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Amados hermanos en el Episcopado:
Con motivo de las celebraciones
del IV centenario de la muerte de santo Toribio de Mogrovejo,
segundo Arzobispo de Lima, deseo hacer llegar un saludo muy
cordial al Señor Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne,
así como a los numerosos Arzobispos y Obispos que se
han congregado para dar gracias a Dios por esta figura sobresaliente
de Pastor. Saludo también con afecto a los sacerdotes,
personas consagradas y demás pueblo fiel, que se unen
al gozo de la Iglesia por el don que Dios le ha hecho con un
Santo tan admirable, al que pueden invocar como intercesor y
en el que tienen un modelo de vida también para nuestros
días.
Deseo igualmente exhortar a todos a considerar esta efeméride
como una ocasión providencial para reavivar el camino
de la Iglesia en las diversas diócesis, inspirándose
en la vida y obra de santo Toribio. Él, en efecto, se
distinguió por su abnegada entrega a la edificación
y consolidación de las comunidades eclesiales de su época.
Lo hizo con gran espíritu de comunión y colaboración,
buscando siempre la unidad, como demostró al convocar
el III Concilio provincial de Lima (1582-1583), que dejó
un precioso acervo de doctrina y de normas pastorales. Uno de
sus frutos más preciados fue el llamado Catecismo de
Santo Toribio, que se demostró un instrumento extraordinariamente
eficaz para instruir en la fe a millones de personas durante
siglos, y hacerlo de manera sólida y acorde con la doctrina
auténtica de la Iglesia, uniendo así desde lo
más hondo, por encima de cualquier diferencia, a cuantos
se identifican por tener "un solo Señor, una sola
fe, un solo bautismo" (Ef 4, 5).
Consciente de que la vitalidad de la Iglesia depende en gran
parte del ministerio de los sacerdotes, el santo Arzobispo fundó
el Seminario conciliar de Lima, que funciona hasta el día
de hoy. Es de esperar que siga dando abundantes frutos, precisamente
en unos momentos en que urge promover las vocaciones al sacerdocio
y a la vida consagrada, para abordar la ingente tarea de construir
comunidades cristianas que se reúnan con gozo en la celebración
dominical, frecuenten los sacramentos, fomenten la vida espiritual,
transmitan y cultiven con premura la fe, den testimonio de firme
esperanza y practiquen siempre la caridad.
El profundo espíritu misionero de santo Toribio se pone
de manifiesto en algunos detalles significativos, como su esfuerzo
por aprender diversas lenguas, con el fin de predicar personalmente
a todos los que estaban encomendados a sus cuidados pastorales.
Pero era también una muestra del respeto por la dignidad
de toda persona humana, cualquiera que fuere su condición,
en la que trataba de suscitar siempre la dicha de sentirse verdadero
hijo de Dios.
En esta circunstancia, invoco la intercesión maternal
de la Santísima Virgen María, para que proteja
al Pueblo de Dios que camina por tierras Latinoamericanas y
lo guíe hacia la alegría de vivir plena y coherentemente
la fe en Cristo. Con estos sentimientos, les imparto complacido
la Bendición Apostólica, con una atención
especial por la Iglesia en el Perú y, en particular,
por la Arquidiócesis de Lima.
Vaticano, 23 de marzo, fiesta de Santo Toribio de Mogrovejo,
año del Señor 2006.
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