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Las Vocaciones sacerdotales son la esperanza de la Iglesia en orden a su consistencia
institucional y a su eficacia pastoral y espiritual. Ante la necesidad de sacerdotes,
surge la urgencia de intensificar la Promoción Vocacional, que dé
respuesta a los nuevos desafíos y favorecer para crear una cultura vocacional.
El interés que se le debe de dar a las vocaciones, emerge del valor excepcional
que toda vocación sagrada lleva consigo. A saber que la llamada vocacional
es dirigida a todos, pero especialmente a los adolescentes y jóvenes que
viven en nuestra ciudad y en campo, muchachos que pertenecen a diferentes grupos
juveniles parroquiales, que asisten a Misa, que están en Colegios particulares
y en otros ambientes diversos. Todos los ministros consagrados estamos llamados
a trabajar en conjunto y hacer caso lo que el mismo Jesús ordenó.Rogad
al Dueño de la mies, que envíe obreros a su mies (Mt.9, 38).
La Promoción vocacional es tarea de todos, jerarquía y laicos, sobretodo
por medio de su testimonio de vida.
Jesús Buen Pastor ha venido
para buscar y salvar lo que se había perdido y ha instituido el sacerdocio
en la Iglesia para continuar su obra por todos los tiempos. Por lo tanto, a nosotros
sacerdotes, en cuanto educadores en la fe, atañe procurar, por si mismos
o por otros, que cada uno de los fieles sea llevado, en el Espíritu Santo,
a cultivar su propia vocación de conformidad con el Evangelio, a una caridad
sincera y activa y a la libertad con que Cristo nos liberó. De poco se
aprovecharían las ceremonias, por bellas que fueren, ni las asociaciones,
aunque florecientes, si no nos ordenamos a educar a los hombres para alcanzar
la madurez cristiana.
Por ellos debemos instruir bien a los fieles para
que no vivan solamente para sí mismos, sino que, de acuerdo a las exigencias
de la ley nueva de la caridad, cada uno, cual recibió la gracia, pueda
administrarla en favor de su prójimo, y así cumplamos todos nuestros
deberes en la comunidad de los hombres.
Dediquémonos con particular
diligencia a los jóvenes y padres de familia, que es de desear se unan
a fin de ayudarse unos con otros con más facilidad y plenitud, en una vida
a menudo difícil.
Recordemos los presbíteros que todos los
religiosos, varones o mujeres, como quiera que seamos la parte más excelente
en la casa del Señor, seamos dignos del cuidado especial en orden a un
profundo crecimiento espiritual para bien de toda la Iglesia.
Rectores
de Seminarios, Formadores, Promotores y Coordinadores Vocacionales, Clero, Religiosos,
Religiosas y Fieles Laicos del Perú, hombres de buena voluntad, les manifiesto
que en nuestro afán de procurar sin descanso colmar nuestras metas, queremos
hacerles llegar alguna propuestas con el fin de impulsar con fuerza penetrante
la buena labor que ustedes despliegan en favor de las vocaciones sacerdotales,
de los futuros Sacerdotes. Este trabajo, exige de por cierto un compromiso que
acarrea resultados eficaces a la causa de Cristo sumo y Eterno Sacerdote. Hoy,
urge remover mentes y corazones, sembrar la semilla, regarla con el agua viva
y abonarla para que de fruto abundante, en esta época de grandes cambios;
con modestia pido que incrementemos sabias dinámicas, e iniciativas propias
que logren grandes propósitos para la causa del Señor.
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