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Con ocasión de la XLIII Jornada Mundial de Oración
por las Vocaciones Sacerdotales y Religiosas, en el marco
de la celebración del IV domingo de Pascua donde
aparece la imagen de Cristo Buen Pastor; la Iglesia como
madre y maestra nos invita a profundizar en el misterio
del Sacerdocio católico: don y misterio; un don que
brota del corazón del Padre que hace de su Hijo Único,
Sacerdote y Víctima y, es también, un misterio
porque está íntimamente unido ala economía
de nuestra salvación. El sacerdocio de Cristo se
proyecta y se prolonga a lo largo de la historia de la humanidad
«hasta que el Señor vuelva», gracias
ala institución del sacerdocio ministerial. Cristo
llama a hombres para asociarlos a su sacerdocio, los consagra
y les permite ser prolongación suya para que las
bondades de la gracia redentora llegue a todos los hombres
y mujeres de este mundo. Por lo tanto, y como consecuencia
de esta profundización sobre un don tan grande brota
la oración que se dirige a Nuestro Señor para
que siga sembrando y llamando a los que serán sus
representantes aquí en la tierra.
La Guía Metodológica Vocacional que la Comisión
Episcopal de Seminarios y Vocaciones de la Conferencia Episcopal
Peruana ha preparado este año, desea fomentar en
los seminarios, en las parroquias y, sobre todo, en los
grupos juveniles como también en los hogares cristianos,
ese deseo de conocer mejor en su integridad el sagrado ministerio
sacerdotal, como decía al inicio, «profundizar»
para que brote como una exigencia del corazón cristiano
la oración a Jesucristo, Pastor bueno, que los llamados
por Él a seguirle se sientan interpelados y con ánimo
generoso lo dejen todo y le sigan. Seguir a Jesucristo en
el sacerdocio iqué gran cosa! iqué gran compromiso!,
más haciendo nuestra la experiencia de San Pablo,
también nosotros decimos: «Sé de quien
me he fiado».
Por lo tanto, me atrevo a decirte -a ti chico, a ti chica-
fíate de Jesús, si Él te llama por
el camino del sacerdocio o de la consagración religiosa:
FÍATE DE ÉL, a propósito lo escribo
en mayúsculas porque no puede haber cosa más
grande que dar la vida por Jesús y Él dar
la suya por ti y por los hermanos.
En la Jornada Mundial de la Juventud vivida en Colonia,
nuestro querido pontífice, Benedicto XVI decía
a los seminaristas de todo el mundo: «Queridos amigos,
esto es el misterio de la llamada de la vocación;
misterio que afecta a la vida de todo cristiano, pero que
se manifiesta con mayor relieve en los que Cristo invita
a dejar todo para seguirlo más de cerca. El seminarista
vive la belleza de la llamada en el momento que podríamos
definir de «enamoramiento». Su ánimo,
henchido de asombro, le hace decir en la oración:
Señor, ¿por qué precisamente a mí?
Pero el amor no tiene un «por qué», es
un don gratuito al que se responde con la entrega misma»
( Discurso de Benedicto XVI, homilía a los seminaristas
}M}, Colonia, 19.08.05).
«El amor no tiene un por qué». Sí,
efectivamente, el amor sólo se entiende en la dinámica
del amor, cuando uno se entrega por amor entiende la llamada
en la forma y en la manera que Dios ha previsto para uno.
Nuestro amado y muy recordado Juan Pablo II fue, con su
vida, un fuerte testimonio de que el amor no tiene un por
qué; amó al mundo por Cristo hasta el final.
Quiera el Dueño de la mies que, tanto los que ya
hemos descubierto nuestra vocación como los que están
en vía de descubrir un mar sin orillas, no olvidemos
lo grandioso de vivir para Cristo sirviendo a los hermanos
y al mundo.
Termino esta presentación agradeciendo a Nuestro
Señor ya su Madre Santísima la posibilidad
que me brinda de servir a todos los seminaristas y jóvenes
de nuestro Perú a través de esta Comisión
Episcopal. Que Él haga realidad tantos sueños
e ilusiones que servirán para que el mundo sepa que
Jesús nos ha amado con locura.
Muchas gracias
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