Hermanas
y hermanos:
La
despedida de Jesús en el momento de su ascensión al cielo -que celebramos
hoy- es casi telegráfica.
Pocas cosas nos dice Jesús, pero todas
ellas están cargadas de significado. Podriamos decir que Jesús nos
dice tres cosas, muy concretas. Y nos las dice más a nosotros que a sus
apóstoles.
Porque ellos ya eran sus discipulos, sus fieles seguidores,
pero hoy Jesús responde a la pregunta de cómo se puede llegar a
ser discipulo de él después de su ascensión al cielo. No
es fácil decir que somos seguidores de una persona que se ha retirado.
Por
esto Jesús insiste en la misión que ahora tienen sus apóstoles.
Más que nunca serán ahora los «apóstoles», es
decir, los «enviados». Hoy es como una fundación de la Iglesia.
En primer lugar lo que tendrán que hacer los apóstoles es la «misión»
que les ha encargado Jestis: «Vayan y hagan discipulos de todos los pueblos,
bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espiritu Santo».
Por lo cual, a partir de ahora los discipulos ya no lo serán tanto por
una llamada directa y explícita de Jesús, ni por seguirle por los
caminos de la tierra de los judios, sino que ahora to pueden ser de todos los
pueblos de la tierra y a través del bautismo. Decir que deben bautizar
en el nombre de la Trinidad quiere decir que se tienen que sentir no tanto trabajadores
«por cuenta propia, sino por cuenta ajena, «en nombre» de otro.
Esta tarea la.hacemos por delegación explicita de Jesús, del Padre
y del Espiritu.