, religiosos, religiosas, directores de colegios, rectores de universidades, a los responsables de los movimientos eclesiales y de las hermandades y cofradías, a organizar peregrinaciones a la Basílica Catedral de Lima para que, en esas celebraciones jubilares, puedan beneficiarse del don de la Indulgencia Plenaria. A todos los fieles los invito también a visitar personalmente la Basílica Catedral y poder así recibir la gracia de la Indulgencia jubilar.

Vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada Que esta gracia concedida por la Sede Apostólica dé muchos frutos espirituales para nuestra Arquidiócesis, que enriquezcan el esfuerzo evangelizador de la Gran Misión «Remar Mar Adentro». Asimismo que este año sea ocasión propicia para que surjan abundantes y santas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Que Santo Toribio de Mogrovejo, que fomentó las vocaciones y fundó nuestro Seminario Conciliar Arquidiocesano, con su intercesión ante el Señor, fortalezca las voluntades de muchos jóvenes que quieran entregar su vida a la causa del Evangelio, para convertirse en anunciadores fieles del mensaje divino y en administradores diligentes de la gracia en el ejercicio del ministerio sacerdotal.

Que el Santo Arzobispo de Lima sea nuestro intercesor ante el Señor, para que podamos estar siempre a la altura de lo que Dios espera de nosotros y de lo que la Iglesia necesita en estos tiempos de nueva evangelización.

Les pido de manera muy especial a todos los sacerdotes, seculares y religiosos, que difundan debidamente a lo largo del año en sus parroquias y lugares de apostolado, a través de las homilías, de publicaciones semanales, y en la catequesis, sobre todo en las dedicadas a los jóvenes de la confirmación, este maravilloso don de la Indulgencia Plenaria.

Que acompañados por María, Nuestra Señora de la Evangelización, imagen ante la cual oró Santo Toribio, caminemos con alegría por los caminos de nuestro mundo para que al llegar al final de nuestra existencia, podamos exclamar jubilosos, como el Santo Arzobispo de Lima «¡Qué alegría cuando me dijeron:

Vamos a la casa del Señor!».

Con mi bendición pastoral,
 

+Juan Luis Cardenal Cipriani Thorne
Arzobispo de Lima y Primado del Perú
 
 
 

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