La Conferencia Episcopal Peruana, institución de carácter permanente, es la Asamblea de los Obispos del Perú que ejercen unidos algunas funciones pastorales respecto de los fieles de dicho país, para promover conforme a la norma del derecho el mayor bien que la Iglesia proporciona a los hombres, sobre todo mediante formas y modos de apostolado convenientemente acomodados a las peculiares circunstancias de tiempo y de lugar (cf. CIC can. 447).


La Iglesia Católica en el Perú está conformada por 45 jurisdicciones eclesiásticas, las cuales cubren una extensión territorial de 1.285.215,60 km².

En el ejercicio supremo, pleno e inmediato de su poder sobre toda la Iglesia, el Romano Pontífice se sirve de los dicasterios de la Curia Romana, que, en consecuencia, realizan su labor en su nombre y bajo su autoridad, para bien de las Iglesias y servicio de los sagrados pastores (CHRISTUS DOMINUS).

Notas de actualidad de la iglesia católica en el Perú y el mundo.



<<     Febrero 2018     >>
D
L
M
M
J
V
S
    
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
   


DISCURSOS Y HOMILÍAS DEL PAPA FRANCISCO EN
SU VISITA AL PERÚ
Lea el material presentado...








Sitio web de la Santa Sede del Vaticano
Sitio web del Consejo Episcopal Latinoamericano
Sitio web de  L'Osservatore Romano
Sitio web de Cáritas del Perú


flashnews

MENSAJE POR CUARESMA DEL SANTO PADRE

Tema: "Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría"
(Mt 24,12)




::: Especial Web de la Oficina de Prensa de la Conferencia Episcopal Peruana


MISA EN IQUIQUE: EL PAPA EXHORTA A "ESTAR ATENTOS" COMO MARÍA EN CANÁ
- 18/01/18 12:24PM -

(ZENIT – 18 enero 2018).- “Iquique es tierra de sueños, tierra que ha sabido albergar a gente de distintos pueblos y culturas que han tenido que dejar a los suyImageos, marcharse”, ha recordado el Papa. “Busquemos que siga siendo también tierra de hospitalidad”, ha exhortado.
 
Homilía del Papa Francisco en la “Misa por la integración de los pueblos”, celebrada en el Campus de Lobito, en Iquique, al norte de Chile, a las 11:30 horas del jueves, 18 de enero de 2018, último día del Santo Padre en el país.
 
“El Evangelio es una constante invitación a la alegría”, una alegría que se contagia de generación en generación y de la cual somos herederos porque somos cristiano, ha señalado Francisco. “¡Cómo saben ustedes, queridos hermanos del norte chileno a vivir la fe y la vida en clima de fiesta!”, ha indicado.

“Estar atentos”
 
Así, ha pedido que como María en Caná, “busquemos aprender a estar atentos en nuestras plazas y poblados, y reconocer a aquellos que tienen la vida «aguada»; que han perdido —o les han robado— las razones para celebrar”.
 
El Papa ha exhortado a “estar atentos”: “Estemos atentos a todas las situaciones de injusticia y a las nuevas formas de explotación que exponen a tantos hermanos a perder la alegría de la fiesta”.
 
“Estemos atentos –ha continuado el Pontífice– frente a la precarización del trabajo que destruye vidas y hogares”; “Estemos atentos a los que se aprovechan de la irregularidad de muchos migrantes porque no conocen el idioma o no tienen los papeles en «regla»”; “Estemos atentos a la falta de techo, tierra y trabajo de tantas familias, y como María digamos con fe: no tienen vino, Señor”.
 
Sigue el texto completo de la homilía del Santo Padre en Iquique, Chile.
 
Homilía del Papa Francisco
 
«Éste fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en la ciudad de Caná de Galilea» (Jn 2,11).
 
Así termina el Evangelio que hemos escuchado, y que nos muestra la primera aparición pública de Jesús: nada más y nada menos que en una fiesta. No podría ser de otra forma, ya que el Evangelio es una constante invitación a la alegría. Desde el inicio el Ángel le dice a María: «Alégrate» (Lc 1,28). Alégrense, le dijo a los pastores; alégrate, le dijo a Isabel, mujer anciana y estéril…; alégrate, le hizo sentir Jesús al ladrón, porque hoy estarás conmigo en el paraíso (cf. Lc 23,43).
 
El mensaje del Evangelio es fuente de gozo: «Les he dicho estas cosas para que mi alegría esté en ustedes, y esa alegría sea plena» (Jn 15,11). Una alegría que se contagia de generación en generación y de la cual somos herederos porque somos cristianos.
 
¡Cómo saben ustedes de esto, queridos hermanos del norte chileno! ¡Cómo saben vivir la fe y la vida en clima de fiesta! Vengo como peregrino a celebrar con ustedes esta manera hermosa de vivir la fe. Sus fiestas patronales, sus bailes religiosos —que se prolongan hasta por una semana—, su música, sus vestidos hacen de esta zona un santuario de piedad popular. (Aplauso) Porque no es una fiesta que queda encerrada dentro del templo, sino que logran vestir de fiesta a todo el poblado. Ustedes saben celebrar cantando y danzando «la paternidad, la providencia, la presencia amorosa y constante de Dios, y así llegan a engendrar actitudes interiores que raramente pueden observarse en el mismo grado en quienes no poseen esa religiosidad: paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, desapego, aceptación de los demás, devoción».[1] Cobran vida las palabras del profeta Isaías: «Entonces el desierto será un vergel y el vergel parecerá un bosque» (32,15). Esta tierra, abrazada por el desierto más seco del mundo, logra vestirse de fiesta.
 
En este clima de fiesta, el Evangelio nos presenta la acción de María para que la alegría prevalezca. Ella está atenta a todo lo que pasa a su alrededor y, como buena Madre, no se queda quieta y así logra darse cuenta de que en la fiesta, en la alegría compartida, algo estaba sucediendo: había algo que estaba por «aguar» la fiesta. Y acercándose a su Hijo, las únicas palabras que le escuchamos decir son: «no tienen vino» (Jn 2,3).
 
Y así María anda por nuestros poblados, calles, plazas, casas, hospitales. María es la Virgen de la Tirana; la Virgen Ayquina en Calama; la Virgen de las Peñas en Arica, que anda por todos nuestros entuertos familiares (aplauso), esos que parecen ahogarnos el corazón para acercarse al oído de Jesús y decirle: mira, «no tienen vino».
 
Y luego no se queda callada, se acerca a los que servían en la fiesta y les dice: «Hagan todo lo que Él les diga» (Jn 2,5). María, mujer de pocas palabras, pero bien concretas, también se acerca a cada uno de nosotros a decirnos tan sólo: «Hagan todo lo que Él les diga». Y de este modo se desata el primer milagro de Jesús: hacer sentir a sus amigos que ellos también son parte del milagro. Porque Cristo «vino a este mundo no para hacer una obra solo, sino con nosotros, con todos nosotros, para ser la cabeza de un gran cuerpo cuyas células vivas, libres y activas, somos nosotros».[2]
 
El milagro comienza cuando los servidores acercan los barriles con agua que estaban destinados a la purificación. Así también cada uno de nosotros puede comenzar el milagro, es más, cada uno de nosotros está invitado a ser parte del milagro para otros.
 
Hermanos, Iquique es tierra de sueños —eso significa el nombre en aymara— (Aplauso) tierra que ha sabido albergar a gente de distintos pueblos y culturas que han tenido que dejar a los suyos, marcharse. Una marcha siempre basada en la esperanza por obtener una vida mejor, pero sabemos que va siempre acompañada de mochilas cargadas con miedo e incertidumbre por lo que vendrá. Iquique es una zona de inmigrantes que nos recuerda la grandeza de hombres y mujeres; de familias enteras que, ante la adversidad, no se dan por vencidas y se abren paso buscando vida. Ellos —especialmente los que tienen que dejar su tierra porque no encuentran lo mínimo necesario para vivir— son ícono de la Sagrada Familia que tuvo que atravesar desiertos para poder seguir con vida.
 
Esta tierra es tierra de sueños, pero busquemos que siga siendo también tierra de hospitalidad. Hospitalidad festiva, porque sabemos bien que no hay alegría cristiana cuando se cierran puertas; no hay alegría cristiana cuando se les hace sentir a los demás que sobran o que entre nosotros no tienen lugar (cf. Lc 16,19-31).
 
Como María en Caná, busquemos aprender a estar atentos en nuestras plazas y poblados, y reconocer a aquellos que tienen la vida «aguada»; que han perdido —o les han robado— las razones para celebrar. Y no tengamos miedo de alzar nuestras voces para decir: «no tienen vino». El clamor del pueblo de Dios, el clamor del pobre, que tiene forma de oración y ensancha el corazón y nos enseña a estar atentos. Estemos atentos a todas las situaciones de injusticia y a las nuevas formas de explotación que exponen a tantos hermanos a perder la alegría de la fiesta. Estemos atentos frente a la precarización del trabajo que destruye vidas y hogares. Estemos atentos a los que se aprovechan de la irregularidad de muchos migrantes porque no conocen el idioma o no tienen los papeles en «regla». Estemos atentos a la falta de techo, tierra y trabajo de tantas familias. Y como María digamos con fe: no tienen vino, Señor.
 
Como los servidores de la fiesta aportemos lo que tengamos, por poco que parezca. Al igual que ellos, no tengamos miedo a «dar una mano», y que nuestra solidaridad y nuestro compromiso con la justicia sean parte del baile o la canción que podamos entonarle a nuestro Señor. Aprovechemos también a aprender y a dejarnos impregnar por los valores, la sabiduría y la fe que los inmigrantes traen consigo. Sin cerrarnos a esas «tinajas» llenas de sabiduría e historia que traen quienes siguen arribando a estas tierras. No nos privemos de todo lo bueno que tienen para aportar.
 
Y dejemos a Jesús que termine el milagro, transformando nuestras comunidades y nuestros corazones en signo vivo de su presencia, que es alegre y festiva porque hemos experimentado que Dios-está-con-nosotros, porque hemos aprendido a hospedarlo en medio de nuestro corazón. Alegría y fiesta contagiosa que nos lleva a no dejar a nadie fuera del anuncio de esta Buena Nueva, y a transmitirle todo lo que hay de nuestra cultura originaria para enriquecer la nuestra (…) Eso es milagro que hace Jesús. (…)
 
Que María, bajo las distintas advocaciones de esta bendecida tierra del norte, siga susurrando al oído de su Hijo Jesús: «no tienen vino», y en nosotros sigan haciéndose carne sus palabras: «hagan todo lo que Él les diga».
 
____________________________
 
[1] Pablo VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 48.
[2] San Alberto Hurtado, Meditación Semana Santa




P
Pulsar sobre la imagen del panel derecho para visualizar el video.


.





Index





Untitled Document



Síganos desde su móvil escaneando el código QR
Ahora puede acceder a nuestro sitio web, a través de nuestro código QR desde su smartphone o tablet.
[Mas detalles...]


INSTITUCIONAL


OBISPOS
• Obispos miembros
• Obispos eméritos
• Obispos fallecidos

COMISIONES EPISCOPALES
• Iglesia en diálogo con la sociedad
• Liturgía
• Pastoral Social
• Doctrina de la Fe y Ecumenismo

OTROS ORGANISMOS
• Obras Misionales Pontificias
• Centro Nacional Misionero
• Delegaciòn Nacional del Óbolo de San Pedro
• Comisión Católica Peruana de Migración
• Solidaridad Sacerdotal Santa Rosa
• Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos del Perú
• Consorcio de Centros Educativos Católicos
• Oficina Nacional de Catequesis Familiar

JURISDICCIONES

PRENSA
• Archivo documentario
• Galería de Videos
• Galería de Imágenes
• Novedades
• Especiales web

Jr. Estados Unidos 838 - Jesús María (Lima 11) - Perú
Central Telefónica: (511) 463-1010 / Fax: (511) 261-8572
Email:
prensa@iglesiacatolica.org.pe
© 2018 Conferencia Episcopal Peruana
Todos los derechos reservados
Canal de Youtube Microblog Twitter Fan Page