La Iglesia, que es Madre y Maestra, ha demostrado a lo largo de su historía una preocupación especial por los adultos mayores en modo particular por quienes sufren limitación y pobreza.

Desde esta perspectiva, la CEAL desea alentar a los adultos mayores, cualquiera que sea la situación en que se encuentren a incorporarse a la vida de la Iglesia y a a incorporarse a la vida de la Iglesia y a la sociedad. Quisiéramos animar a que todas las comunidades cristianas y las diversas instancias de la Iglesia asuman una responsabilidad compartida frente a las diversas condiciones de los adultos mayores.

El progreso de la ciencia y de la medicina - hecho positivo de la cultura actual - hace que el número de adultos mayores sea mayor cada día. Este hecho hace urgente la necesidad de que la Iglesia, en base a la gran reserva espiritual de santidad de sus miembros, procure un acompañamiento pastoral, con respeto y comprensión, a quienes se encuentran en aquella etapa de la vida llamada de la tercera edad.

Al presentar este sencillo proyecto a la comunidad para celebrar el Jubileo, propiciamos el protagonismo que deben asumir no sólo los adultos mayores activos, al dar testimonio de fe y esperanza frente a aquellos hermanos que se encuentran en condiciones difíciles en su vida, sino también el protagonismo de aquellos, quienes agobiados por sus propias limitaciones, tienen inmensas posibilidades de ejercer un protagonismo delante de Dios y de la Iglesia, con su testimonio silencioso, al ofrecer cada día a Dios su dolor físico o espiritual, por si mismos, por sus hermanos o por el mundo. Es esta actitud de fe y ofrenda al Señor la que les permite caminar con Jesús en el atardecer de la vida.

A todos y cada uno de nosotros se nos presenta la posibilidad de realizar la hermosa y fecunda tarea de evangelizar, catequizar y servir a nuestros adultos mayores. Acerquémonos a ellos como lo haría Jesucristo, Nuestro Señor, quien se queda presente en el que sufre (Mí 25,35 ss) y pidamos a la Santísima Virgen María que nos haga crecer en ese amor, como hijos de una misma familia imitándola en su incansable y generoso espíritu de servicio y en la preocupación que toda madre, como María, tiene por los hijos que más ayuda necesitan y por quienes siente especial predilección.

Finalmente, ruego a todos los que tienen responsabilidad pastoral en las Diócesis, Parroquias, movimientos o asociaciones, que acojan con buena voluntad este subsidio pastoral para celebrar el Jubileo y desarrollar una acción más participativa en bien de los adultos mayores, demostrando así con hechos, que buscamos un mundo más fraterno, más justo y según los valores del Evangelio. Esto permitirá, asimismo, que los adultos mayores, en sus diversas condiciones de salud y de situación socio-económica, descubran que siempre hay un horizonte de esperanza en el atardecer de su vida, si es con Jesús.

 
Lima, Junio de 1998
+ José Paulino Ríos Reynoso
Arzobispo de Huancayo
Presidente de CEAL
 
Copyright © 2005 Conferencia Episcopal Peruana - Todos los derechos reservados