“Oí una voz que exclamaba desde el trono: “Ésta es la morada de Dios entre los hombres ... y ellos serán su pueblo y Él mismo será Dios – con – ellos. Enjugará toda lágrima de sus ojos y ya no existirá ni muerte, ni duelo, ni gemido, ni pena porque todo lo anterior ha pasado” ... “Ahora todo lo hago nuevo.” ... “Escribe que estas palabras son fidedignas y verdaderas.” ... “Ya todo está hecho.” Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. Al que tenga sed yo le daré gratuitamente del manantial del agua de la Vida. Esa será la herencia del que salga vencedor. Y yo seré Dios para él y él será para mí un hijo.””
(Ap 21, 3 – 8)


Hermosa realidad, desbordante de alegría indescriptible, la que se anuncia en este mensaje. Las personas ya no tendrán que buscar a Dios en ningún otro lugar, para gozar de Su amor porque lo tendrán con ellos para siempre. Su morada está entre ellos, con Él estarán donde quiera que se encuentren porque Su amor les será regalado allí, donde estén; pues, Dios está inundando la creación en toda su existencia y Su Espíritu actúa sin cesar para hacer nuevos a los que abren su corazón a la fuerza del amor. Todo esto puede ocurrir en ellos, en todo el mundo, cuando sean <uno con Jesús> cuando sean efectivamente como parte de su Cuerpo -. La Iglesia – y hayan logrado contemplar al mundo con ojos divinos. Sólo entonces, se comprenderá la inmensa dimensión de su belleza y la importancia de vivir enteramente la vocación y misión en el compromiso verdadero. 

El Apocalipsis nos ofrece una figura maravillosa, en este relato, de lo que está ocurriendo en el mundo; pero vista desde una perspectiva de eternidad; o sea, como sí estuviéramos mirando desde el cielo, donde no hay pasado, ni futuro, solamente, eternidad. Junto a esto, se nos muestra que el amor de Dios está desde siempre, que Su palabra es fiel y verdadera y que Él es más grande que todos los problemas, que no nos dejemos atrapar por ellos; sino que aprendamos a mirar al mundo a través de la fe. ¿A qué temerle entonces? ¿A qué correr detrás de tantas cosas buscando fortaleza y protección? Jesús es el Señor de la historia y está rodeado de principio a fin de amor salvador, en Él está la victoria sobre el mal y únicamente en Él; porque lleva en sí, la señal de la gloria. ¡La Resurrección! 

El cuerpo resucitado de Cristo es el principio del universo nuevo, espiritual y material, que esperamos. Desde entonces es Dios – Principio y Fin – fuente de agua de vida que sacia la avidez de los elegidos y comunica su felicidad de penetrar más y más en el misterio de Dios. Aquí, con Él estamos seguros que ya terminaron los sufrimientos de los mártires, de los torturados, de los dolores por el arrepentimiento de los pecadores, todo gemido acabó. Gozo, alegría y paz es lo único que existe porque todo esto, es lo que hay en Dios.

Su pueblo es una humanidad reunida en Su misma vida, esta es la realidad definitiva y no habrá historia después. De este modo es proclamado Jesús, como el centro de la historia, Él es el que está rodeado por el amor infinito de Dios y con Cristo, también nosotros, somos centro de la historia porque estando llenos de Su amor somos otro Cristo, somos uno con Él. Su poder de resurrección ha transformado el mundo entero, la morada de Dios, que es para todos los que han logrado ser enteramente sus hijos. A esto se le llama <conocer a Dios>. 

Esta visión de la grandeza, bondad y del poder divino, quiere inspirar nuestra fe y fortalecer nuestra confianza, en que la lucha por ganar el mundo para Jesucristo, sea renovadamente valiente, perseverante y segura. ¿Podrá alguna persona resistirse a este Dios, sin querer conocerlo e intimar con Él? ¿Quién será aquel que no quiera ser hecho nuevo? ¿Habrá en este siglo tanta sordera que no queramos oír estas palabras que son fidedignas y verdaderas? ¿No podremos confiar en la promesa de una herencia tan rica y tan grande, sabiendo que viene del Señor de la historia? 

A los laicos, en especial, los invitamos a recorrer estas páginas y a reflexionar con ellas, cuán grande es el amor de Dios por nosotros, por el mundo – que es nuestra misión específica – cuánto ama a la creación entera y cómo actúa el Espíritu de Gracia, para hacer nuevos, a los que se abren a su realidad divina y amorosa. ¡Cuánto nos gustaría que todos ustedes, estén entre los que ya se han abierto al Señor, sin esperar a mañana para empezar, ahora mismo, a ser uno con Jesús, para que siendo parte de Su Cuerpo, puedan contemplar el mundo con los ojos de la fe, que sabe ver lo extraordinario y santo, en lo común y profano. Y, que justamente por eso, se llenen de ganas misioneras, de ímpetu y fortaleza sin cesar, en el desarrollo de su gran misión! 

A la luz de las reflexiones de la V Conferencia General en Aparecida hemos elaborado los contenidos que les presentamos esta vez, con la intención que el Espíritu de comunión que animó a los participantes en ella, también sople entre los laicos y reciban este nuevo trabajo con mucha apertura y entusiasmo; y, ojalá logren convertirlo en instrumento eficaz, como testigos de Jesús y misioneros de su Evangelio.

El trabajo referido líneas arriba consta de siete temas que formando una unidad llevan como Título General :
LAICOS, DISCÍPULOS DE JESUCRISTO PARA UNA IGLESIA PROFÉTICA Y MISIONERA. Título que se fortalece y complementa con estas palabras de Jesús, como Lema: “Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos” (Mt 28, 19).

La reflexión principal de este folleto está dirigida a los laicos, su pertenencia a la Iglesia – Pueblo de Dios – al valor de su identidad y a la importante misión que Dios les ha encomendado. En cada tema se incluyen, como mínimo, dos espacios llamados Momentos de Reflexión, que constan de un conjunto de preguntas o puntos para analizar y confrontar la situación personal con la social, política o de fe; pero también para tomar conciencia de realidades difíciles o conflictivas en nuestra sociedad. Todo ello relacionado con el ámbito de los temas tratados. Este conjunto está, además, complementado por la Introducción y Conclusión en su contenido total

Los mencionados siete temas tienen los siguientes títulos:

1- Los laicos, miembros del Pueblo de Dios: Enfatiza la identidad del laico, haciendo referencia clara a quién es, cuál es su situación y cómo se ha desarrollado como miembro de la Iglesia. El significado de su bautismo, qué repercusión tiene para él haberlo recibido. El valor de su vocación en toda su vida y la trascendencia de su misión para su vida y para todo el mundo que lo rodea. Importancia de su fidelidad a la Buena Nueva. 

2- Los laicos, discípulos y misioneros de Jesucristo: presencia en la Iglesia y en el mundo. Su Se refiere centralmente al seguimiento de Cristo y , necesariamente, a su papel como evangelizador; y, como tal a la necesidad de acercarse día a día , más y más a Cristo para aprender de Él su papel de fiel seguidor y esforzado misionero. Trata además la relevancia de la vida de comunión en la Iglesia, la relación fraternal entre clero y laicos y entre estos; los carismas y la unidad a pesar de toda su diversidad. Le dedica mucha reflexión al carácter misionero del laico, al cultivo de cualidades propias de un discípulo de Jesús y su papel como constructor de la sociedad. 

3- El Compromiso de los laicos en el Perú, hoy: Este tema se enfoca de manera muy concreta y mirando directamente a cómo se desarrolla la vida y actuación de los laicos en todos sus ámbitos. Se confronta a cada lector con su realidad para que la palpe y reflexione. Este es más bien un contenido práctico y real frente a los desafíos y oportunidades a los que se enfrenta cada persona. Se ha tratado de analizar cada uno y la influencia de estos en la vida y comportamiento de las personas y de la cultura misma. Las organizaciones laicales, su papel, esfuerzos y preocupaciones. Además su importancia en la Iglesia y en la sociedad. 

4- La Misión de los laicos en el Perú: Aquí se toma como asunto nuclear , la misión del laico en el Perú y analizando los desafíos y oportunidades que se desprenden de los campos de acción, se procura profundizar en conceptos de importancia para el contenido. Se señala la fuerte preocupación y urgencia de una preparación de los laicos para interpretar y actuar como corresponde frente a los vertiginosos cambios en la sociedad peruana hoy. 

5- Una Formación Integral para los laicos: Dirige la mirada hacia conceptos vitales en toda formación que quiere ser completa y consistente. La formación cristiana como parte primordial en todo discípulo de Jesucristo. Reflexión de la vocación y misión personal del laico, la íntima relación con la formación cristiana para su propio descubrimiento y reconocimiento. Por qué la formación es una tarea principal en la vida laical, su vida diaria en comunidad y su formación permanente; y, finalmente la realidad formativa de los laicos en el Perú. A todo esto sigue un último punto sobre las luces que da Aparecida en este asunto específicamente. 

6- María, la gran misionera, madre y modelo como evangelizadora: Entrega una visión de María resaltando tres grandes fortalezas en su vida de laica. Es destacable su fidelidad y confianza; su amor por todos sus hijos en el mundo a través de los siglos y cómo enseña inclusive hoy, a superar las incertidumbres. 

7- Una mirada dirigida a los anhelos, compromisos, propósitos y propuestas que brotan de la V Conferencia General en AparecidaEn este último título recogemos en forma referencial y puntualmente el núcleo, tanto del sentir como del pensar, de la Conferencia, respecto a sus realidades y en especial a sus comunidades; los deseos de renovación y fortalecimiento, la visión de futuro que se quisiera y la búsqueda de medios, herramientas y metodologías que llenen el espíritu de los suyos para animar su vida de <amigos de Cristo.>.

Confiados en que los laicos encontrarán en estas páginas un material útil, sencillo y a la vez profundo, que podrán llevar consigo, como buen compañero y ayuda clara y certera, en el entendimiento de su vocación y desempeño de su diaria misión.

Nos alegra cerrar este diálogo con las espléndidas y jubilosas palabras del Papa Benedicto XVI :

“Si la belleza de la Jerusalén celeste es la gloria de Dios, o sea, su amor, es precisa y solamente en la caridad como podemos acercarnos a ella y, en cierto modo, habitar en ella. Quien ama al Señor Jesús y observa su palabra experimenta ya en este mundo la misteriosa presencia de Dios, Uno y Trino como hemos escuchado en el Evangelio: “Vendremos a Él y haremos morada en Él” (Jn 14, 23). Por eso, todo cristiano está llamado a ser piedra viva de esta maravillosa “morada de Dios con los hombres.” ¡Qué magnífica vocación!
Una Iglesia totalmente animada y movilizada por la caridad de Cristo. (...) anticipación de la ciudad santa, (...) De ella brota una fuerza misionera irresistible, que es la fuerza de la santidad.” (DC, Anexo 1 Pág. 277-278, Aparecida).

 
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