“Migración: Signo de los Tiempos”

 
Motivado por el Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la «92 Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado» para el año en curso y la realidad migratoria que envuelve y desafía a la Iglesia peruana querernos compartir la visión, misión, valores y los objetivos pastorales que esta Iglesia viene asumiendo como respuesta a la realidad que la interpela. Actualmente la sociedad atraviesa por procesos de integración y disgregación, los cuales la hacen cada vez más inestable; la caída de barreras a la circulación de capitales, de bienes y servicios, ha favorecido cada vez más, a una integración más arnplia entre las economías en el mundo. Por otro lado, se siguen elaborando barreras en contra de la libre circulación de las personas. Ante la concertación entre bloques económicos en el plano general, observarnos desencadenarse conflictos regionales, locales, violencia como guerrillas, narcotráfico, tráfico y trata de personas, etc; que dejan como secuelas violaciones de los Derechos Humanos, muertes, prófugos, refugiados y desplazados que alimentan las diversas formas de migración interna e internacional.

Dentro de estos procesos, las migraciones son percibidas de forma compleja y muchas veces contradictoria. En los países de llegada, la inmigración es vista como recurso a ser explotado por las fuerzas económicas; otros la ven como una amenaza para la sociedad civil y los gobiernos la perciben como un peligro que quebranta la «seguridad nacional». Esto hace que resurjan los movimientos xenofóbicos y racistas. Las comunidades de origen consideran que favorecen al país a través del envió de las remesas, sin percibir las problemáticas conexas que ésta origina. Los emigrantes son vistos bajo un perfil meramente económico.

A partir de la afirmación: «Nadie ama a quien no conoce», presento este documento pastoral, fruto del trabajo del Departamento de la Pastoral de la Movilidad Humana, a sus aliados: Dios, los Profetas, Jesucristo, la Iglesia, Scalabrini, misioneros y misioneras, .laicos; sus protagonistas: el Pueblo de Dios que se encuentra en camino; para compartir sus desafíos, sus sueños y esperanzas en encontrar la Tierra Prometida.

Mi gratitud al Monseñor Miguel Irizar Campos, pastor y amigo de los migrantes, Presidente de este Departamento; por su celo apostólico, su presencia y apoyo constante para que este documento pastoral sea una realidad.

La vida cristiana no será completa apenas con la asidua participación en los templos, es necesaria la vivencia de la solidaridad, la fraternidad; para adherirnos a la causa de Jesucristo identificándonos con la Iglesia misionera, pues la identidad de la Iglesia es la de ser misionera. Misión no es tarea, sino, identidad: por eso somos misión o no somos Iglesia.

La misión nos hace salir de nosotros mismos para entrar en sintonía con los otros y crecer en la comunión fraterna. La misión es vivir el bautismo como testimonio de resurrección. Misión es dinamismo, es tiempo de salir, ya Jesús lo había dicho:

« ...vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Noticia a toda la Creación;; (Mt 28,19) .
R Alcides Salinas Sosa M.C.E
Secretario Ejecutivo Departamento Pastoral de Movilidad Humana
Conferencia Episcopal Peruana
 
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