|
Oí
una voz que exclamaba desde
el trono: Ésta es la morada de Dios entre los hombres
... y ellos serán su pueblo y Él mismo será
Dios con ellos. Enjugará toda lágrima
de sus ojos y ya no existirá ni muerte, ni duelo, ni gemido,
ni pena porque todo lo anterior ha pasado ... Ahora
todo lo hago nuevo. ... Escribe que estas palabras son
fidedignas y verdaderas. ... Ya todo está hecho.
Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. Al que tenga sed
yo le daré gratuitamente del manantial del agua de la Vida.
Esa será la herencia del que salga vencedor. Y yo seré
Dios para él y él será para mí un hijo.
(Ap 21, 3 8)
Hermosa realidad, desbordante de alegría indescriptible,
la que se anuncia en este mensaje. Las personas ya no tendrán
que buscar a Dios en ningún otro lugar, para gozar de Su
amor porque lo tendrán con ellos para siempre. Su morada
está entre ellos, con Él estarán donde quiera
que se encuentren porque Su amor les será regalado allí,
donde estén; pues, Dios está inundando la creación
en toda su existencia y Su Espíritu actúa sin cesar
para hacer nuevos a los que abren su corazón a la fuerza
del amor. Todo esto puede ocurrir en ellos, en todo el mundo,
cuando sean <uno con Jesús> cuando sean efectivamente
como parte de su Cuerpo -. La Iglesia y hayan logrado contemplar
al mundo con ojos divinos. Sólo entonces, se comprenderá
la inmensa dimensión de su belleza y la importancia de vivir
enteramente la vocación y misión en el compromiso
verdadero.
El Apocalipsis nos ofrece una figura maravillosa, en este relato,
de lo que está ocurriendo en el mundo; pero vista desde una
perspectiva de eternidad; o sea, como sí estuviéramos
mirando desde el cielo, donde no hay pasado, ni futuro, solamente,
eternidad. Junto a esto, se nos muestra que el amor de Dios está
desde siempre, que Su palabra es fiel y verdadera y que Él
es más grande que todos los problemas, que no nos dejemos
atrapar por ellos; sino que aprendamos a mirar al mundo a través
de la fe. ¿A qué temerle entonces? ¿A
qué correr detrás de tantas cosas buscando fortaleza
y protección? Jesús es el Señor de la historia
y está rodeado de principio a fin de amor salvador, en Él
está la victoria sobre el mal y únicamente en Él;
porque lleva en sí, la señal de la gloria. ¡La
Resurrección!
El cuerpo resucitado de Cristo es el principio del universo nuevo,
espiritual y material, que esperamos. Desde entonces es Dios
Principio y Fin fuente de agua de vida que sacia la avidez
de los elegidos y comunica su felicidad de penetrar más y
más en el misterio de Dios. Aquí, con Él estamos
seguros que ya terminaron los sufrimientos de los mártires,
de los torturados, de los dolores por el arrepentimiento de los
pecadores, todo gemido acabó. Gozo, alegría y paz
es lo único que existe porque todo esto, es lo que hay en
Dios.
Su pueblo es una humanidad reunida en Su misma vida, esta es la
realidad definitiva y no habrá historia después. De
este modo es proclamado Jesús, como el centro de la historia,
Él es el que está rodeado por el amor infinito de
Dios y con Cristo, también nosotros, somos centro de la historia
porque estando llenos de Su amor somos otro Cristo, somos uno
con Él. Su poder de resurrección ha transformado el
mundo entero, la morada de Dios, que es para todos los que
han logrado ser enteramente sus hijos. A esto se le llama <conocer
a Dios>.
Esta visión de la grandeza, bondad y del poder divino, quiere
inspirar nuestra fe y fortalecer nuestra confianza, en que la lucha
por ganar el mundo para Jesucristo, sea renovadamente valiente,
perseverante y segura. ¿Podrá alguna persona resistirse
a este Dios, sin querer conocerlo e intimar con Él? ¿Quién
será aquel que no quiera ser hecho nuevo? ¿Habrá
en este siglo tanta sordera que no queramos oír estas palabras que
son fidedignas y verdaderas? ¿No podremos confiar en la promesa
de una herencia tan rica y tan grande, sabiendo que viene del Señor
de la historia?
A los laicos, en especial, los invitamos a recorrer estas páginas
y a reflexionar con ellas, cuán grande es el amor de Dios
por nosotros, por el mundo que es nuestra misión específica
cuánto ama a la creación entera y cómo
actúa el Espíritu de Gracia, para hacer nuevos, a
los que se abren a su realidad divina y amorosa. ¡Cuánto
nos gustaría que todos ustedes, estén entre los que
ya se han abierto al Señor, sin esperar a mañana para
empezar, ahora mismo, a ser uno con Jesús, para que siendo
parte de Su Cuerpo, puedan contemplar el mundo con los ojos de la
fe, que sabe ver lo extraordinario y santo, en lo común y
profano. Y, que justamente por eso, se llenen de ganas misioneras,
de ímpetu y fortaleza sin cesar, en el desarrollo de su gran
misión!
A la luz de las reflexiones de la V Conferencia General en Aparecida
hemos elaborado los contenidos que les presentamos esta vez, con
la intención que el Espíritu de comunión que
animó a los participantes en ella, también sople entre
los laicos y reciban este nuevo trabajo con mucha apertura
y entusiasmo; y, ojalá logren convertirlo en instrumento eficaz,
como testigos de Jesús y misioneros de su Evangelio.
El trabajo referido líneas arriba consta de siete temas que
formando una unidad llevan como Título General :
LAICOS, DISCÍPULOS DE JESUCRISTO PARA UNA IGLESIA PROFÉTICA
Y MISIONERA. Título que se fortalece y complementa con estas
palabras de Jesús, como Lema: Vayan y hagan discípulos
a todos los pueblos (Mt 28, 19).
La reflexión principal de este folleto está dirigida a
los laicos, su pertenencia a la Iglesia Pueblo de Dios
al valor de su identidad y a la importante misión que
Dios les ha encomendado. En cada tema se incluyen, como mínimo,
dos espacios llamados Momentos de Reflexión, que constan
de un conjunto de preguntas o puntos para analizar y confrontar
la situación personal con la social, política o de
fe; pero también para tomar conciencia de realidades
difíciles o conflictivas en nuestra sociedad. Todo ello relacionado
con el ámbito de los temas tratados. Este conjunto está,
además, complementado por la Introducción y Conclusión
en su contenido total.
Los mencionados siete temas tienen los siguientes títulos:
1- Los laicos, miembros del Pueblo de Dios: Enfatiza
la identidad del laico, haciendo referencia clara a quién
es, cuál es su situación y cómo se ha
desarrollado como miembro de la Iglesia. El significado de su bautismo,
qué repercusión tiene para él haberlo recibido.
El valor de su vocación en toda su vida y la trascendencia
de su misión para su vida y para todo el mundo que lo rodea.
Importancia de su fidelidad a la Buena Nueva.
2- Los laicos, discípulos y misioneros de Jesucristo: presencia
en la Iglesia y en el mundo. Su Se refiere centralmente al seguimiento
de Cristo y , necesariamente, a su papel como evangelizador; y,
como tal a la necesidad de acercarse día a día , más
y más a Cristo para aprender de Él su papel de fiel
seguidor y esforzado misionero. Trata además la relevancia
de la vida de comunión en la Iglesia, la relación
fraternal entre clero y laicos y entre estos; los carismas y la
unidad a pesar de toda su diversidad. Le dedica mucha reflexión
al carácter misionero del laico, al cultivo de cualidades
propias de un discípulo de Jesús y su papel como constructor
de la sociedad.
3- El Compromiso de los laicos en el Perú, hoy: Este
tema se enfoca de manera muy concreta y mirando directamente a cómo
se desarrolla la vida y actuación de los laicos en todos
sus ámbitos. Se confronta a cada lector con su realidad
para que la palpe y reflexione. Este es más bien un contenido
práctico y real frente a los desafíos y oportunidades
a los que se enfrenta cada persona. Se ha tratado de analizar cada
uno y la influencia de estos en la vida y comportamiento de las
personas y de la cultura misma. Las organizaciones laicales, su
papel, esfuerzos y preocupaciones. Además su importancia
en la Iglesia y en la sociedad.
4- La Misión de los laicos en el Perú: Aquí
se toma como asunto nuclear , la misión del laico en el Perú
y analizando los desafíos y oportunidades que se desprenden
de los campos de acción, se procura profundizar en conceptos
de importancia para el contenido. Se señala la fuerte preocupación
y urgencia de una preparación de los laicos para interpretar
y actuar como corresponde frente a los vertiginosos cambios
en la sociedad peruana hoy.
5- Una Formación Integral para los laicos: Dirige
la mirada hacia conceptos vitales en toda formación
que quiere ser completa y consistente. La formación cristiana
como parte primordial en todo discípulo de Jesucristo. Reflexión
de la vocación y misión personal del laico, la íntima
relación con la formación cristiana para su propio
descubrimiento y reconocimiento. Por qué la formación
es una tarea principal en la vida laical, su vida diaria en comunidad
y su formación permanente; y, finalmente la realidad formativa
de los laicos en el Perú. A todo esto sigue un último
punto sobre las luces que da Aparecida en este asunto específicamente.
6- María, la gran misionera, madre y modelo como
evangelizadora: Entrega una visión de María resaltando
tres grandes fortalezas en su vida de laica. Es destacable
su fidelidad y confianza; su amor por todos sus hijos en el mundo
a través de los siglos y cómo enseña inclusive
hoy, a superar las incertidumbres.
7- Una mirada dirigida a los anhelos, compromisos, propósitos
y propuestas que brotan de la V Conferencia General en Aparecida: En
este último título recogemos en forma referencial
y puntualmente el núcleo, tanto del sentir como del pensar,
de la Conferencia, respecto a sus realidades y en especial a sus
comunidades; los deseos de renovación y fortalecimiento,
la visión de futuro que se quisiera y la búsqueda
de medios, herramientas y metodologías que llenen el espíritu
de los suyos para animar su vida de <amigos de Cristo.>.
Confiados en que los laicos encontrarán en estas páginas
un material útil, sencillo y a la vez profundo, que
podrán llevar consigo, como buen compañero y
ayuda clara y certera, en el entendimiento de su vocación
y desempeño de su diaria misión.
Nos alegra cerrar este diálogo con las espléndidas
y jubilosas palabras del Papa Benedicto XVI :
Si la belleza de la Jerusalén celeste es la gloria
de Dios, o sea, su amor, es precisa y solamente en la caridad
como podemos acercarnos a ella y, en cierto modo, habitar en ella.
Quien ama al Señor Jesús y observa su palabra experimenta
ya en este mundo la misteriosa presencia de Dios, Uno y Trino como
hemos escuchado en el Evangelio: Vendremos a Él y haremos
morada en Él (Jn 14, 23). Por eso, todo cristiano está
llamado a ser piedra viva de esta maravillosa morada de Dios
con los hombres. ¡Qué magnífica vocación!
Una Iglesia totalmente animada y movilizada por la caridad de Cristo.
(...) anticipación de la ciudad santa, (...) De ella
brota una fuerza misionera irresistible, que es la fuerza de la
santidad. (DC, Anexo 1 Pág. 277-278, Aparecida).
|