| | BENEDICTO
XVI: LLAMA A LA MOVILIZACIÓN EN DEFENSA DEL ORDEN NATURAL
El
24 de febrero pasado el Santo Padre Benedicto XVI se dirigió a los participantes
en la Asamblea anual de la Pontificia Academia para la Vida, de ese discurso ofrecemos
una síntesis. La versión completa puede consultarse en www.noticiasglobales.org
(documentos).
El orden natural. Llamado a la movilización. Salud
reproductiva. Aborto químico. Eugenesia. Atentados contra el matrimonio.
Formación de la conciencia. Educar en la verdad. Objeción de conciencia.
Ciudadanos cristianos
Algunos párrafos del discurso:
El
orden natural
El tema que habéis propuesto a la atención
de los participantes, y por tanto también de la comunidad eclesial y de
la opinión pública, es de gran importancia, pues la conciencia cristiana
tiene necesidad interna de alimentarse y fortalecerse con las múltiples
y profundas motivaciones que militan en favor del derecho a la vida. Es un derecho
que debe ser reconocido por todos, porque es el derecho fundamental con respecto
a los demás derechos humanos. Lo afirma con fuerza la encíclica
Evangelium
vitae: "Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre
dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo
secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su
corazón (cf. Rm 2, 14-15) el valor sagrado de la vida humana desde su inicio
hasta su término, y afirmar el derecho de cada ser humano a ver respetado
totalmente este bien primario suyo. En el reconocimiento de este derecho se fundamenta
la convivencia humana y la misma comunidad política" (n. 2)
La
misma encíclica recuerda que "los creyentes en Cristo deben, de modo
particular, defender y promover este derecho, conscientes de la maravillosa verdad
recordada por el concilio Vaticano II: "El Hijo de Dios, con su encarnación,
se ha unido, en cierto modo, con todo hombre" (Gaudium et spes, 22). En efecto,
en este acontecimiento salvífico se revela a la humanidad no sólo
el amor infinito de Dios, que "tanto amó al mundo que dio a su Hijo
único" (Jn 3, 16), sino también el valor incomparable de cada
persona humana" (ib.).
Llamado a la movilización
Por
eso, el cristiano está continuamente llamado a movilizarse para afrontar
los múltiples ataques a que está expuesto el derecho a la vida.
Sabe que en eso puede contar con motivaciones que tienen raíces profundas
en la ley natural y que por consiguiente pueden ser compartidas por todas las
personas de recta conciencia.
Desde esta perspectiva, sobre todo después
de la publicación de la encíclica Evangelium
vitae, se ha hecho mucho para que los contenidos de esas motivaciones pudieran
ser mejor conocidos en la comunidad cristiana y en la sociedad civil, pero hay
que admitir que los ataques contra el derecho a la vida en todo el mundo se han
extendido y multiplicado, asumiendo nuevas formas.
Salud
reproductiva. Aborto químico. Eugenesia. Atentados contra el matrimonio
Son
cada vez más fuertes las presiones para la legalización del aborto
en los países de América Latina y en los países en vías
de desarrollo, también recurriendo a la liberalización de las nuevas
formas de aborto químico bajo el pretexto de la salud reproductiva: se
incrementan las políticas del control demográfico, a pesar de que
ya se las reconoce como perniciosas incluso en el ámbito económico
y social.
Al mismo tiempo, en los países más desarrollados
aumenta el interés por la investigación biotecnológica más
refinada, para instaurar métodos sutiles y extendidos de eugenesia hasta
la búsqueda obsesiva del "hijo perfecto", con la difusión
de la procreación artificial y de diversas formas de diagnóstico
encaminadas a garantizar su selección. Una nueva ola de eugenesia discriminatoria
consigue consensos en nombre del presunto bienestar de los individuos y, especialmente
en los países de mayor bienestar económico, se promueven leyes para
legalizar la eutanasia.
Todo esto acontece mientras, en otra vertiente,
se multiplican los impulsos para legalizar convivencias alternativas al matrimonio
y cerradas a la procreación natural. En estas situaciones la conciencia,
a veces arrollada por los medios de presión colectiva, no demuestra suficiente
vigilancia sobre la gravedad de los problemas que están en juego, y el
poder de los más fuertes debilita y parece paralizar incluso a las personas
de buena voluntad. (
)
Formación de
la conciencia
La conciencia moral, para poder guiar rectamente
la conducta humana, ante todo debe basarse en el sólido fundamento de la
verdad, es decir, debe estar iluminada para reconocer el verdadero valor de las
acciones y la consistencia de los criterios de valoración, de forma que
sepa distinguir el bien del mal, incluso donde el ambiente social, el pluralismo
cultural y los intereses superpuestos no ayuden a ello.
La formación
de una conciencia verdadera, por estar fundada en la verdad, y recta, por estar
decidida a seguir sus dictámenes, sin contradicciones, sin traiciones y
sin componendas, es hoy una empresa difícil y delicada, pero imprescindible.
Y es una empresa, por desgracia, obstaculizada por diversos factores. Ante todo,
en la actual fase de la secularización llamada post-moderna y marcada por
formas discutibles de tolerancia, no sólo aumenta el rechazo de la tradición
cristiana, sino que se desconfía incluso de la capacidad de la razón
para percibir la verdad, y a las personas se las aleja del gusto de la reflexión.
Según
algunos, incluso la conciencia individual, para ser libre, debería renunciar
tanto a las referencias a las tradiciones como a las que se fundamentan en la
razón. De esta forma la conciencia, que es acto de la razón orientado
a la verdad de las cosas, deja de ser luz y se convierte en un simple telón
de fondo sobre el que la sociedad de los medios de comunicación lanza las
imágenes y los impulsos más contradictorios.
Educar
en la verdad. Objeción de conciencia
Es preciso volver
a educar en el deseo del conocimiento de la verdad auténtica, en la defensa
de la propia libertad de elección ante los comportamientos de masa y ante
las seducciones de la propaganda, para alimentar la pasión de la belleza
moral y de la claridad de la conciencia. Esta delicada tarea corresponde a los
padres de familia y a los educadores que los apoyan; y también es una tarea
de la comunidad cristiana con respecto a sus fieles. (
)
Ciertamente,
es necesario hablar de los criterios morales que conciernen a estos temas con
profesionales, médicos y juristas, para comprometerlos a elaborar un juicio
competente de conciencia y, si fuera el caso, también una valiente objeción
de conciencia, pero en un nivel más básico existe esa misma urgencia
para las familias y las comunidades parroquiales, en el proceso de formación
de la juventud y de los adultos.
Bajo este aspecto, junto con la formación
cristiana, que tiene como finalidad el conocimiento de la persona de Cristo, de
su palabra y de los sacramentos, en el itinerario de fe de los niños y
de los adolescentes es necesario promover coherentemente los valores morales relacionados
con la corporeidad, la sexualidad, el amor humano, la procreación, el respeto
a la vida en todos los momentos, denunciando a la vez, con motivos válidos
y precisos, los comportamientos contrarios a estos valores primarios. En este
campo específico, la labor de los sacerdotes deberá ser oportunamente
apoyada por el compromiso de educadores laicos, incluyendo especialistas, dedicados
a la tarea de orientar las realidades eclesiales con su ciencia iluminada por
la fe.
Ciudadanos cristianos
Por
eso, queridos hermanos y hermanas, pido al Señor que os mande a vosotros,
y a quienes se dedican a la ciencia, a la medicina, al derecho y a la política,
testigos que tengan una conciencia verdadera y recta, para defender y promover
el "esplendor de la verdad", en apoyo del don y del misterio de la vida.
Confío en vuestra ayuda, queridos profesionales, filósofos, teólogos,
científicos y médicos. En una sociedad a veces ruidosa y violenta,
con vuestra cualificación cultural, con la enseñanza y con el ejemplo,
podéis contribuir a despertar en muchos corazones la voz elocuente y clara
de la conciencia.
"El hombre tiene una ley inscrita por Dios en su
corazón -nos enseñó el concilio Vaticano II-, en cuya obediencia
está la dignidad humana y según la cual será juzgado"
(Gaudium et spes, 16). El Concilio dio sabias orientaciones para que "los
fieles aprendan a distinguir cuidadosamente entre los derechos y deberes que tienen
como miembros de la Iglesia y los que les corresponden como miembros de la sociedad
humana" y "se esfuercen por integrarlos en buena armonía, recordando
que en cualquier cuestión temporal han de guiarse por la conciencia cristiana,
pues ninguna actividad humana, ni siquiera en los asuntos temporales, puede sustraerse
a la soberanía de Dios" (Lumen gentium, 36). (
)
Cuando
está en juego el valor de la vida humana, esta armonía entre función
magisterial y compromiso laical resulta singularmente importante: la vida es el
primero de los bienes recibidos de Dios y es el fundamento de todos los demás;
garantizar el derecho a la vida a todos y de manera igual para todos es un deber
de cuyo cumplimiento depende el futuro de la humanidad. También desde este
punto de vista resalta la importancia de vuestro encuentro de estudio. (
)
Sábado 24 de febrero de 2007. 15-03-07.
| |
|