| 1. |
La
vida no nos pertenece, es posesión de Dios y ha
sido puesta a nuestro cuidado. El hombre no es producto
de sí mismo, así como la inteligencia no
es producto de la casualidad.
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| 2. |
El
primer derecho de una persona es el derecho a vivir, que
es el fundamento y condición de posibilidad para
ejercer todos los demás derechos. A nadie le compete
dárselo a unos y quitárselo a otros.
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| 3. |
No
es el reconocimiento por parte de otros lo que constituye
este derecho, sino que es algo anterior, lo que implica
que denegarlo constituye una injusticia.
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| 4. |
Así,
la vida no puede ser suprimida por ninguna razón,
ni sacrificada a favor de otros, aunque sea para salvar
a alguien. Cuando se admiten derogaciones a este principio,
se está abriendo la puerta al aborto, a la eutanasia
y a cualquier otro procedimiento discriminatorio.
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| 5. |
Quienes
se inclinan por sacrificar la vida del feto en aras de
resguardar la vida de la madre, aún en casos lamentables
de violación, parten del presupuesto de que la
vida de la madre tiene mayor valor que la del hijo, lo
que es arbitrario y falso. Todos los seres humanos poseen
la misma dignidad y el mismo valor.
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| 6. |
Nuestra
Constitución reconoce que la vida humana se inicia
con la concepción, y señala que el concebido
es sujeto de derecho en todo cuanto le favorece. Y el
principal de esos derechos es precisamente el derecho
a la vida.
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| 7. |
Además,
si nos ceñimos a los parámetros legales
y a los preceptos constitucionales declarados con el más
elevado espíritu de humanidad, la vida humana no
es un derecho disponible.
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| 8. |
Hay
sectores que justifican algunos atentados contra la vida
en nombre de los derechos de la libertad individual, y
sobre este presupuesto pretenden no sólo la impunidad,
sino incluso la autorización por parte del Estado
con el fin de practicarlos con absoluta libertad y con
la intervención gratuita de las estructuras sanitarias,
que deben estar puestas al servicio de la vida.
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| 9. |
Así
pues, ninguna razón puede jamás dar objetivamente
derecho para disponer de la vida de los demás ni
siquiera en sus comienzos, sería absurdo plantear
que el derecho considera sin valor o con menos valor a
sujetos con determinadas diferencias físicas o
psíquicas.
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| 10. |
También
el llamado aborto terapéutico es un camino a una
sistemática planificación eugenésica
de los nacimientos. Se va abriendo paso a una mente eutanásica,
manifestación no menos abusiva del dominio sobre
la vida, que en ciertas condiciones ya no se considera
digna de ser vivida.
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| 11. |
¿Quién
puede calcular los efectos negativos sobre el desarrollo
de esta mentalidad? ¿Cómo podemos extrañarnos
de la indiferencia ante tantas situaciones humanas degradantes,
si la indiferencia caracteriza nuestra actitud ante lo
que es humano?.
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| 12. |
Corremos
el riesgo de no escuchar más el llamado de nuestra
conciencia a defender la vida, debido a una conciencia
incapaz de reconocer lo humano e incapaz de reconocer
el reclamo de la verdad moral. La verdad siempre perturba
y jamás es confortable.
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| 13. |
La
vida, desde su concepción, nadie puede suspenderla
o lesionarla; todo intento de justificar la eliminación
de las criaturas por nacer, enfermas o discapacitadas,
pone al descubierto la dificultad que se tiene para aceptar
a la persona enferma, y evidencia el falso concepto de
calidad de vida. Así, el hombre se quiere convertir
en árbitro supremo de quién ha de nacer
y de quién no.
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| 14. |
La
privación de vida intrauterina no le hace nada
bien a la libertad, aunque sí al libertinaje propio
de todo exceso carente de sabiduría.
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| 15. |
Si
en el Perú no existe la pena de muerte ni para
los peores criminales. ¿Cómo es que podemos
aceptar la pena de muerte para un embrión que ni
siquiera tuvo tiempo de cometer ningún error y
ni siquiera puede defenderse?, ¿Es esto justo?,
¿es esto humano?.
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| 16. |
Además,
la defensa de la vida no es sólo cuestión
de religión, sino de ética, de dignidad,
de derechos humanos y de civilización.
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| 17. |
Recuerda
que también tú fuiste un embrión,
un feto. Hoy vives, por eso ama y defiende la vida y alaba
al Señor tu Dios.
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+ HÉCTOR MIGUEL CABREJOS VIDARTE, OFM
Arzobispo Metropolitano de Trujillo
Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana
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