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Hermanos
en el Sacramento del Bautismo,
Ingresamos con Cristo al nuevo milenio con la fortaleza que
nos anima a continuarla Obra evangelizadora de la redención.
La Vigilia de Pentecostés que vivimos en nuestras comunidades,
es presencia vivo de una Iglesia unida, porque Pastores, religiosos
y laicos juntos invocamos la presencia del Espíritu
Santo que nos convoca y nos conduce o la unidad desde la diversidad.
Después de haber vivido la gracia del Jubileo se comprende
mejor que la santidad no sólo debe ser la máxima
aspiración del cristiano, sino también una urgencia
pastoral. La vida de las familias cristianas y de toda comunidad
eclesial debe tomar consciente y voluntariamente esta dirección,
reconociendo en todo momento que, si bien los caminos de la
santidad son personales, la propuesta está dirigida
a todos, a través de la Iglesia (cf. NMI. 30).
Para recorrer el camino «de la santidad es necesario
un cristianismo que se distinga ante todo en el arte de la
oración... Es preciso aprender a orar... Nuestras comunidades
cristianas tienen que llegara ser auténticas «escuelas
de oración» donde el encuentro con Cristo no
se exprese solamente en petición de ayuda, sino también
en acción de gracias, alabanza, adoración, contemplación,
escucha y viveza de afecto hasta el ^arrebato del corazón^...»
(cf. NMI 31-32)
Por eso, convocamos nuevamente a los Movimientos, Hermandades
y asociaciones laicales para que, junto a sus Pastores, nos
reunamos para hacer Vigilia de Oración, pidiendo al
Espíritu Santo que, reconociendo los talentos, carismas
y ministerios propios de cada uno, nos impulse a reemprender
nuestro trabajo misionero en este nuevo milenio.
La Comisión Episcopal de Apostolado Laical presenta
esta guía de oración como un servicio a la comunidad
a fin de que cada una la adecué a su propia realidad.
Con afecto de Padre y Pastor,
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