Entrevista a Monseñor Giampaolo Crepaldi, Secretario del Pontificio Consejo Justicia y Paz por el diario "El Comercio" de Lima, Perú.
"La auténtica revolución empieza en los corazones"

DOCUMENTOS DE FE. (02/11/05) Monseñor Giampaolo Crepaldi, secretario del Pontificio Consejo Justicia y Paz, llegó a Lima para presentar el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. La gran tarea del mundo moderno es revertir los índices de inequidad y recuperar la esperanza.

Fui al encuentro de un arzobispo y encontré, de paso, a un colega. Monseñor Giampaolo Crepaldi, secretario del Pontificio Consejo Justicia y Paz, dice con orgullo que es periodista y que ejerció esta tarea en la región italiana del Véneto hasta hace pocos años. Sus estudios en Filosofía, Teología y Derecho Canónico lo prepararon para una tarea que lo absorbió durante los últimos cinco años: la preparación del Compendio de Doctrina Social de la Iglesia. Precisamente estuvo en Lima, participando en la Semana Social que organizara la Conferencia Episcopal Peruana para presentar las líneas fundamentales del trabajo eclesial de cara al compromiso social.
(Foto: Hans Berninzon)
"Jamás el género humano tuvo a su disposición tantas riquezas, tantas posibilidades, tanto poder económico. Y, sin embargo, una gran parte de la humanidad sufre hambre y miseria". Estas líneas pertenecen a un documento eclesial, Gaudium et Spes, escritas hace ¡40 años!

Y las cosas siguen iguales. Hoy el gran desafío de la comunidad internacional es la pobreza. La riqueza crece, pero también la pobreza. Los grandes valores del Evangelio son la justicia, la solidaridad, la verdad, la libertad. El anuncio de estos valores implica también la denuncia de situaciones que son contrarias a la dignidad de la persona humana. El gran desafío es revertir la pobreza.

Pero algunos siguen pensando que los pobres son una carga.

La Iglesia normalmente no habla de pobreza en abstracto, sino de pobres. Voy a recordar al gran papa Juan Pablo II. Él decía que los pobres no son una carga, sino recursos. Hay que realizar, a través de su emancipación, su promoción, un mundo mejor para todos.

¿Y la voz de la Iglesia ha sido lo suficientemente fuerte y consistente como para contribuir a cambiar estas situaciones?

La Iglesia tiene una competencia a nivel social, de tipo religioso y moral. Su compromiso frente al cambio social, político y económico es sobre todo educativo y de formación de las conciencias. No se puede realizar una auténtica revolución si no se realiza la revolución de los corazones. Este es el itinerario que propone la Iglesia en su doctrina social. El marxismo dice que si cambian las estructuras, cambian los hombres. La Iglesia dice: hay que cambiar a los hombres para cambiar las estructuras.

Con el Concilio Vaticano II la Iglesia abrió sus puertas para aproximarse al mundo moderno, pero de pronto cambió el escenario y hoy nos encontramos ante un mundo posmoderno.

Es verdad. Se va cambiando el paradigma del diálogo entre la Iglesia y el mundo. Cuando se escribió la Gaudium et Spes (Luz y Esperanza), nos encontrábamos en un momento de las razones de los modernos. Eran razones fuertes, nacidas en el siglo XVIII con perspectivas fuertes, seguras de sí mismas. La posmodernidad es una fase que no tiene la misma fuerza. Se habla de pensamiento débil. Queda la sensación de un tren que no sabe hacia dónde va. Creo que el gran desafío de la Iglesia es sostener la razón, mejor dicho, las razones de la razón y ofrecer al mundo la esperanza de que es posible un humanismo nuevo, solidario y justo.

¿Entonces, cuáles serían los principales problemas?

El gran problema del mundo de hoy, sobre todo en el contexto occidental, es la falta de esperanza. También la crisis de orientación. Todo esto tiene consecuencias en el nivel de la política, de la economía, de la convivencia social.

El papa Benedicto XVI también ha advertido sobre el relativismo...

La cuestión sobre la verdad, así como la referida a la autoridad, creo, son las dos cuestiones que hoy plantea al mundo lo que usted llama la posmodernidad. Cada individuo construye su escala de valores y surge un gran relativismo ético. El problema es cómo llegar a organizar una convivencia democrática, aceptable, que nos permita avanzar y realizar el bien común.

¿Esta situación no estaría diciéndonos que, de algún modo, la tarea de la Iglesia, no solo la jerarquía sino de toda la Iglesia, no ha sido lo suficientemente sólida como para contrarrestarlo?

Como en un pentagrama, hay muchas notas en esta confrontación con la posmodernidad. No se puede hablar de una actitud única. Hay un nivel muy rico de actitudes ante la realidad de la posmodernidad. Hay un fenómeno muy interesante en Europa y es que líderes del pensamiento laico están muy atentos a lo que dice la Iglesia, sobre todo este Papa. A ellos los llaman los ateos devotos. Es un fenómeno nuevo, muy interesante. Me parece que no solo está naciendo una actitud de la Iglesia, sino también una al interior de la cultura moderna, de atención a las razones de la Iglesia.

Por otro lado, una de las instituciones que ha sufrido con mayor fuerza es la familia.

Hay muchos factores que afectan a la familia y que la colocan en dificultades: razones culturales, de transformación social y económica. Por ejemplo, es importante reflexionar sobre el cambio del rol de la identidad de la mujer, lo que sigue siendo la mayor revolución sociocultural de nuestro tiempo. Todo esto reescribirá los roles al interior de la familia. Pero hay mirar las transformaciones con esperanza. No todo es dramático. Algunas lo serán, pero creo que este cambio radical del modelo de familia presentará un modelo de familia más amical, más comprensivo, con roles más iguales entre el hombre y la mujer. Con relaciones más complejas. Creo que es posible mirar con optimismo estos cambios.

¿La globalización ha contribuido a la solución de las discrepancias sobre las que ya nos hablaban los documento conciliares?

La doctrina social de la Iglesia, y sobre todo Juan Pablo II, no tiene una actitud contraria a la globalización que no es el paraíso, tampoco el infierno. Hay que tener una actitud equilibrada. Puede ser una gran oportunidad para conectar las diferentes economías, los pueblos, las culturas. La actitud fundamental de la Iglesia que, por ser católica, es esencialmente universal no puede inscribirse en el partido de lo no global. Ella es católica y global.

Un tema pendiente es el trato diferente que se da a los trabajadores de un país pobre en relación con los de uno rico. Al primero se termina considerándolo como simple mano de obra barata.

En la historia existen los llamados pasajes difíciles para el trabajo. Ocurrió en la época de la industrialización y también ocurre hoy. Hay muchas dificultades para respetar los derechos de los trabajadores. La posición, en el nivel de la doctrina de la Iglesia es clara: que el trabajador no es una mercadería que se puede comprar y vender. El derecho de los trabajadores es uno de los puntos firmes de la doctrina social de la Iglesia. Debe haber un compromiso internacional más firme para cumplir con los derechos de los trabajadores. Es un desafío enorme. La globalización tiende a plantear el conflicto no entre capital y trabajo, sino entre los trabajadores de los países ricos y los de los países pobres. El capital hoy abandona a los trabajadores de los países ricos y va a buscar a los de los países pobres.

Al mismo tiempo los trabajadores han ido perdiendo una serie de derechos. Los sindicatos perdieron fuerza.

La Iglesia es contraria a la lucha de clases, pero no es contraria al conflicto social. Una sociedad democrática vive también del conflicto, pero no ideológico ni violento. Hay conflictos que son condenables, pero otros son positivos.

Juan Pablo II advertía acerca del peligro de degenerar en un capitalismo salvaje.

La Iglesia no está contra el capital, pero quiere que el mercado sea regulado. La gran cuestión es quién regula el mercado. Ese es el gran desafío. Los teóricos del neoliberalismo dicen que el mercado es todo, un dios que no se puede tocar. Se han olvidado de que la ética es el recurso más importante para una economía eficiente y eficaz. Muchos organismos internacionales de carácter financiero dicen hoy que no se puede llevar adelante la racionalidad económica sin una conexión con de la ética.

Usted dice ni lucha de clase ni un mercado desbocado. ¿Estaríamos hablando de una tercera vía?

El problema no es una cuestión de primera, segunda o tercera vía, sino cómo colocarse frente al único sistema económico que prácticamente existe en el mundo que es la economía de mercado. Hay muchas teorías que dicen que el mercado debe ser libre y que con su libertad realiza todo el bien del mundo. Esa no es la posición de la Iglesia.

Hablar de doctrina social de la Iglesia puede causar escozor, pues algunos piensan que la Iglesia se estaría metiendo en política.

La Iglesia vive en la historia, al interior de la sociedad y el Evangelio que predica tiene, naturalmente, implicaciones sociales, políticas y económicas con un compromiso que cumple a través de su misión evangelizadora. La doctrina social de la Iglesia es la proyección social del mensaje de Jesucristo.

Por Marco Méndez Campos
El Compendio de Doctrina Social de la Iglesia

Este documento, fiel a las autorizadas indicaciones del santo padre Juan Pablo II, presenta las líneas fundamentales del corpus doctrinal sobre la enseñanza social católica.

Tiene cuatro capítulos y su elaboración demandó cinco años.

"Los procedimientos son complicados al interior del Vaticano. Cada documento pasa por un gran proceso de consulta. Una vez concluido, pasa dos veces por la Congregación para la Doctrina de la Fe. Cuando era cardenal, Ratzinger, hoy papa Benedicto XVI, lo examinó dos veces", refiere monseñor Giampaolo Crepaldi, quien tuvo a su cargo la redacción final del documento.

Hubo problemas particulares en la preparación del compendio. El cardenal François-Xavier Nguyên Van Thuân, quien presidía el equipo de trabajo, enfermó y luego murió: "Su enfermedad duró dos años. Luego se eligió a otro titular tras la muerte del cardenal y eso prolongó los tiempos de promulgación. El compendio se viene presentando en todo el mundo y a fines de noviembre monseñor Crepaldi visitará Rusia para hacerlo público en dicho país.

¿Por qué la palabra compendio?

Monseñor Crepaldi aclara que en la encíclica Eclessia in America, Juan Pablo II habla de catecismo o de compendio de doctrina social. "La palabra catecismo es un poco complicada, ya que había un catecismo de la Iglesia Católica, y quedaba compendio, pero evidentemente se trata de algo más que un compendio.

"Lo más complejo no fue la redacción, sino la diferencia de posiciones al interior de la Iglesia sobre dos cuestiones. La primera: qué significa escribir hoy un texto universal en tiempos de cambios tan fuertes. La segunda pregunta era qué implica escribir un texto en Roma para diferentes situaciones: África, América Latina, Asia, Europa. La solución: el compendio presenta los aspectos que duran en el tiempo. En cada país concretizarán el compendio en el nivel local, conforme a las situaciones propias.