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Recuerdo a San Pablo, que nos dice procuren hacerse todo
a todos, pienso que el distintivo del moderno portador de
Cristo del nuevo milenio, ha de ser amar a todos los hombres
sin excepción de ninguno.
Mi experiencia me enseña, que tal amor es capaz con
frecuencia, de ablandar los corazones más empedernidos
y de abrir puertas herméticamente cerradas, sabiendo
que no hay sorpresa más maravillosa que la de sentirse
amado. Todo ello es como la mano amiga de Dios puesta sobre
el hombro del mortal.
A mis hermanos Obispos, dignísimos. Rectores de Seminarios,
Formadores, Promotores y Coordinadores Vocacionales, Clero,
Religiosos, Religiosas y Fieles Laicos del Perú profundo,
hombres de buena voluntad, les manifiesto que en nuestro
afán de llegar sin descanso a nuestras metas apostólicas,
queremos hacerles llegar la Guía Metodológica
No VIII, con el fin de impulsar con fuerza penetrante de
caridad cristiana, la buena labor que despliegan a favor
de los futuros Sacerdotes de la Iglesia. Este trabajo, exige
un momento de reflexión que acarrea resultados eficaces
a la causa de Cristo Sumo Sacerdote, Profeta y Rey. Las
vocaciones están en nuestras manos, y hoy debemos
remover las mentes y los corazones, sembrar la semilla,
regarla con el agua viva, abonarla para que dé fruto
abundante; si queremos promover el Ínteres de todos,
debemos trabajar en nombre de Cristo, en esta era de grandes
cambios, quisiera pedirles y agradecerles modestamente,
que debemos incrementar sabias dinámicas, e iniciativas
propias que logren grandes propósitos para la causa
del'Señor. Y digo: si no lo hacemos ahora ¿quién
lo hará después?, sabiendo que el futuro de
la Iglesia será apremiante, siempre una nueva «primavera
vocacional».
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