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La iglesia peruana está convencida de que la familia,
como "célula básica de la sociedad",
es el ambiente propicio donde se siembra, germina, nace,
crece y madura la persona humana. Es en ella donde se van
configurando los proyectos de vida que un día llegarán
a ser realidad. La relación profunda familia-individuo
se mantendrá a lo largo de toda la existencia y será
una referencia obligada para comprender y explicar buena
parte de sus determinaciones. Dentro de estas determinaciones
está la vocación y todo su proceso evolutivo.
La familia cumplirá su misión siendo "un
lugar de encuentro", entre esposos, entre padres e
hijos y entre hermanos. En un clima de paz y de confianza
el encuentro con los cercanos prepara el encuentro con los
demás y el encuentro con Dios. Y como fruto natural
se incrementará la capacidad de dar y recibir; de
compartir lo que se es, lo que se tiene y lo que se hace,
así como la adquisición del sentido de la
vida.
Será también "un lugar de diálogo",
donde diariamente se intercambian ideas, vivencias y sentimientos.
La comunicación siempre abre nuevos horizontes, sobre
todo en las relaciones interpersonales, base para crear
actitudes de servicio.
Será, por fin, "un lugar donde .ve descubren
y asumen valores", como la verdad, la honradez, la
disponibilidad....que van a configurar la identidad personal.
La familia cristiana asume como modelo el hogar de Nazaret
y como camino el seguimiento de Cristo. Este será
el itinerario de toda vocación y en especial de la
vocación para el sacerdocio.
Pensar en el acompañamiento al seminarista o en la
ayuda al sacerdote, es tener presentes las raíces
familiares que los sustentan. Desde ellas se les puede conocer,
comprender y servir con mayor seguridad.
Si la familia es "la célula básica de
la sociedad", destruir, o no revitalizar esta célula,
equivale a construir una sociedad sin base.
Este Documento, que la Comisión Episcopal de Seminarios
y Vocaciones pone en tus manos, quiere ser un canto gozoso
al papel que desempeña la familia en la vida de nuestros
seminaristas y sacerdotes. Consta de tres partes: El papel
de la familia en el fomento de las vocaciones; la relación
entre familia y seminario, y la familia en la vida del sacerdote.
Que nuestra Madre la Virgen, alma del hogar donde vivió
Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote, ilumine los hogares
de todos nuestros seminaristas.
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