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...............Ciclo “B”

........DOMINGO XIV DEL
.......TIEMPO ORDINARIO......

Ezequiel 2, 2-5
Corintios 12, 7b-10
Marcos 6, 1-6
Domingo, 5 de Julio de 2009

 
 
 
Hermanas y hermanos:
L
a conclusión de Jesús es bastante amarga: «no desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa». A Jesús debió dolerle esta falta de fe. El anciano Simeón ya había predicho que aquel niño iba a ser piedra de escándalo y señal de contradicción.

La increencia ha existido siempre, y también en nuestro tiempo. La fe es muchas veces incómoda y exigente. Cuando no interesa el mensaje y el de los profetas, y sobre todo el de Cristo, es siempre incómodo se desacredita (o se persigue y elimina) al mensajero. Lo que predicaba Jesús no coincidía con las convicciones de sus contemporáneos. Más bien sacudía los cimientos de todo su sistema religioso.'No sólo de los escribas y fariseos, sino también, según parece, de sus paisanos. Un profeta siempre resulta molesto. Si le aceptan, tienen que aceptar lo que predica.

Lo mismo pasa ahora. Lo que predican el Papa o los Obispos o en general los cristianos, siguiendo el evangelio, puede no coincidir con lo que gusta a la mayoría, y sobre todo a los dirigentes de la sociedad, que fácilmente encontrarán excusas para rechazarlo. Es más cómodo refugiarse en el agnosticismo, o en la in diferencia, o en lo que se puede llamar «prescindencia».

Encontrarnos en un ambiente de increencia nos puede saber mal, pero no debería extrañarnos, y mucho menos desanimarnos.

José Aldazábal
 
   
 
Lectura de la profecía de Ezequiel 2, 2-5

En aquellos días, el espíritu entro en mí, me puso en pie, y oí que me decía:
- «Hijo de Adán, yo te envío a los israelitas, a un pueblo rebelde que se ha rebelado contra mí. Sus padres y ellos me han ofendido hasta el presente día. También los hijos son testarudos y obstinados; a ellos te envío para que les digas: “Esto dice el Señor”. Te hagan caso o no te hagan caso, pues son un pueblo rebelde, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos».

Palabra de Dios.

 
   
 
Sal 122, 1-2a. 2bcd. 3-4
“Nuestros ojos están en el Señor, esperando su misericordia”

A ti levanto mis ojos, a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos fijos en las manos de sus señores.
Nuestros ojos están en el Señor, esperando su misericordia.
Como están los ojos de la esclava fijos en las manos de su señora, así están nuestros ojos en el Señor, Dios nuestro, esperando su misericordia.
Nuestros ojos están en el Señor, esperando su misericordia.
Misericordia, Señor, misericordia, que estamos saciados de desprecios; nuestra alma esta saciada del sarcasmo de los satisfechos, del desprecio de los orgullosos.
Nuestros ojos están en el Señor, esperando su misericordia.

 
   
 
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 7b-10

Hermanos:
Para que no tenga soberbia, me han metido una espina en la carne: un ángel de Satanás que me apalea, para que no sea soberbio. Tres veces he pedido al Señor verme libre de él; y me ha respondido: «Te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debilidad».
Por eso, muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo.
Por eso, vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque, cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Palabra de Dios.


 
   
 

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 6, 1-6

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada:
- «¿De donde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?
Y esto les resultaba escandaloso.
Jesús les decía:
- «No desprecian a un profeta mas que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.»
No pudo hacer allí ningún milagro, solo curo algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe.
Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

Palabra del Señor.

 
   
 
Lun.: Gn 28,10-22a; Sal 90; Mt 9, 18-26 Jue.: Gn 44, 18-21.23b-29; 45,1-5; sal 104; Mt 10, 7-15
Mar.: Gn 32, 22-32; Sal 16; Mt 9, 32-38 Vie.: Gn 46, 1-7.28-30; Sal 36; Mt 10, 16-23
Mié.: Gn 41, 55-57; 42, 5-7.17-24a, Sal 32; Mt 10, 1-7 Sáb.: Gn 49, 29-32; 50, 15-26a; Sal 104; Mt 10, 24-33
 

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