El
Vaticano II, al promulgar la Constitución «Dei
Verbum» invita a los fieles cristianos a que tengan
mayor acceso y se acerquen con asiduidad a la Sagrada Escritura.
La Iglesia sabe que «el poder y la fuerza de la Palabra
de Dios es sustento y vigor, firmeza de fe para sus hijos,
alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida
espiritual» (DV21).
Cuando empezamos a leer la Biblia nos ocurre algo parecido
a lo de aquellos discípulos que se encontraban en
el camino de Jerusalén hacia Emaús (Le 24,
13-35); Cristo está allí, pero ellos no lo
saben. Él se calla. No lo han descubierto todavía,
pero está ailí. Está presente, asistiendo
a la pesada tristeza de ¡os dos.
Cuando abrimos la Biblia, el texto comienza por quedarse
mudo. Luego se pone a interrogarnos, lo mismo que interrogaba
Jesús a aquellos dos hombres. Y de pronto vemos cómo
los tres recobran el habla, recogen la palabra bíblica.
Y el texto evocado ya no es frío y lejano, sino una
voz cálida, cercana. Las palabras empiezan a ser
algo más que palabras. Se ponen alerta nuestros oídos,
nuestra inteligencia, el corazón, la vida. ¡Detrás
de esas palabras está ALGUIEN! Alguien que habla,
que nos interpela; su presencia empieza a hacerse palpable;
las frases cobran vida y se convierten en mensaje. Las palabras
han pasado a ser Palabra viva. «¿No sentíamos
arder nuestros corazones mientras nos hablaba en el camino?"
.
Este relato nos lleva más lejos todavía: está
el gesto de la comunión realizada, los hermanos que
vuelven a encontrarse y la confesión de la fe proclamada.
Se ha comprendido por fin que Él estaba allí.
Este es nuestro objetivo. Por ello la Comisión Episcopal
de Catcquesis, Pastoral Bíblica y Pastoral Indígena
viene trabajando para que la Sagrada Escritura tenga su
verdadero lugar, produciendo el encuentro transformador
de la Palabra con quienes se acercan a ella, para que de
esta experiencia brote con vigor toda acción pastoral
en la Iglesia.
Este «IDEARIO - GUÍA DE PASTORAL BÍBLICA
EN EL PERÚ» ha surgido como fruto de la búsqueda,
del esfuerzo y del aporte de muchos colaboradores, que hoy
nos lo ofrecen como válido instrumento, para que
los agentes de pastoral puedan tener claridad sobre el lugar
que debemos dar a la Escritura en la tarea evangelizadora,
La Palabra de Dios es viva y eficaz, fortalece la vida y
procura el encuentro vivo y real con quien la ha suscitado.
Nuestro intento es que la Palabra de Dios se ubique claramente
como alimento sólido de la fe de nuestro pueblo,
como base de todos los servicios pastorales, como fuerza
de la vida y de la misión de la Iglesia en las diferentes
diócesis, vicariatos y prelaturas. Que los agentes
pastorales y fieles puedan acceder, en la Escritura Santa,
a una profunda experiencia de encuentro transformante con
el Cristo que se manifiesta en ella.
Que Santa María, nuestra Madre, fiel ejemplo de receptividad
fecunda y escucha fiel de la Palabra, nos acerque a su Hijo,
Palabra del Padre (lógos proforikós).
Que con la fuerza del Espíritu y como ella, podamos
decir «Hágase en mí tu Palabra».
Que la Palabra se haga carne en nuestra vida.
Cajamarca, 24 de Mayo del año dos mil tres.